¿ HACIA UN FUTURO IMPERFECTO?
PENSAR LA EDUCACIÓN EN
LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN
Manuel Area Moreira
Universidad de La Laguna
INTRODUCCIÓN al libro Educar en la sociedad de la información
(en preparación)
Todos, de una forma u otra, vivimos en un presente incierto y confuso.
Tanto los colectivos de ancianos como los adultos de mediana edad como
los adolescentes y jóvenes. Mis abuelos no saben lo que es Internet
ni creo que lo puedan entender. Mis hijos no saben vivir sin pulsar botones
de una máquina. Entre unos y otros media solamente el espacio de
siete décadas, pero parece que habitan en planetas distintos. Por
esta, junto a otras razones, ha surgido este libro.
El futuro, por definición, es imperfecto. A lo largo de la Historia,
las distintas civilizaciones han ido creando narrativas globales que describen
el futuro como una meta feliz que tarde o temprano alcanzará la
humanidad. Tanto las doctrinas de naturaleza religiosa (sean cristiana,
judía o musulmana) como las de naturaleza política (como
el marxismo) defienden el supuesto de que el futuro tiene sentido y significado
por sí mismo ya que la existencia de la humanidad tiene un destino
definido hacia algún tipo de paraíso (sea espiritual o material).
El presente, desde estas visiones, es una situación de tránsito,
de estación intermedia hacia la meta final que será un estado
o espacio existencial lleno de perfecciones.
Sin embargo, cada vez en mayor medida, empieza a reconocerse que las
creencias y perspectivas dominantes en las sociedades occidentales desarrolladas
carecen de una narrativa explicativa global de la realidad . Es la era
del vacío , del relativismo de las certezas, del ocaso en la creencia
del progreso como una evolución inevitable hacia una sociedad más
perfecta . Empezamos a ser conscientes de que la humanidad no es el centro
de la creación ni del universo y que los humanos somos simplemente
una especie animal más de las que habitan en un planeta perdido
en uno de los miles de millones de sistemas solares que configuran el Universo
conocido. Por ello, nuestro tiempo actual es el de la conciencia de que
el futuro es responsibilidad de los que habitamos el presente y que lo
que nos espera no tiene un destino o final predeterminado ni por Dios ni
por la Historia.
Una educación escolar en crisis
Supongo que el lector se estará preguntando qué tiene
que ver todo esto con la educación en la era digital. La respuesta
la encontrarán más adelante, pero es indudable que si lo
anteriormente indicado es acertado, la educación, sobre todo la
escolaridad, como apunta Postman (1999) vive actualmente una situación
de crisis provocada fundamentalmente por la ausencia de una narrativa global
que dé sentido, significado y finalidad a la educación en
las escuelas. La ausencia de esta narrativa escolar está provocando
que ciertos “dioses falsos” estén entrando en la escuela para
justificar los programas y acciones que allí se desarrollan.
De modo similar, otros autores destacan que el utilitarismo económico
y la mitificación de las tecnologías de la información
son las patas centrales de un discurso neoliberal que reclama menor participación
del estado en los asuntos educativos, y una mayor supeditación de
las acciones formativas a las necesidades del ámbito industrial
y financiero repercutiendo ello en menos inversiones en el sistema público,
en beneficio de las actividades privadas de enseñanza.
Independientemente del grado de acuerdo o no con estos análisis,
lo que parece evidente es que existe, en los tiempos actuales, un cierto
descorcierto - en las familias, en las autoridades educativas, en el profesorado,
en el alumnado, y en la sociedad en general - en relación a la educación
como sistema productivo de la cultura y formación de los ciudadanos.
Desde hace años estamos asistiendo a fenómenos como el incremento
de la desidia y desmotivación de amplias capas del alumnado hacia
la enseñanza (sobre todo en la educación secundaria), la
violencia escolar, el crecimiento del descontento e insatisfacción
del profesorado en el ejercicio de su profesión, los desacuerdos
sobre la selección de la cultura básica y común que
debe desarrollar el curriculum , lo que se aprende pronto se queda obsoleto,
las titulaciones no garantizan un puesto de trabajo estable, ...
Cambiar la educación, pero ¿en qué
dirección?
Distintos autores desde una y otra parte del océano Atlántico
sugieren que el sistema educativo (sobre todo la red pública de
escolarización) de los países más desarrollados necesitan
importantes reajustes y reformulaciones con el fin de evitar que éste
caiga en una crisis de mayor profundidad. Del mismo modo que otros sectores
estratégicos de nuestro sistema social han ido transformando, con
mayor o menor celeridad, sus estructuras adaptándose a las nuevas
exigencias socioeconómicas, el sistema educativo necesita también
replantear sus metas, sus contenidos, sus formas de transmitir y desarrollar
la cultura y sus procedimientos de gestión y organización.
El sistema escolar actual debe cambiar y adaptarse a la sociedad del siglo
XXI. Sobre este particular existe consenso. El problema surge cuando nos
planteamos: cambiar la formación y la enseñanza, pero ¿en
qué dirección?, ¿con qué metas educativas y
culturales? ¿al servicio de qué modelo social, económico
y político?. Al intentar responder a estas cuestiones es cuando
surgen las divergencias y se hacen explícitos los supuestos no sólo
pedagógicos, sino también ideológicos de quienes analizan
la institución escolar y construyen las respuestas.
La institución escolar, tal como la conocemos, es un invento
del S. XIX que surgió para dar respuesta a las nuevas necesidades
de las emergentes sociedades industriales europeas. Del mismo modo que
las ciudades se fueron llenando de fábricas, la actividad educativa
también pasó de un modo de producción artesanal a
uno industrializado. Durante los siglos XVI, XVII y XVIII la enseñanza
de la infancia y adolescencia era considerada una actividad que podían
desempeñar individuos por cuenta propia y sin una regulación
definida que se ofrecían para enseñar las “primeras letras”
a los hijos de otros artesanos y de la burguesía naciente (McClintok,
1994) .
Sin embargo, la aparición de los estados nacionales organizados
junto con la necesidad de una mano de obra mínimamente alfabetizada
condujo, a mediados del siglo diecinueve, a la necesidad de articular un
sistema de formación en masa gestionado por las autoridades públicas.
Este sistema educativo, entre otros fines, sirvió para dos metas
fundamentales: transmitir una cultura nacional común a las generaciones
jóvenes y alfabetizarlos para que supieran leer, escribir y contar.
El modelo elegido para esta producción en masa de sujetos formados
se basó en la contratación de trabajadores transmisores de
la cultura, como son los maestros, que se encargaban de atender a un grupo
de alumnos durante un periodo temporal definido –el curso escolar-; en
la creación de edificios o espacios físicos específicos
para la actividad educativa –colegios y aulas-; en la fragamentación
o segmentación de la cultura y conocimiento en materias o asignaturas
siguiendo el modelo ilustrado de los enciclopedistas, y que a la vez eran
graduadas por niveles; y en la elaboración de documentos y textos
impresos que señalaban a profesores y alumnos el contenido que tenía
que enseñarse y aprenderse. Durante los siglos XIX y XX ha sido
un modelo de escolarización a gran escala, que con mayor o menor
grado de implantación entre países, con mayor o menor celeridad
en su expansión a lo largo del planeta, ha sido exitoso en múltiples
planos siendo todavía una necesidad social. Y seguramente
lo seguirá siendo durante muchas décadas.
La imperfección de la sociedad de la información.
La educación como condición necesaria para el progreso democrático
Frente a la imagen que muchos gobiernos, empresas, campañas publicitarias
y medios de comunicación nos ofrecen de la sociedad de la información
ésta no es ni será un paraiso, ni se asemejará para
nada al mundo fantástico y mágico del discurso tecnológico
que nos sugieren B. Gates, Negroponte o Telefónica. Esta “narrativa”
de la era digital nos promete una vida más cómoda, placentera
y adaptada a las necesidades y gustos personales. Las casas inteligentes,
la comunicación permanente con todo tipo de sujetos en cualquier
momento, las aplicaciones de la ingeniería genética para
la superación de enfermedades, los créditos blandos y al
alcance de todos, una adminstración pública amable y eficaz,
el descanso y el ocio desde el hogar mediante todo tipo de equipamiento
multimediático, ..., son, entre otros, los mensajes futuristas que
recibimos desde múltiples instancias. En definitiva, nos quieren
hacer creer que el futuro que nos aguarda, gracias a las tecnologías
digitales, será incomparablemente de más calidad que el presente.
Sin embargo, la sociedad hacia la que caminamos seguirá siendo una
sociedad injusta, basada en una distribución desigual de la riqueza
y donde el poder adoptará nuevas formas de control.
La sociedad de la información, entre otras cosas, es básicamente
un nuevo estadio evolutivo del capitalismo. Es su tercera revolución
tecnológica y que le permitirá no solo mantener, sino
además incrementar su poder económico, y en consecuencia,
su influencia política, social y cultural. Para que la sociedad
de la información, en sus próximos años, alcance su
apogeo y máxima expansión hacen falta, entre otros factores,
que se den tres condiciones básicas: Una tecnología de la
comunicación potente (es decir, más avanzada que la actual),
algo que es previsible lograr en próximos años; una importante
inversión económica para crear un entramado de economía
digital (la banca y las empresas de comunicación son quienes más
apuestan en esta dirección configurando lo que se conoce como nueva
economía); y finalmente una importante masa de ciudadanos con suficente
grado de conocimiento y formación que les permita consumir/comprar
los productos que ofrecen las tecnologías de la comunicación
(t.v. digital, multimedia, internet, …) y ser trabajadores de las mismas.
Sin una población con unos mínimos de formación cultural
y tecnológica no habrá compradores ni trabajadores que puedan
sostener la sociedad de la información. En consecuencia, el capitalismo
del tiempo digital necesita sujetos alfabetizados en las nuevas formas
culturales. Fenómeno que ya ocurrió anteriormente con la
primera y segunda revolución industrial. Pero este es un argumento
meramente economicista.
Por el contrario existe otro discurso pedagógico que entiende
que la educación debe ser un instrumento para la concienciación
y liberación de la opresión humana . Este discurso fue elaborado
para países del tercer mundo y con un alto grado de analfabetismo.
Sin embargo cabe preguntarse si muchos de sus principios y enunciados no
serán igualmente válidos para la formación de los
ciudadanos de la sociedad de la información. No podemos obviar,
que la cultura y tecnología digital está generando un nuevo
tipo de analfabetismo en grandes capas de la población adulta occidental
generando, como se aborda en el capítulo correspondiente de este
libro, nuevas formas de desigualdad en el acceso a la información
y el conocimiento.
Como ya expresamos anteriormente, en el ámbito de los países
o zonas económicas altamente desarrolladas del planeta, en la que
la llamada “sociedad de la información” o “era digital” ha irrumpido
con fuerza, el modelo clásico de escolaridad en masa empieza a ser
cuestionado por distintas voces y con variados argumentos. Por una parte,
se sitúan quienes en un afán de modernizar la enseñanza
reclaman que ésta debe abrir sus puertas a las Tecnologías
de la Información y Comunicación (TIC) y reconfigurar en
su totalidad su concepción y organización educativa flexibilizando
los procesos educativos y rompiendo con la tradicional visión de
la enseñanza como transmisión del saber en un determinado
espacio físico llamado aula. Algunos miembros de esta perspectiva
radicalizados en su posición incluso reclaman que los centros educativos
actuales deben desaparecer para transformarse en centros virtuales. De
este modo cualquier alumno, conectado desde casa, podrá asistir
virtualmente a una clase impartida, a determinada hora, pongamos por caso,
en Japón, luego participar en un seminario desarrollado en EEUU
y finalizar su horario escolar teniendo un debate telemático con
otros alumnos sudamericanos. Todo ello coordinado y bajo la supervisión
de su maestro o tutor electrónico. En fin, es la utopía educativa
del mito cibernético.
Por otra parte, están quienes siguen reclamando una perspectiva
humanista o vinculada a la tradición del pensamiento ilustrado y
racionalista de la modernidad. Son conscientes de que son una voz minoritaria,
pero no por ello menos importante. Reclaman que la escuela debe ser el
espacio de construcción de la ciudadanía, del lugar donde
el conocimiento y la cultura se transmite a nuevas generaciones, donde
la escuela debe ser un instrumento para la democratización del saber
y el desarrollo del pensamiento crítico y reflexivo sobre la realidad.
Por ello, la escuela actual debe cambiar recuperando los valores de la
cultura humanista y librepensadora adaptada, lógicamente,
a un mundo dominado por la ciencia y la tecnología. Esta perspectiva,
cuando se radicaliza, lleva a planteamientos luditas en los que se defiende
que la cultura verdadera es aquella que está en los libros, y que
los medios audiovisuales y las tecnologías digitales simplemente
son instrumentos para el ocio y el mercado de la información.
Supongo que ambas tendencias, alejadas de los radicalismos apuntados,
tienen parte de razón y que la combinación e integración
de ciertos postulados de una y de otra nos darán la clave para construir
un discurso mínimamente fundamentado de lo que debiera ser la educación
del siglo XXI. Este libro, en consecuencia, quiere contribuir modestamente
a ello.
Sobre la génesis, los autores y la naturaleza
de este libro
Todo libro tiene un origen y un proceso de creación. El primer
esquema inicial fue elaborado a finales de 1998 en una cafetería
del aeropuerto de Barajas. Ciertamente entre ese primer proyecto original
y el producto final, dos años después, han existido algunos
cambios, pero que no afectaron sustantivamente a la filosofía y
planteamiento pedagógico, a la selección de los temas ni
a la estructura planificada para el libro. Lo destacable, quizás,
ha sido que el libro ha ido gestándose y creciendo con mayor parsimonia
de la prevista, con una lentitud, quizás inevitable. La obra se
planteó desde el principio como un proyecto colaborativo y a ello
ayudó enormemente el correo electrónico y el WWW ya que creamos
un website restringido en el que se fueron “colgando” los capítulos
redactados para que fueran leídos por el resto de autores participantes
y de este modo reajustar el trabajo particular a lo escrito por los otros
colegas.
En este sentido hemos de indicar que este libro pudiera ser definido
como un ensayo o mirada generacional sobre la educación y las nuevas
tecnolgías de la información. Los profesores e investigadores
que hemos escrito este libro –docentes en diversas universidades españolas-,
en su mayor parte, hemos nacidos en el Sur de Europa en torno a los inicios
de la década de años sesenta. Nuestra infancia se desarrolló
en un entorno caracterizado por el desarrollismo económico (y de
inauguración de muchos pantanos). Fuimos la primera generación
criada bajo la televisión que, aunque fuera en blanco y negro, modificó
profundamente las costumbres y mentalidades en un sentido más liberal.
A ello también ayudó la presencia de turistas procedentes
de países del centro y norte de Europa. También fuimos la
primera generación española escolarizada de modo generalizado.
En el inicio de nuestra juventud o adolescencia asistimos a la muerte de
Franco y en consecuencia nos hemos socializado políticamente bajo
un régimen democrático. Pero ante todo hemos sido espectadores
y usuarios de la llamada revolución informática.
Nuestros hijos, nacidos en la última década del siglo
XX, es decir, cuarenta años después que nosotros, viven en
un entorno cotidiano caracterizado por una sobreabundancia de tecnologías
audiovisuales y digitales. Desde que se levantan enchufan un aparato de
televisión que les ofrece una variedad de canales a color, cuando
se aburren juegan con la Game Boy, la Nintendo o la Play Station. Viajar
en avión es una experiencia normal en ellos, y por supuesto, cuando
lo desean encieden el ordenador bien para jugar con un CD-ROM multimedia,
bien para activar un software de procesamiento de textos, de dibujos, o
de conexión a Internet.
Muchos de estos niños y niñas menores de diez o quince
años desde sus primeros meses de vida han asistido a guarderías
o bien están escolarizados desde los dos o tres años. Actualmente
no solo reciben una educación básica en las aulas, sino que
también tienen que asistir a clases de música, danza, deporte,
informática o inglés en su horario extraescolar. Son
una generación, que restando el tiempo que invierten en las actividades
básicas de comer, dormir, asearse y desplazarse, se dedican casi
de modo exclusivo a recibir educación y están interaccionando
con algún tipo de máquina o tecnología de información.
Son la primera generación de lo que se ha venido en llamar “sociedad
de la información” o generación “Nintendo”.
Lo que quiero poner en evidencia con lo escrito hasta ahora es que
en este inicio del siglo XXI coexisten distintos colectivos generacionales
que poseen parámetros y experiencias culturales hasta tal puntos
diferentes que pudiéramos indicar que pertenecen a épocas
históricas distintas. Quienes nacieron a principios de siglo tienen
más elementos de similitud con el siglo XIX que con sus bisnietos
que son realmente personajes del siglo XXI.
¿Qué fenómenos sociales y culturales caracterizan
a la llamada era digital o sociedad de la información? ¿Cuáles
son sus principales problemas educativos? ¿Qué fines y formas
debe adoptar la formación ante las nuevas demandas y necesidades
sociales? ¿Cómo facilitar el acceso a la educación
y a las tecnologías a todos los ciudadanos?. Quienes escribimos
este libro hemos intentado realizar una reflexión y análisis
sobre estas temáticas educativas en un tiempo dominado por las tecnologías
de la información.
En el contexto tanto internacional como nacional, empiezan a existir
muchos textos y publicaciones preocupadas por la construcción de
un discurso técnico de la aplicación de las nuevas tecnologías
a los procesos de enseñanza y aprendizaje. Ciertamente los educadores,
al igual que otros colectivos profesionales, estamos preocupados por
el cómo utilizar e integrar la tecnología en nuestra práctica
docente o por los efectos de las mismas en el aprendizaje. Este libro,
sin renunciar totalmente a este interés, ha querido plantear cuestiones
que transcienden los problemas estrictamente didácticos de las nuevas
tecnologías. No nos hemos planteados cómo enseñar
con ordenadores, sino que hemos tenido en cuenta interrogantes relativos
a los problemas surgidos por los grandes cambios que se están produciendo
en el tejido social y cultural de la denominada era digital o sociedad
de la información.
El libro ha sido estructurado en tres grandes partes. La primera titulada
Redefiniendo la educación en el nuevo contexto de la sociedad
de la información pretende definir algunos de los rasgos culturales
y sociales más destacables de la era digital o sociedad de la información,
así como analizar y redefinir el sentido y metas de la educación
en este nuevo contexto. Consta de cuatro capítulos. El primero escrito
por el profesor Enrique Bustamante de la Universidad Complutense de Madrid,
el segundo por J. Mª Sancho, docente e investigadora de la Universidad
de Barcelona, le sigue el ensayo desarrollado por M. Area de la Universidad
de La Laguna, finalizando esta parte con el trabajo del profesor
J. Adell de la Universidad Jaume I de Castellón.
La segunda parte del libro lleva por Analizando algunos problemas educativos
y socioculturales de la era digital. Está compuesto por seis capítulos
en los que se abordan temas/problemas como la desigualdad social en el
acceso a la información y la tecnología, las complicadas
relaciones entre las nuevas tecnologías y las mujeres, las pautas
de comportamiento cultural de niños y adolescentes ante las tecnologías,
la construcción de las identidades culturales en el marco escolar,
y la atención a la diversidad de sujetos con necesidades educativas
especiales. Esta segunda parte comienza con un ensayo inicial en el que
se fundamenta teóricamente las corrientes y tendencias de investigación
de los denominados "estudios culturales". Cada capítulo ha sido
redactado por investigadores de diversas universidades españolas.
Estos son los siguientes: J. de Pablos de la U. de Sevilla (capt.
5); A. Bautista de la U. Complutense de Madrid (capt. 6); A. Alario y R.
Anguita de la U. de Valladolid (capt. 7); C. Alonso de la U. De Barcelona
(capt. 8) ; A. Grewec de la U. de Santiago de Compostela (capt. 9);
y C. Alba de la U. Complutense de Madrid (capt. 10).
La tercera, y última parte, denominada Aplicaciones de las tecnologías
de la información y comunicación a la enseñanza pretende
describir y analizar los usos y aplicaciones más desctacables de
las mismas en cuatro ámbitos de la práctica educativa: los
entornos virtuales para la educación a distancia, la formación
ocupacional para el teletrabajo, la integración curricular de las
nuevas tecnologías, y la producción y desarrollo de materiales
didácticos de naturaleza electrónica. Al igual que en las
partes anteriores estos capítulos están escritos por profesores
y profesaras diversos. El capítulo 11 lo firman M. Estebanall y
F. Ferrés de la U. de Girona; el capítulo 12, el profesor
C. Marcelo; el capítulo 13 la profesora Mª. J. Gallego de la
Universidad de Granada; y finalmente el capítulo 14 lo firman conjuntamente
M. Area de la Universidad de La Laguna y A. García-Valcárcel
de la Universidad de Salamanca.
En definitiva, este libro ha surgido con la intención de superar
las limitaciones de un enfoque estrictamente didactista de la enseñanza
con ordenadores que reduce la complejidad de la educación a un discurso
técnico de la actividad instructiva. Por el contrario, hemos querido
plantear y analizar algunas de las coordenadas actuales de la educación
desde un planteamiento poliédrico teniendo en cuenta las aportaciones
de la sociología de la cultura, de la psicología social,
de la teoría de la educación, de las teorías curriculares,
y por supuesto, de la tecnología educativa a la que pertenecemos
la mayoría de los autores de este texto. Vivimos en el presente
y la narrativa escolar del futuro dependerá de nuestras actuales
ideas y prácticas educativas. Por esta razón es fundamental
analizar y reflexionar sobre los nuevos retos de la educación en
la sociedad de la información y a ello aspira contribuir esta obra.
Islas Canarias, abril de 2001
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