Capítulo 1 del libro
As Novas tecnoloxías como eixos de innnovación nos centros
educativos non universitarios
ICE de la Universidad de Santiago de Compostela
¿UNA ESCUELA DEL SIGLO
XIX EN EL SIGLO XXI? REDEFINIENDO LAS METAS, FORMAS Y POLÍTICAS
DE LA EDUCACIÓN EN LA ERA DIGITAL
Manuel Area Moreira
Universidad de La Laguna
Introducción
El sistema escolar de los países occidentales nació con
una concepción de la enseñanza pensada para dar respuestas
de las sociedades industriales del siglo XIX y XX. La sociedad del siglo
XXI, en la que nos encontramos, representa un escenario intelectual, cultural
y social radicalmente. En consecuencia, una de nuestra responsabilidades
como educadores, es ir elaborando alternativas pedagógicas innovadoras
que respondan a las exigencias sociales de una sociedad democrática
en un contexto dominado por las tecnologías de la información.
Recientemente N. Postman (1999) en su libro El fin de la educación
plantea que la crisis actual de la escolaridad es fundamentalmente una
crisis provocada por la ausencia de una narrativa global que dé
sentido, significado y finalidad a la educación en las escuelas.
Este autor afirma que en los últimos años nos hemos preocupado
más por cuestiones de ingeniería educativa que por la búsqueda
y clarificación de los porqués y para qués de la educación
escolar. Esto ha provocado que sepamos mucho sobre los métodos y
técnicas educativas, pero que carezcamos de un discurso global y
compartido entre padres, maestros, administradores y alumnado que justifique
la necesidad de ir a la escuela y dote de argumentos morales a la enseñanza
que allí se desarrolla.
Este capítulo ha sido elaborado con esa intencionalidad y para
ello nos hemos guiado por cuestiones como ¿cuál debe ser
el modelo educativo para las escuelas del nuevo siglo? ¿Al servicio
de qué filosofía y metas debemos educar en la era digital?
¿Bajo qué métodos y formas podemos utilizar las TIC
en la enseñanza? ¿Qué acciones deben ser planificadas
y puestas en práctica para favocer una igualdad de oportunidades
educativas en relación al uso de las TIC?...
El origen decimonónico de la institución
escolar. El canon de la cultura impresa
A finales del siglo XV en Europa se dieron las condiciones necesarias
para que un determinado invento tuviera el desarrollo e impacto sociocultural
que no hubiera logrado en una época anterior ni en otro contexto
político y cultural( ). La imprenta, es decir, la posibilidad de
reproducir mecánicamente el mismo texto en un número casi
ilimitado de ejemplares y en consecuencia de difundirlo a gran escala entre
muchas personas, encontró su caldo de cultivo en la Europa Central
de esa época. La pequeña burguesía de comerciantes
y artesanos reclamaba un nuevo espacio de poder alternativo al de los señores
feudales, exigía normas y leyes claras que fueran respetadas por
todos (incluidos los nobles) . Por otra parte, Lutero rompió con
la estructura de la iglesia oficial de Roma y su doctrina
requería un culto basado en la lectura de las Sagradas Escrituras
por parte de cada individuo. Asímismo, los textos dejaron de escribirse
en latín para ser escritos en cada lengua nacional.
La imprenta representó una tecnología que ayudó
a enterrrar el oscurantismo cultural del feudalismo y, en consecuencia,
a expandir y democratizar el conocimiento. El dominio de la tecnología
de la escritura, es decir, de la capacidad de codificar el pensamiento
en un sistema de símbolos textuales, fue durante muchos siglos una
habilidad reservada a una minoría de la población. El aprendizaje
de la lectura (decodificación) y de la escritura (codificación)
es un proceso difícil, largo y complejo. Por ello estaba reservado
a pequeños grupos fundamentalmente de naturaleza religiosa. Ese
conocimiento perteneía a la esfera de los misterios de la vida,
a los saberes ocultos, a la verdad revelada. Los documentos escritos (en
sus distintos soportes físicos: papiros, barro, papel, pergaminos,...)
expresaban un conocimiento prohibido al vulgo, reservado únicamente
a los iniciados que eran, en su mayor parte, sacerdotes, magos o monjes.
En Occidente, a lo largo de la Edad Media, los libros y documentos
escritos estuvieron encerrados en los monasterios cristianos. Escribir
un libro era una ardua tarea de artesanía manual. La reproducción
de un original se hacía manualmente, por lo que existían
muy pocas copias de la misma obra. Los monjes eran los artesanos de la
escritura y de la imagen miniada. Se conocían como copistas y esas
obras que han perdurado a través del paso del tiempo las denominamos
incunables ( ). La cultura y el conocimiento en la Edad Media estaba, en
consecuencia, únicamente al alcance del clero superior. Éstos
tenían acceso a un número reducido de obras ya que la tecnología
de la escritura no permitía tiradas de un número importante
de ejemplares. Cuando un erudito tenía interés en consultar
cierto libro tenía que desplazarse físicamente a la Biblioteca
del monasterio correspondiente. Muy pocos lo hacían ya que representaba
un enorme gasto de tiempo, energía y dinero.
La circulación de las ideas y de los libros era muy poco fluida
y ocurría únicamente en los sectores eclesiásticos
cultos. Los siervos, labradores, criados, guerreros, el clero bajo no sabían
leer ni escribir ni sentían la necesidad de hacerlo. Era pura cultura
oral. Los libros se leían en voz alta, en público, no con
la intencionalidad de que fueran comprendidos, sino para que el vulgo oyera
la palabra de Dios. Ésta al ser ininteligible, ya que estaba escrita
en latín, poseía un halo de misterio.
El renacimiento, en consecuencia, desarrolló las bases de la
que se puede denominar como “cultura impresa”, es decir, de la cultura
basada en la lectura individual de un texto reproducido en caracteres impresos
con la intencionalidad de comprender sus mensajes. Esta tecnología
implantó un determinado modo de organizar la información
y el conocimiento tanto en su almacenamiento como en su decodificación
por parte de los lectores: un modelo de organización lineal de la
información basado en la utilización de los símbolos
del alfabeto escrito. A lo largo de los S. XVI, XVII y XVIII los libros
fueron un producto cultural que circularon por toda Europa distribuyendo
las ideas liberales y progresistas. Estas obras, a diferencia de los libros
manuscritos, podían ser reproducidos en tiradas de varios cientos
de ejemplares, podían ser leídos en la intimidad del hogar,
y podían transportarse fácilmente de un lugar a otro. Este
canon de la cultura ha estado vigente hasta el siglo XX.
Uno de los efectos socioculturales más destacables de la tecnología
impresa fue la necesidad de organizar los procesos educativos alrededor
del libro (McClintock, 1994). La escolaridad, es decir, la educación
institucionalizada dirigida a toda la población, es un fenómeno
histórico relativamente reciente que aparece en Europa, en plena
revolución industrial, a mediados del siglo XIX. Era importante,
en aquel momento, alfabetizar a la mano de obra trabajadora y transmitir
a toda la población una serie de elementos culturales comunes que
sirvieran como señas de identidad nacionales. Para lograr tales
fines pedagógicos fue imprescindible el desarrollar una habilidad
instrumental de primer orden: saber leer y escribir, es decir, conocer
y dominar los códigos del lenguaje textual. El acceso al conocimiento
y a la cultura exigían estas habilidades. La institución
escolar y libros de texto cumplieron a la perfección esta tarea.
Este hecho, es decir, que la escolaridad haya sido heredera del canon
de la cultura impresa ha impuesto un modelo y forma de procesamiento del
conocimiento basado en la linealidad discursiva del texto. El texto impreso
por sus características físicas de una hoja pegada tras otra,
junto con los rasgos específicos de la escritura, ha impuesto una
forma narrativa del discurso de tipo lineal , siguiendo una secuencia en
que cada unidad informativa tiene un antecedente y un consecuente de modo
que si se altera ese orden se modifica la coherencia semántica del
discurso. Por el contrario en los documentos electrónicos
tanto en soporte de disco o de red la forma de organización y tratamiento
de la información adopta una secuencia aleatoria, no lineal, sino
flexible y abierta. Esta forma de organizar la información recibe
el nombre de hipertexto (Landow, 1994, García, 2000). Es un modo
de almacenar y recuperar la información novedoso y radicalmente
diferente respecto al utilizado por los textos impresos. En consecuencia,
las operaciones o actividades cognitivas implicadas en una y otra forma
de organización de la información también serán
distintas. Ciertamente, y éste será un reto de futuro, nuestro
interés como docentes deberá dirigirse a cultivar en el alumnado
las dos formas básicas de organización de la información:
la secuencia textual (bien en formato impreso o audiovisual) y la organización
hipertextual (bien en soporte disco, bien en red telemática).
En definitiva, desde la Ilustración el canon cultural occidental
ha sido el texto escrito en una obra impresa. El invento a finales del
S.XV de la imprenta junto con el afán democratizador de los enciclopedistas
impulsaron un modelo de escolaridad basado en el aprendizaje a través
de los textos escolares (Area, 1996). Éstos no sólo condensaban
y sintetizaban el saber o conocimientos culturales mínimos que la
infancia y juventud debieran aprender en matemáticas, historia,
geografía, biología, ..., sino que también transmitían
a la infancia y juventud los valores e ideas propios de la identidad
nacional. Sin embargo, la cultura digital implica nuevas formas de organización
y procesamiento del conocimiento más flexibles, interactivas y enlazadas
que reclaman, a su vez, nuevos modelos de escolaridad.
El reto del futuro: ¿Qué pueden
aportar las nuevas tecnologías a la enseñanza?
Las redes telemáticas o de ordenadores pueden convertirse, a
medio plazo, en el catalizador del cambio pedagógico en muchos tipos
de instituciones educativas: universitarias, de educación de adultos,
de formación ocupacional, de educación a distancia, entre
otras. Este cambio no debe consistir únicamente en la mera incorporación
de las nuevas tecnologías al servicio de los modelos tradicionales
de enseñanza (el docente como transmisor de contenidos a un grupo
numeroso de alumnos en la clase, recepción y fotocopiado de apuntes,
memorización del contenido y reprodución en un examen, horarios
rígidos, etc.). El reto de futuro está en que los centros
educativos innoven no sólo su tecnología, sino también
sus concepciones y prácticas pedagógicas lo que significará
modificar el modelo de enseñanza en su globalidad: cambios en el
papel del docente, cambios del proceso y actividades de aprendizaje del
alumnado, cambios en las formas organizativas de la clase, cambios en las
modalidades de tutorización,... (Gros, 2000). Veamos, a continuación,
brevemente algunos de los cambios pedagógicos más sustantivos
que pueden provocar la utilización de las redes de ordenadores con
fines educativos :
a) Las redes telemáticas permiten extender los estudios y
formación a colectivos sociales que por distintos motivos no pueden
acceder a las aulas convencionales.
Este es uno de los efectos más llamativos e interesantes de
la telemática al servicio de la educación: se rompen las
barreras del tiempo y el espacio para desarrollar las actividades de enseñanza
y aprendizaje. Con las redes de ordenadores es posible que las instituciones
educativas realicen ofertas de cursos y programas de estudio virtuales
de modo que distintas personas que por motivos de edad, profesión
o de lejanía no pueden acudir a las aulas convencionales, cursen
estos estudios desde su hogar.
b) La red rompe con el monopolio del profesor como fuente principal
del conocimiento.
Hasta la fecha el docente era la única referencia que ha tenido
el alumnado para el acceso al saber. El profesor posee el monopolio del
conocimiento especializado de la asignatura: domina los conceptos, las
teorías, los procedimientos, los métodos, la bibliografía,
las escuelas o tendencias, ... Para cualquier alumno la única forma
alternativa de acceso al conocimiento de una disciplina científica
era la búsqueda de textos en una biblioteca. Lo cual representaba
una tarea tediosa, larga y limitada. Hoy en día, Internet, permite
romper ese monopolio del saber. Cualquier alumno puede acceder al website
no sólo de su profesor, sino al de profesores de otras centros de
su país, y por extensión del resto del mundo. De este modo
un alumno puede acceder a una enorme variedad de propuestas docentes de
una misma disciplina. Con Internet tiene a su alcance la bibliografía,
el temario, o la documentación de muchos centros universitarios.
c) Con Internet, el proceso de aprendizaje no puede consistir en
la mera recepción y memorización de datos recibidos en la
clase, sino la permanente búsqueda, análisis y reelaboración
de informaciones obtenidas en las redes.
Desde un punto de vista psicodidáctico, una de las innovaciones
más profundas que provoca la incorporación de las redes telemáticas
a la metodología de enseñanza es que el modelo tradicional
de transmisión y recepción de la información a través
de lecciones expositivas deja de tener sentido y utilidad. Todo el conocimiento
o saber que un docente necesita comunicar a su alumnado puede ser “colgado”
en la red de modo que lo tengan disponible cuando lo deseen. Pero lo más
relevante, es que puede utilizarse Internet como una gigantesca biblioteca
universal (Echevarría, 1995) en la que el aula o el hogar se convierten
en puntos de acceso abiertos a todo el entramado mundial de ordenadores
interconectados en el World Wide Web.
En consecuencia, el problema pedagógico no es la mera transmisión
del “saber”, sino enseñar al alumnado a hacer frente de modo racional
a la ingente y sobrecogedora cantidad de información disponible
en una determinada disciplina científica. La formulación
de problemas relevantes, la planificación de estrategias de búsqueda
de datos, el análisis y valoración de las informaciones encontradas,
la reconstrucción personal del conocimiento deben ser las actividades
de aprendizaje habituales en el proceso de enseñanza, en detrimento,
de la mera recepción del conocimiento a través de apuntes
de clase. Por lo que el profesor debe dejar de ser un “transmisor” de información
para convertirse en un tutor que guía y supervisa el proceso de
aprendizaje del alumnado (Adell y Salas, 1999).
d) La utilización de las redes de ordenadores en la educación
requieren un aumento de la autonomía del alumnado
Esta idea, vinculada estrechamente con la anterior, indica que las
tecnologías de la información y comunicación exigen
un modelo educativo caracterizado, entre otros rasgos, por el incremento
de la capacidad decisional del alumnado sobre su proceso de aprendizaje,
así como por una mayor capacidad para seleccionar y organizar su
curriculum formativo. Es una idea valiosa desde un punto de vista
pedagógico y que tiene que ver con el concepto de aprendizaje abierto
y flexible (Salinas, 1998; 1999) entendido éste como la capacidad
que se le ofrece al alumnado para que establezca su propio ritmo e intensidad
de aprendizaje adecuándolo a sus intereses y necesidades.
e) El horario escolar y el espacio de las clases deben ser más
flexibles y adaptables a una variabilidad de situaciones de enseñanza.
Estamos apuntando que la incorporación de las nuevas tecnologías
de la comunicación suponen una ruptura en los modos y métodos
tradicionales de enseñanza. En consecuencia, sus efectos también
tienen que ver con nuevas modalidades organizativas de la enseñanza.
El actual horario y distribución del espacio para la actividad docente
han sido útiles para un método de enseñanza basado
en la transmisión oral de la información por parte del docente
a un grupo más o menos amplio de alumnos. Sin embargo, un modelo
educativo que apueste por la utilización de los recursos telemáticos
significará que el tiempo y el espacio adoptarán un caracter
flexible. Lo relevante desde un punto de vista pedagógico, en consecuencia,
no es el número de horas que están juntos en la misma clase
el docente y el alumnado, sino la cumplimentación por parte de los
alumnos de las tareas establecidas y tutorizadas (en muchos casos telemáticamente)
por el docente. Para ello, el horario debe reformularse y a su vez, dotar
de nuevo sentido y utilidad los espacios físicos del aula.
Creo, que uno de los efectos más interesantes de las nuevas
tecnologías sobre la enseñanza es que ésta adoptará
un caracter de semi-presencialidad, es decir, el tiempo de aprendizaje
debe ser repartido equitativamente entre la realización de tareas
con máquinas y entre la participación en grupos sociales
para planificar, discutir, analizar y evaluar las tareas realizadas.
f) Las redes transforman sustantivamente los modos, formas y tiempos
de interacción entre docentes y alumnado.
Las nuevas tecnologías permiten incrementar considerablemente
la cantidad de comunicación entre el profesor y sus alumnos independientemente
del tiempo y el espacio. En la enseñanza convencional, la comunicación
se produce cara a cara en horarios establecidos al efecto. Con las redes
telemáticas es posible que esta interacción se produzca de
forma sincrónica (mediante la videoconferencia o a través
del chat) o bien asincrónica (mediante el correo electrónico
o el foro de discusión). Esto significa que cualquier alumno puede
plantear una duda, enviar un trabajo, realizar una consulta, ..., a su
docente desde cualquier lugar y en cualquier momento. Lo cual implicará
una reformulación del papel docente del profesor. Como hemos dicho
antes, el modelo de enseñanza a través de redes hace
primar más el rol del profesor como un tutor del trabajo académico
del alumno, que como un expositor de contenidos.
g) Internet permite y favorece la colaboración entre docentes
y estudiantes más allá de los límites físicos
y académicos del centro educativo al que pertenecen.
Los sistemas de comunicación e intercambio de información
que son posibles a través de redes de ordenadores (WWW, chat, e-mail,
ftp, videoconferencia, foros, etc.) facilitan que grupos de alumnos y/o
profesores constituyan comunidades virtuales de colaboración en
determinados temas o campos de estudio. De esta forma cualquier docente
puede ponerse en contacto con colegas de otros centros y planificar experiencias
educativas de colaboración entre su alumnado. Existen, en nuestro
contexto académico, algunas experiencias en este sentido que han
demostrado su utilidad y beneficios pedagógicos.
En definitiva, la redes telemáticas pueden ser un factor que
ayuden a construir y desarrollar un modelo de enseñanza más
flexible, donde prime más la actividad y la construcción
del conocimiento por parte del alumnado a través de una gama variada
de recursos que a la mera recepción pasiva del conocimiento a través
de unos apuntes y/o libros. Sabemos que la utilización de
las tecnologías digitales con fines educativos prometen abrir nuevas
dimensiones y posibilidades en los procesos de enseñanza-aprendizaje
ya que ofertan una gran cantidad de información interconectada para
que el usuario la manipule; permiten una mayor individualización
y flexibilización del proceso instructivo adecuándolo a las
necesidades particulares de cada usuario; representan y transmiten
la información a trav?s de múltiples formas expresivas provocando
la motivación del usuario; y ayudan a superar las limitaciones temporales
y/o distancias geográficas entre docentes y educandos pudiéndose
constitur éstos en comunidades virtuales de aprendizaje que favorezcan
el aprendizaje colaborativo. Nuestro reto para los próximos años
consistirá en transformar estas ideas en realidades.
La resistencia de la institución escolar
a incorporar “nuevas tecnologías”: aprendiendo del pasado reciente
El concepto de “nuevas tecnologías” actualmente se aplica al
conjunto de aparatos o medios basados en las utilización de tecnología
dígital (computadores personales, multimedia, Internet, TV. digital,
DVD, etc.). Sin embargo, una tecnología es nueva porque es un invento
o artefacto que no existía con anterioridad. Aunque hoy en día
a la radio o a la televisión no las consideremos como nuevas tecnologías
en su momento, hace varias décadas, lo fueron.
Al igual que está sucediendo en la actualidad con las tecnologías
digitales, hace varias décadas se intentó integrar a los
medios audiovisuales en la enseñanza ya que se creyó que
éstos medios representarían un estímulo o factor de
renovación y mejora pedagógica de la calidad de la educación.
Este proceso de incorporación de los medios AV a las escuelas se
llevó a cabo, según el impulso y posibilidades económicas
de cada país, durante los años 60 y 70. EEUU primero y posteriormente
el resto de países pusieron en marcha importantes proyectos de dotación
de Medios AudioVisuales (MAV), de producción de programas, y de
formación de profesorado. En nuestro país este esfuerzo fue
acometido a la par que se extendía la Ley General de Educación
de 1970 fundamentalmente a través de la creación de la red
de ICEs (Institutos de Ciencias de la Educación) y en particular
sus divisiones de Tecnología Educativa.
Sin embargo, como es bien conocido, poco se avanzó en que las
práctcas educativas escolares estuvieran apoyadas en el uso de los
MAV. ¿Razones? Evidentemente son muchas y variadas, pero podemos
apuntar brevemente algunas: el equipamiento y dotación de aparatos
a los centros escolares fue insuficiente; no se desarrollaron planes de
formación de los agentes educativos adecuados y extensivos; no se
estimuló el uso e integración pedagógica de estos
medios; no hubo cambio de actitudes y cultura tecnológica en los
centros y profesores.
Lo que sucedió fue una infrautilización de los escasos
MAV que llegaron a los centros –aunque en muchos ni siquiera fueron desenvalados-
y en todo caso, algunos, pocos docentes entusiasmados con el cine, la radio,
la fotografía o el cómic desarrollaron experiencias de enseñanza
con MAV a modo de francotiradores sin la ayuda o comprensión del
resto de colegas o de la administración educativa correspondiente.
En definitiva, el uso e impacto pedagógico de los medios audiovisuales
(MAV) en los procesos educativos, hasta la fecha, ha sido menor de lo que
cabría esperar. Los costes económicos de estos medios, la
dificultad de producir y elaborar materiales audiovisuales por parte de
los docentes y alumnos, la falta de formación adecuada por parte
del profesorado, junto con diversos tipos de resistencias ante la presencia
de la cultura audiovisual en las escuelas no han facilitado que los medios
audiovisuales sean algo habitual en las aulas. Ello ha provocado desajustes
culturales entre las experiencias audiovisuales, cada vez mayores, que
los niños y jóvenes obtienen en su vida cotidiana, y las
formas y recursos didácticos utilizados en las escuelas que en su
mayoría son de naturaleza impresa.
¿Ocurrirá a corto o medio plazo algo similar con las
nuevas tecnologías de la información y comunicación?
¿Es la institución escolar refractaria a las tecnologías
no impresas? ¿Son incompatibles el sistema escolar creado en el
siglo XIX y apoyado en el texto escolar con un modelo de cultura fragmentada
apoyada en una variedad de representaciones multimedia? (Sancho, 1998;
Echevarría, 2000). La informática en general y las redes
de ordenadores han penetrado de forma tan significativa en la organización
y funcionamiento de todos los ámbitos de nuestra sociedad que la
institución escolar no podrá por mucho tiempo seguir existiendo
al margen de las tecnologías informáticas. Como afirma Piscitelli
(1998) -retomando una idea anteriormente expresada por Papert-:
“La Web y la escuela son dos dominos que no intersectan y el trabajo
que habrá que hacer para que estos dos moteres de la producción/distribución
de conocimientos se animen a interactuar creativamente es tan gigantesco
que cabe dudar si llegaremos a tiempo para reconciliarlos” (pg. 227).
El problema es que la escuela como institución, en este
último cuarto de siglo, ha perdido su hegemonía socializadora
sobre la infancia y la juventud, teniendo que compartirla en estos momentos
con los medios de comunicación de masas y las tecnologías
digitales, por lo que es previsible que si en los próximos años
no renueva profundamente su papel social, sus metas, sus contenidos y su
metología entrará en una profunda crisis ya que la cultura
y conocimientos se ofertan desde el sistema escolar están empezando
a ser obsoletos y ajenos a las experiencias y necesidades de nuestro alumnado.
El problema existe, y la inmensa mayoría de los docentes,
educadores, padres y madres, administradores reconocen que sus alumnos/as,
hijos/as o infancia leen pocos libros, se interesan poco por las materias
escolares, ven mucha tele, consumen muchos videojuegos, invierten mucho
tiempo en oir música, les atrae la imagen y poco la letra escrita
... pero, ante ello, se encojen los hombros, se critica que esta juventud
es menos culta y más despreocupada que la generación anterior,
y se descalifica y culpabiliza a la televisión y/o videojuegos.
Es la política del avestruz: ante el problema, ocultar la cabeza.
Como indica J. Ferrés (1994) se reconoce desde la escuela el poder
de influencia cultural y educativa de la televisión y medios de
comunicación, pero sin embargo se educa a los niños y jóvenes
como si ésta no existiera.
Nuevas políticas educativas. Ir más
allá del sistema escolar
Para cerrar este capítulo me atreveré a ofrecer
un listado o esbozo de acciones relativas a facilitar la implementación
o puesta en práctica de muchas de las ideas anteriormente expresadas.
Entiendo que el conjunto más o menos articulado de estas acciones
configuran una determinada política educativa ya que lo que se pretende
es influir y direccionar el cambio social en un sentido determinado: facilitar
el acceso a las tecnologías de la información y comunicación
a todos los colectivos sociales y ello en una perspectiva democrática.
Esto significará que la planificación de esta política
no puede concentrarse únicamente en el sistema escolar no universitario.
Hacerlo así significaría tener una visión estrecha
y parcial de los problemas que hemos apuntando. La educación es
un sistema complejo y amplio que supera al ámbito estrictamente
escolar. La educación de personas adultas, la educación a
distancia en cualesquiera de sus ámbitos y modalidades, la formación
continua de trabajadores, la llamada educación no formal promovida
desde ayuntamientos, asociaciones, colectivos, organizaciones no gubernamentales,
etc. representan una constelación de acciones educativas que deben
ser contempladas en una política global de facilitación del
acceso a las nuevas tecnologías a todos los ciudadanos. En el fondo,
más que hablar de una política educativa, estamos planteando
una política social, cultural y educativa que desde una perspectiva
de profundización democrática quiere redireccionar el actual
desarrollo de la sociedad de la información basado casi excluisamente
en criterios mercantilistas y de consumo. Para ello he organizado estas
políticas en tres ámbitos que considero son los que abarcan
la mayor parte de modalidades educativas: la escolar, la ocupacional y
la no formal. Estas pol?ticas tendr?an que ser planificadas con la finalidad
básica de articular un sistema público y democrático
de acceso a la cultura digital a toda la población. Esta meta general
se definiría con objetivos como:
1. Desarrollar y permitir a todos los ciudadanos (jóvenes y adultos)
el acceso a una educación o alfabetización para la cultura
digital
2. Cualificar a los trabajadores para el acceso y uso de las NNTT en
los contextos laborales
3. Preparar y crear las condiciones para que en las comunidades locales
(pueblos, barrios) los ciudadanos puedan acceder y ser partícipes
de las nuevas tecnolog?as de la informaci?n, de modo que no queden marginados
culturalmente ante las mismas
Políticas para el sistema escolar
El sistema escolar tiene que planearse su adecuaci?n a las nuevas caracter?sticas
y necesidades surgidas en el seno de las llamadas sociedades postindustriales
o de la informaci?n. Es decir, la red de escolarizaci?n b?sica debieran
desarrollarse acciones como:
- Realizar importantes inversiones econ?micas en dotaci?n de recursos
tecnol?gicos suficientes para los centros educativos y en la creaci?n de
redes telem?ticas educativas
- Desarrollar estrategias de formaci?n del profesorado y de asesoramiento
a los centros escolares en relaci?n a la utilizaci?n de las tecnologías
de la información y comunicación con fines educativos.
- Concebir los centros educativos como instancias culturales integradas
en la zona o comunidad a la que pertenecen poniendo a disposici?n de dicha
comunidad los recursos tecnol?gicos disponibles en los centro
- Planificar y desarrollar proyectos y experiencias de educación
virtual o teleformación; así como propiciar la creación
de “comunidades virtuales de aprendizaje”
- Creación de webs y materiales on line de modo que puedan ser
utilizados y compartidos por diferentes centros y aulas
- Estimular la innovar de las prácticas docentes cara a facilitar
que los procesos de ense?anza se dirigan a propiciar la reconstrucci?n
de las experiencias e informaciones que los ni?os y j?venes obtienen extraescolarmente
a trav?s de los medios de masas y tecnolog?as de información
y comunicaci?n; así como enfocar el aprendizaje hacia metas que
persigan que el alumnado aprenda a buscar, seleccionar y reelaborar la
informaci?n más que a ser un mero receptor de la misma
Políticas para la formación ocupacional
Para hacer frente de un modo serio a los retos laborales que implican
estas innovaciones tecnol?gicas es necesario que los planes de formaci?n
de cualquier profesional o trabajador asuman nuevos planteamientos y desarrollen
importantes cambios en las concepciones, objetivos, contenidos, estrategias
y medios de dicha formaci?n. Consiguientemente la formaci?n ocupacional
debe incorporar e integrar esta realidad tecnol?gica en sus planes y procesos
formativos a trav?s de medidas como:
- Introducir y preparar a los trabajadores en el conocimiento y uso
laboral de las nuevas tecnolog?as de la comunicaci?n como un aprendizaje
b?sico y com?n a todos los ?mbitos ocupacionales.
- Mejorar la calidad de los procesos formativos y de aprendizaje del
alumnado apoyando la actividad docente en el uso de estas tecnolog?as (mediante
videoconferencias, CD-ROM, v?deos did?cticos, foros de discusi?n mediante
correo electr?nico, redes telem?ticas locales para la formaci?n...).
- Establecer y desarrollar cursos espec?ficos de formaci?n para puestos
laborales de nueva creaci?n previsibles con el "teletrabajo"
- Crear redes telem?ticas dirigidas a la formaci?n de distintos ?mbitos
ocupacionales abiertas al acceso a los distintos sectores sociales del
mundo del trabajo.
Políticas para la educación no formal:
La educaci?n no formal es un contexto pedag?gico de primer orden
para atender las necesidades formativas de los sectores sociales
que se encuentran fuera del sistema escolar: ancianos, j?venes de edad
extraescolar, mujeres, minor?as, etc. En este sentido, la meta b?sica
de la educaci?n no formal ser?a potenciar el acceso y participaci?n democr?ticos
en las nuevas redes de comunicaci?n de aquellos grupos y comunidades, que
de una forma u otra, est?n al margen de la evoluci?n tecn?g?ca.
En este sentido, algunas medidas que se podr?an sugerir, son las
siguientes:
- Potenciar y apoyar proyectos y experiencias de asociaciones culturales,
juveniles, ONGs, sindicatos, ... en el uso pedag?gico y cultural de las
NNTT, mediante:
. subenciones econ?micas para la creaci?n de centros de NNTT
en barrios y pueblos
. formaci?n inicial a los usuarios
. apoyo a la creaci?n y difusi?n de informaci?n a trav?s de
los recursos tecnol?gicos (emisoras locales, p?ginas Web)
- Transformar las bibliotecas y centros culturales no s?lo en dep?sito
de la cultura impresa, sino tambi?n en espacios de acceso a la cultura
audiovisual e inform?tica.
Para acabar
En este ensayo es evidente que quedan muchas cuestiones, temas
y problemas sin plantear o analizar suficientemente relativos a la educación
y enseñanza en la era digital. Simplemente he querido esbozar un
discurso socioeducativo sobre las tecnologías de la información
y comunicación desde el cual se analicen el impacto de las mismas
no en relación a sus usos didácticos concretos en el aula
o sobre sus efectos en el aprendizaje de los individuos. He intentado analizar
la presencia de las nuevas tecnologías en la enseñanza a
la luz de perspectivas que tengan en cuenta que la educación es
ante todo un fenómeno social e histórico condicionado por
la economía, sociedad y la cultura de cada época.
Como he expuesto anteriormente, la escuela, tal como la conocemos es
una institución creada en el siglo XIX que, articulada alrededor
de una tecnología creada en el siglo XVI como es la imprenta, respondió
a las características y necesidades de la revolución industrial
de su época. Internet por su parte es un fenómeno tecnológico
propio del siglo XXI y sobre la misma está erigiéndose la
llamada era digital o sociedad de la información. ¿Podrá
la escuela evolucionar de tal modo que se adapte a los rasgos y exigencias
de las tecnologías digitales sin que pierda las señas de
identidad que le han sido propias durante siglos? Cualquier intento de
respuesta a esta pregunta inevitablemente tendrá mucho de profecía
y poco de fundamento racional. Todavía es muy pronto para vaticinar
una previsión a medio plazo.
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