MULTIRRELIGIOSIDAD EN IBEROAMÉRICA

Página preparada por:

Francisco Diez de Velasco
Catedrático de Universidad. Historia de las Religiones.
Facultad de Geografía e Historia
Universidad de La Laguna
Campus de Guajara
E- 38205 La Laguna
Tenerife, Islas Canarias. España
e-mail: fradive@ull.es
pagina web personal: http://webpages.ull.es/users/fradive
curriculum vitae completo: http://webpages.ull.es/users/fradive/cvvelasco.htm



Presentación de los objetivos del simposio número 18 titulado la multirreligiosidad en Iberoamérica del X CONGRESO LATINOAMERICANO SOBRE RELIGION Y ETNICIDAD"La religión en el nuevo milenio. Una mirada desde los Andes"Lima, Perú, 5 a 8 de agosto de 2002.

Lista de simposios aprobados: http://www.pucp.edu.pe/eventos/congresos/simposios_aprobados.htm

Página web del Congreso:
http://www.pucp.edu.pe/eventos/congresos/

El simposio busca plantear una puesta en común de estudios de diferentes zonas de Iberoamérica (entendiendo tanto los ámbitos americanos como ibéricos) para profundizar en una reflexión común sobre los retos y perspectivas que plantea este tema.
El análisis de la multirreligiosidad requiere una reflexión sobre los datos estadísticos (y en general de socio-geografía de las religiones) en la zona que se estudia (el ámbito iberoamericano) para calibrar la importancia del fenómeno y su dinámica. El simposio busca plantear una puesta en común de estudios de diferentes zonas de Iberoamérica para profundizar en una reflexión común sobre los retos y perspectivas que plantea este problema.



Resumen de la ponencia: "La multirreligiosidad: consideraciones teóricas y metodológicas" presentada por Francisco Diez de Velasco
 

Aunque la diversidad religiosa es un hecho bien definido y estudiado a lo largo de la historia, el concepto multirreligiosidad, en una de sus posibles definiciones, actuaría como un correlato en lo relativo al mundo de las religiones de lo que es multiculturalidad en el de las culturas. No trataría tanto la diversidad religiosa en general (el carácter diverso de las religiones del mundo, aunque no tengan importantes interrelaciones) sino la combinación de esa diversidad en un ámbito específico. El análisis de la multirreligiosidad requiere una reflexión sobre los datos estadísticos (y en general de socio-geografía de las religiones) en la zona que se estudie para calibrar la importancia del fenómeno y su dinámica. Las claves del enorme desarrollo de la multirreligiosidad son la inmigración, la conversión y la tradición. Se trata de un fenómeno definitorio del mundo actual que plantea notables retos y cuyo estudio plantea problemas de carácter teórico y metodológico (el impacto del religiocentrismo) de los que hay que tomar conciencia.



Presentación general del tema (F. Diez de Velasco)

"La modernidad puso las bases para el surgimiento de la multiculturalidad de tendencias igualitarias. Construyó un marco legal que en teoría minimizaba (o progresivamente ha ido minimizando) la discriminación del culturalmente diferente y multiplicó las interconexiones a nivel global entre territorios muy diferentes (aunque éstas fueran desiguales, basadas en el sometimiento de gran parte del mundo a las potencias coloniales -que no solían tolerar en la periferia lo que las constituciones amparaban en las metrópolis-).
La multiculturalidad en el mundo actual, en el que se ha multiplicado desde el final de la guerra fría una globalización a la que no se pueden sustraer más que muy pocos territorios, es un fenómeno imparable. Hay campos en los que el mestizaje cultural resulta particularmente evidente: la literatura, la música, los medios de comunicación, el arte en general y también la religión.
La diversidad de opciones y el marco general de libertad religiosa y desvinculación del estado de opciones confesionales (instaurado desde la modernidad) propician que a nivel global se esté multiplicando el fenómeno de la multirreligiosidad, la conformación de sociedades en las que cada vez existe una menor homogeneidad religiosa y en las que la diversidad se convierte en una característica definitoria o cuando menos en tendencia acusada. Esta ha sido la opción que caracterizó a los Estados Unidos desde sus orígenes como nación, una libertad de creencias estimada como regla principal en el modelo de convivencia que ha llevado a que los fenómenos de discriminación religiosa se minimicen y quepa la posibilidad de que florezca una enorme diversidad de opciones tanto de carácter tradicional (las grandes religiones en todas sus posibles variantes, más religiones tribales de muy diversa índole), como de carácter nuevo. Estados Unidos, junto con Japón son las patrias de la gran mayoría de las nuevas religiones, que presentan en muchos casos idearios adaptados a las características del mundo moderno y tienen en cuenta el peso del individualismo, las tendencias al sincretismo o la preeminencia otorgada a las interpretaciones científicas. De esta adaptación al mundo actual nace la fuerza de su impacto y su crecimiento muy notables; en ocasiones empleando técnicas proselitistas que buscan las conversiones con muy modernos criterios que se calcan de las estrategias empresariales de expansión de mercados que desarrollan las corporaciones multinacionales. La multirreligiosidad tiene en Estados Unidos no solo un modelo, sino también un defensor comprometido (como muestran los informes anuales del Departamento de Estado relativos a la libertad religiosa en el mundo); desde el final de la guerra fría y la disolución del bloque comunista (y del contramodelo ideológico que defendía en el que la religión no tenía cabida), esta tendencia no tiene rival y las grandes ciudades a lo largo de todo el globo (si exceptuamos los países islámicos) tienden progresivamente a parecerse a las ciudades norteamericanas donde conviven iglesias en múltiples variedades, centros de oración, meditación, sinagogas y otras muchas opciones configurando un mosaico variopinto acorde con el caracter multicultural hacia el que tienden las metrópolis mundiales.
Esta multirreligiosidad, de todos modos, para ser comprendida de forma correcta, requiere una mirada que abarque no solamente el presente, sino también el pasado. La sociedad española, por razones muy particulares que tienen que ver con las consecuencias del emblemático (y fatídico) 1492, ha sido durante siglos homogéneamente católica, y la tendencia hacia la diversidad que tuvo avances durante buena parte del siglo XIX y los primeros decenios del XX se truncó del modo más radical con la implantación de esa destilación ideológica antimoderna que fue el nacionalcatolicismo. Pero antes de finales del siglo XV, la característica principal que definió la Península Ibérica en los diversos nombres que se le adjudicaron (de Iberia a Hispania y de Sefarad a Al-Andalus para desembocar en España y Portugal) fue la multiculturalidad con su correlato de multirreligiosidad (aunque no exenta de conflictos). El empeño homogeneizador radical de los Reyes Católicos sin ser único, es una extraña excrecencia en el árbol de las religiones, que distorsiona en alguna medida todavía nuestra percepción de la diversidad religiosa en tanto que españoles y que arrasó (dentro de los límites que los medios de cada momento permitieron) en los territorios sometidos a la corona española, los vestigios de otras formas religiosas.
Pero la gran mayoría de las sociedades humanas han sido multirreligiosas desde épocas inmemoriales, y el caso de la India o China son ejemplares. Quizá lo que caracteriza nuestro momento histórico encardinado en un mundo global es que las posibilidades de elección son tan numerosas como las religiones existentes a nivel mundial o incluso más allá, desbordando hacia ese infinito universo de posibilidades formado por cualquiera de la susceptibles de ser ideadas por la imaginación del ser humano, al amparo de la seña de identidad del mundo moderno que es la libertad religiosa.
La multirreligiosidad resulta por tanto la tendencia principal en nuestro mundo global, salvo en zonas muy determinadas, como en ciertos países islámicos, en los que, por otra parte hay que tener en cuenta que lo que se impide es la penetración de religiones nuevas, pero en ellos subsisten, desde tiempos muy remotos otras religiones, en particular las del libro.
En el desarrollo de la multirreligiosidad resultan ingredientes principales la inmigración y la conversión, que pasaremos a revisar de modo sintético.
Característica de nuestro mundo finimilenar es la multiplicación de los movimientos migratorios en todas las direcciones, que son un factor básico de multiculturalidad; pero además los inmigrantes, al amparo de la libertad religiosa (como por otra parte ocurrió en Estados Unidos desde hace siglos), si lo desean no tienen (o no debieran tener) que renunciar a su religión de origen en sus nuevas patrias de adopción. El extraordinario crecimiento del islam en Alemania (ronda los 2 millones, mayoritariamente turcos) o Francia (supera los 3 millones, mayoritariamente magrebíes) es resultado de la inmigración lo mismo que el mosaico religioso del Reino Unido, donde a algo menos de un millón de musulmanes (mayoritariamente paquistaníes) se añaden casi medio millón de hinduístas y un cuarto de millón de sijs punjabíes, cumplida muestra de lo que fue su imperio en la India. En España los musulmanes rondan el medio millón, una cifra en crecimiento que tiende a aproximarse en porcentaje a lo que ocurre en el Reino Unido o Italia (donde hay 700.000 musulmanes). El fenómeno migratorio no es privativo de los ámbitos europeos y explica en gran medida el crecimiento del catolicismo en Estados Unidos (por el aporte de poblaciones centro y sudamericanas), pero también el aumento del sincretismo chino en lugares en los que hay un flujo migratorio importante como en Singapur o Malasia. Una inmigración de causas político-religiosas es la que han protagonizado los tibetanos tras la ocupación china; está determinando el restablecimiento del budismo en el norte de la India, patria originaria de esta religión y la diseminación por todo el mundo occidental de monjes tibetanos que fundan centros de meditación y monasterios.
El otro factor que determina el crecimiento de la multirreligiosidad es la conversión. A escala global, el fenómeno de conversión más notable por el volumen de población implicada se presenta como una curiosa contrapartida a la catolización de Estados Unidos: es el paso del catolicismo a diversos cristianismos evangélicos (e independientes) que se lleva produciendo en Centro y Sudamérica desde hace cuatro décadas, pero que se ha multiplicado en el último decenio.
Importante también es el fenómeno de la conversión desde opciones cristianas convencionales a cristianismos independientes con unas estructuras de culto más participativas y menos jerárquicas, más adaptadas a la idiosincrasia de cada comunidad, o en general desde las opciones más arraigadas (sean cuales fueran) hacia opciones diferentes que presenten caracteres nuevos. Destaca en particular, en lo que al cristianismo africano se refiere, el auge del pentecostalismo, el bautismo, o las Iglesias nativas, así como el impacto de cristianismos independientes de proselitismo agresivo originarios de Estados Unidos como los Testigos de Jehová o la Iglesia de los Santos de los Últimos Días (mormones) a nivel mundial.
Aunque puedan llegar a tener un impacto mediático importante y una notoriedad destacada, por el radical cambio en las costumbres, las reglas de convivialidad o incluso en los modos de vestir que conllevan, los fenómenos de conversión a religiones orientales resultan menos importantes a nivel global. El número de budistas o hinduístas fuera de los países asiáticos y que no provengan de inmigración son muy pocos, a pesar de la popularidad de algunos conversos. Diferente es el caso de la aceptación de técnicas de estas religiones, por ejemplo yóguicas o de meditación, que se hace mayoritariamente sin conllevar una conversión (más en la línea del diseño de una religión de caracter personal).
La conversión, la inmigración, la individualización que atomiza las creencias están, por tanto, determinando la transformación paulatina del mundo en un mosaico multirreligioso en el que este fenómeno es a la vez reto y perspectiva. Perspectiva en cuanto aparece como una clara tendencia de futuro, reto en cuanto puede generar y está generando conflictos y enfrentamientos sobre los que, resulta necesario enfocar la reflexión."