Tutorial preparado por: Francisco
Diez de Velasco
copyright: Francisco Diez de Velasco (se incluyen partes
publicadas en diversos soportes así como partes inéditas,
para citar la totalidad o parte de este material solicite autorización
a fradive@ull.es)
Máster Universitario "Religiones
y Sociedades". Universidad Pablo de Olavide, Sevilla.
MATERIALES DEL MÓDULO 1 (SESIONES del 9 y 10
de noviembre de 2011)
a) PARTE 1: DEFINICIONES Y PROBLEMAS DE LA DISCIPLINA (pulse aquí)
b) PARTE 2: EL MÉTODO: LA ÓPTICA DE ANÁLISIS (pulse aquí)
c) PARTE 3: LAS FUENTES PARA EL ESTUDIO DE LAS RELIGIONES
(pulse aquí)
PARTE 1: DEFINICIONES Y PROBLEMAS
DE LA DISCIPLINA
MATERIALES DE ESTUDIO
1) Reflexión
introductoria: las necesidades del método en historia de las religiones
2) ¿Una
disciplina autónoma?: entre generalistas y especialistas
3) El
problema del nombre de la disciplina y la pertinencia de la denominación
historia de las religiones
4) El
problema de la necesaria diferenciación frente a la teología
y a las opciones confesionales
5) El
problema de la terminología: el vocabulario del análisis
histórico religioso
6) El
problema de analizar ciertas experiencias religiosas: el "asalto a la razón"
7) Los
problemas de implantación de la disciplina: el ejemplo español
8)
Un
camino truncado: Ángel Álvarez de Miranda
1) Reflexión introductoria: las necesidades del método en historia de las religiones
a) Planteamientos introductorios
Historia de las religiones es una (pero quizá la más
operativa y popularizada) de las posibles denominaciones de una disciplina
que intenta sistematizar, analizar y comprender los hechos religiosos de
un modo integral, científico, neutral y
no religiocéntrico (no confesional). Las religiones, la religión,
corresponden en nuestra cultura a un campo conceptual de comprensión
inmediata aunque de difícil definición. La cuestión
se complica cuando se intenta globalizar y aplicar estos términos
a las vivencias de algunas sociedades no occidentales para las que las
diferencias entre lo sagrado y lo profano, lo religioso y lo no religioso
son tan tenues que no resultan perceptibles más que desde el exterior
y gracias al bagaje de los instrumentos de análisis forjados por
la ciencia occidental (que justamente pueden estar desvirtuando lo que
se intenta estudiar). Si resulta difícil definir religión
al margen del etnocentrismo (que suele mantener larvada también
la opción por algún tipo de religiocentrismo), no menos complicada
está resultando la consolidación académica de la disciplina
que intenta estudiarla (y un ejemplo especialmente ilustrativo lo ofrece
nuestro país en el que, aunque en vías, aun no ha visto su
definitivo y completo establecimiento).
Estudiar religiones es adentrarse a un tema complejo
y en el que, además, se puede chocar con la incomprensión
de estudiosos ubicados en diferentes campos de estudio que ponen en duda
la licitud de los enfoques específicos de la historia de las religiones.
Además cualquier aproximación enfrenta la dificultad de estudiar
lo que se cree (o lo que otros creen, o han creido), pero de un modo que
resulte diferente de cualquier opción teológica o confesional,
de un modo suficientemente neutral, con una óptica científica.
La historia de las religiones parece dedicarse al mismo ámbito que
las diferentes teologías: la religión. Pero tras esa semejanza
se esconde una diferencia fundamental, que es la que marca la óptica
de la primera frente a las segundas: enseñar creencias sin enseñar
a creer, estudiar la religión pero sin predicar, ni moralizar,
ni endoctrinar. Una difícil tarea para la que la formación
en métodos y en teoría puede ser un instrumento de gran utilidad,
aunque no resulte sencillo y requiera un esfuerzo de reflexión y
presente problemas y retos.
b) La necesidad de la reflexión metodológica
Estudiar e intentar calibrar y comprender la extraordinaria diversidad
y riqueza de las religiones del mundo, fundamental en cualquier aproximación
que busque superar las constricciones de un análisis monocultural
y de índole teológica y tratar de utilizar de un modo no
caricaturesco la comparación, llevó a una temprana puesta
en duda de algunas certezas, que podríamos llamar hoy etnocéntricas
o religiocéntricas: a la quiebra de los modelos coloniales de entender
las relaciones con los objetos (-sujetos) de estudio por parte de algunos
especialistas. Hay que tener en cuenta que, salvo casos excepcionales de
los que el Japón es notorio, esos "diferentes" fueron víctimas
de la colonización, y sus religiones sometidas al asalto del cristianismo
en sus diversas iglesias y acepciones, convertida la labor de misión,
además, en una forma de sustentar el privilegio y el poder por parte
de los colonizadores (incluso por la violencia: Diez de Velasco 2005 cap.
1).
Podríamos enfocar los orígenes de esta posición
de apertura hacia la diferencia en las últimas décadas del
siglo XIX cuando irrumpen en el panorama de la investigación las
religiones de la India (y en general de Oriente), no ya como meros ámbitos
del análisis anticuario (al estilo de la comparación indoeuropea,
tan lingüística y erudita y que privilegiaba lo más
antiguo, centrándose en lo védico frente a lo posterior conceptualizable
como reciente y por ello contaminado) sino como sistemas religiosos perfectamente
vitales y en plena transformación y adaptación a la modernidad,
ofreciendo caminos nuevos en la experiencia religiosa. Permitían
lanzar también una mirada más matizada hacia lo que podían
parecer con anterioridad experiencias "aberrantes" en grupos entendidos
como "marginales" incluso dentro del mismo cristianismo (por ejemplo algunos
místicos) y en general ponían de relieve la importancia que
la introspección y la meditación han tenido y tienen en diferentes
tradiciones religiosas.
Esta apertura, que preludiaba un cambio en las mutuas relaciones entre
religiones, por lo menos en el nivel de los discursos, se generalizará
más allá de los ámbitos académicos de modo
claro en la década final del siglo XIX. Resulta muy significativo
que se produjese en 1893, en una de las firmes patrias de la libertad religiosa,
Estados Unidos (en Chicago), la reunión del Parlamento Mundial de
las Religiones (World's Parliament of Religions). Lejos tanto de las iglesias
dominantes de Europa como de los territorios impermeabilizados por la duda
del Viejo Continente, la reunión marcó una puesta en común
desde unas bases de apertura al diferente replanteando la exclusividad
de cualquiera de ellos, por medio de compartir la palabra, renunciando
a los fuertes discursos de la certeza y negando el espejismo del absoluto
universalismo vehiculado desde la mirada excluyente de una única
opción estimada con visos de total hegemonía de futuro. También
mostró algo que difícilmente se podía soslayar: la
fuerza de la variedad de las religiones y la innecesaria e imposible ordenación
jerarquizada de las mismas (ni siquiera a la hora de intentar estudiarlas).
De hecho se atisbaba la necesidad de una nueva mirada global (una mirada-mundo)
sin hegemonías de principio, que desde el territorio abigarrado
de las religiones parece más fácil de entender quizá
que a golpe de estadística económica: es lo que luego quedará
manifiesto tras la descolonización, el proceso que quizá
haya provocado la mayor crisis en los modelos de pensamiento occidentales,
obligando a repensar privilegios, lo que no resulta sencillo. De hecho
todavía no se ha resuelto, y ni siquiera atisbado, una vía
coherente de planteamiento no hegemónico, lo que potencia la crisis
de las ciencias humanas y sociales, es decir, las que tratan, justamente,
a los seres humanos y sus culturas en interacción.
Esta posición de apertura a la diversidad de culturas y tradiciones,
donde el individuo se singularizaba en un entorno religioso marcado por
la multiplicidad, se manifestó muy pronto en reflexiones eruditas
que derivaron en ambiciosos análisis sintéticos de los que
resulta quizá ejemplar el libro tan actual (reimpreso de modo sistemático
a pesar de ser más que centenario) de William James (1902), Las
variedades de la experiencia religiosa, que marca un modelo de enfrentar
el estudio de las religiones muy americano, primando particularmente los
valores experienciales individuales caracterizados por la diversidad de
opciones en juego.
Pero esta apertura efectiva y en pie de igualdad ante la diversidad
religiosa que caracterizó el Parlamento Mundial de las Religiones
no tuvo clara continuidad hasta 1993, cien años después,
con la reunión, de nuevo en Chicago, del ahora denominado Parlamento
de las Religiones del Mundo (Parliament of the World's Religions). En esos
cien años que nos enmarcan significativamente los Parlamentos de
las Religiones (casi en tanto que destellos entre "tiempos perdidos"),
el brutal colonialismo y las derivas totalitarias soterraron las posibilidades
de generalizar miradas plena y respetuosamente igualitarias hacia la religión
(a pesar de que las bases estaban puestas desde 1893).
El paréntesis del mundo bipolar de la quiebra de las convivencias,
la disolución de los "grandes" colonialismos y de una guerra fría
en la que no parecía haber mejor lugar para la religión que
entre los instrumentos de la geopolítica, fue seguido por una década
de apertura entre la caída del muro de Berlín y el 11S, y
quizá desde 2001 por un confuso replanteamiento de las posiciones
culturales, políticas y religiosas de privilegio como resultado
de la preeminencia estadounidense (y la terrible violencia de algunos de
sus críticos).
En cualquier caso estos problemas de geoestrategia, que tanto influyen
en las reflexiones intelectuales, y en particular las que se construyen
en torno al mundo de las religiones, no parecen haber desviado la mirada
de apertura hacia la diversidad transformada en experiencia fundante a
la hora de plantear cualquier reflexión sobre la religión
que ambicione superar las vaguedades de los lugares comunes (y aquí
resulta necesario citar expresamente las críticas a la caricaturesca
posición de Huntington 1996). Pero justamente el método resulta
un instrumento clave para no perder el norte entre tanta diversidad, para
no dejarse llevar en exceso por las constricciones del presente y los caprichos
de quienes, al financiar a la academia, pueden sentirse tentados de exigirle
que hable su cambiante idioma (o de los estudiosos que pueden sentirse
tentados por los discursos de lo que se estima políticamente correcto
por ser lo que más apoyo puede concitar).
De hecho la reflexión sobre el método es la que permite
reivindicar y defender la existencia de un campo autónomo de investigación
y práctica docente que no sea parcelado entre otras diferentes disciplinas
más hegemónicas y prestigiosas (cuya específica disciplina
de estudio opto por denominar historia de las religiones, pero sin fanatismos
ni apropiaciones por parte del colectivo de historiadores, ni ningún
otro: Diez de Velasco 2002, bloque 0). Aunque defender esta posibilidad
de autonomía disciplinar no quiere en absoluto decir que la religión
sea un ámbito autónomo o sui generis, que se baste
en sí mismo para explicar lo humano (como podría, por ejemplo
derivarse del planteamiento de algunos defensores del homo religiosus
y de la fenomenología de la religión). En la sola religión
no se hallaría ni siquiera la explicación exclusiva de comportamientos
que parecen derivados de patrones de creencias y visiones del mundo, que
en buen número de casos, como vimos en el capítulo primero
que ocurría en el caso de la violencia, resultan diáfanamente
comprensibles por medio de criterios de geoestrategia, economía,
política (o una combinación multifactorial en la que la religión
actúa como mero pretexto o acicate).
Aunque las reflexiones sobre el método pueden parecer monólogos
yuxtapuestos y algo repetitivos de generación en generación
no por ello resultan menos significativos ya que suelen también
configurar baluartes para prevenir que caiga en el olvido otra de las claves
fundamentales de la disciplina, la exigente apuesta por satisfacer las
necesidades de explicaciones generales que el estudio de la religión
requiere y que no son tan fáciles de sostener en la actualidad,
pues en cierto modo hacerlo es navegar contra-corriente. Requiere mantener
una ambición de aproximación generalista al estudio aún
cuando haya que navegar en un mundo de especialistas. Esta ambición
ha podido llevar a muchos a estimar que la historia de las religiones es
una disciplina caduca, démodée, producto de una rancia
e inútil "erudición europea" digna de ser enterrada junto
con las obras de sus últimas vacas sagradas (en la línea
de las lecturas muy críticas contra Mircea Eliade que, por otra
parte, fue capaz de la notable hazaña de adentrarse en los baluartes
de la intelectualidad norteamericana con un programa intelectual muy ajeno).
Resulta conveniente, en defensa de los valores de eficacia e interés
de la mirada generalista que ambiciona la disciplina, plantear algunas
puntualizaciones y reflexiones sobre el imperio de la especialización,
los problemas de la autonomía disciplinar y sus incongruencias.
2) ¿Una disciplina autónoma?: entre generalistas y especialistas
a) Los escollos de la autonomía
La Historia de las Religiones ha tenido y sigue teniendo una difícil
implantación y consolidación y siempre se han levantado voces
que han puesto en duda que configure un campo de saber autónomo;
desde diferentes disciplinas (y se puede tomar el ejemplo de la antropología:
véase la polémica en Saler 1993) se suele negar que la religión
resulte un campo suficientemente acotado (diferenciable de la ideología
o las construcciones simbólicas) y por tanto que quepa la posibilidad
de constituir una disciplina autónoma de análisis de la religión
con métodos y objetivos propios. No dejan de haber influido en esta
indeterminación las muy diferentes formas de estudiar las religiones
que se han propuesto y las ideologías que subyacían tras
ellas. La polémica acompaña desde su mismo surgimiento a
la historia de las religiones como disciplina universitaria ya que se potenció
a finales del siglo XIX al convertirse en uno de los baluartes de la modernidad
que cumplía la finalidad, al instituir un estudio crítico
de las tradiciones religiosas (desarrollando ante todo la crítica
textual) de historizar (reducir a escala humana) lo que el dogma (principalmente
cristiano) planteaba como revelación. De este modo deslegitimaba,
minándolos, los fundamentos del poder eclesiástico anclado
en modos de pensamiento medievales y premodernos. Buscaba acabar en primer
lugar con el monopolio eclesiástico del estudio de lo religioso,
planteando la posibilidad de otros modos de analizar la religión;
y en segundo lugar afianzar estos modos como los correctos (científicos,
fiables) relegando los otros al nivel de supersticiones o entelequias.
Su instrumentalización como medio de laicización de las elites
tiene su mejor ejemplo en el modelo francés que influyó,
por ejemplo en otros países, incluso de ámbitos extraeuropeos.
Mustafá Kemal, en su intento de desislamizar las estructuras educativas
de la República Turca impuso la enseñanza universitaria de
historia de las religiones en la Facultad de Teología, importando
incluso al profesorado (desde 1925 a 1931 Georges Dumézil, el gran
especialista en religiones indoeuropeas se encargó de esta enseñanza,
aunque quizá sin el empeño antirreligioso que se esperaba).
El caso extremo se produjo en algunos países del Este de Europa
durante la etapa comunista cuando desde el estado se potenció la
historia de las religiones como ilustración de la irracionalidad
ideológica humana previa a la instauración del análisis
"científico" marxista que se plasmaba en el "ateísmo" ("Ateísmo
Científico" era una disciplina que se enseñaba en las escuelas
como en los países confesionales se enseñaba "religión").
Pero de forma casi coetánea en otros países se fue consolidando
la disciplina vinculada a las facultades de teología y a ámbitos
confesionales o para-confesionales y diseñada como un medio más
de profundizar en el conocimiento de la propia fe. Frente a la tendencia
histórica que presidía en origen la primera opción,
en esta segunda se solía encarar preferentemente el estudio de los
fenómenos religiosos desde una óptica atemporal e intercultural
(como si el marco cronológico no fuera particularmente relevante).
Estos dos extremos han configurado las raíces enfrentadas de
la disciplina cuya maduración por medio de la desvinculación
de opciones ideológicas decimonónicas (laicidad frente a
teología, ateísmo frente a confesionalidad) se fue produciendo
paulatinamente y como consecuencia de la progresiva (aunque aún
incompleta) mundialización y globlización de la disciplina,
el refinamiento de los instrumentos de análisis y el abandono de
posiciones fuertemente militantes (en cierto modo en consonancia con la
crítica postmoderna a los pensamientos fuertes). Así se ha
producido una convergencia que lleva a que resulten aceptables para la
mayoría de los especialistas (al no enfrentar sus opciones ideológicas
personales de un modo insultante) trabajos surgidos de escuelas o puntos
de vista tan dispares como los fenomenológicos (originados principalmente
en ámbitos confesionales de teólogos cristianos), los históricos,
los antropológicos, los sociológicos, los ecológico-religiosos,
los filosóficos o los psicológicos (entre otros). A la par
que se producía esta convergencia se afirmó progresivamente
el estatus de la disciplina en la mayoría de los países de
nuestro entorno socio-político y se dieron los pasos para su consolidación
académica plena (en Francia, Alemania, Gran Bretaña, Béligica,
Holanda, Italia, países escandinavos, Estados Unidos, etc.). Pero
la consecución de un consenso en los modos de trabajo a escala mundial
(desde la asunción de la licitud de la multiplicidad de enfoques
y la disolución de la historia de las religiones soviética,
que propiciaba un modelo discordante) no ha llevado a que la disciplina
se haya consolidado de modo suficiente y homogéneo y no existe ni
siquiera unanimidad en la forma de nombrarla y perdura la pugna entre ópticas
generalistas y especialistas.
b) Entre especialistas y generalistas
En efecto se constatan dos tendencias generales que definen modelos
diversos de gestión del capital educativo (en sentido extenso) y
también del papel de intelectuales, investigadores y educadores.
Por una parte estaría la especialización, que tiende
a requerir una severa iniciación que conlleva la adquisición
y complejización de metalenguajes; el diseño de modelos operativos
opacos (especialmente frente a disciplinas afines o antes emparentadas),
la búsqueda de linajes independientes (que a modo de broma actuaría
como las escisiones entre grupos de descendencia). Es la tendencia muy
mayoritaria y parece ser el nicho "natural" de la gran mayoría de
los pobladores de los institutos de investigación y de los centros
docentes a nivel global.
Pero por otra parte también, aunque minoritaria, está
la opción por lo que podríamos denominar la generalización,
en la que la historia de las religiones se inserta plenamente y que busca
producir explicaciones que superen las teorías de alcance corto
o medio, y que tiene las ambiciones, a veces desmesuradas (como fueron
las explicaciones evolucionistas de hace un siglo), de ser capaces de acceder
a un nivel de comprensión multifocal y multifactorial. Desde luego
esta perspectiva generalista carga con el problema de basarse en la inseguridad
y complejidad en los métodos y la dificultad en el acceso a los
estados de la cuestión. Así desde los últimos grandes
generalizadores en ciencias sociales (de los que tanto todavía hablamos
al resultar maestros del pensamiento) como Émile Durckheim o Max
Weber, pese a los múltiples intentos posteriores, la generalización
se suele estimar una aproximación poco fiable, poco productiva o
incluso generadora de resultados irrelevantes frente a las grandes ambiciones
que la caracterizan.
La especialización, por su parte, genera una dinámica
de la inalcanzabilidad del conocimiento, que se ubica bien en una sociedad
como la actual que produce compulsivamente nuevos bienes de consumo que
multiplican la obsolescencia (real o supuesta) de los anteriores (el mejor
ejemplo, el que produce más plusvalía: la informática).
Así en las denominadas “ciencias duras” (las que suelen abrir caminos
y mostrar las sendas por las que transitan luego los demás) no se
suele computar a efectos de valorar la investigación lo que se haya
producido hace más de cinco años (aunque ocasionalmente se
tengan en cuenta mayores plazos), salvo que resulte de un impacto extraordinario.
Este tiempo corto, si se combina con otros factores que potencian la volatilidad
(como la caducidad de los puestos de docentes e investigadores), requiere
que los investigadores se comporten como si fueran diseñadores de
productos de consumo, siempre a la busca de novedades, que a veces solo
se refieren al envoltorio (vender algo muy parecido como si fuera la radical
novedad). Se produce una especie de milenarismo o apocalipticismo intelectual
que lleva a pensar que el presente produce datos y teorías que invalidan
de tal modo lo anterior que de hecho hasta eximen de su lectura, en especial
si está escrito en alguna lengua que no se conoce o no se estima
digna del legitur (lo que nos aboca a un monolingüismo galopante).
Ante este panorama de mutación de las pautas de reconocimiento
de las verdaderas novedades, de camuflaje de las aportaciones, de empleo
de técnicas de marketing a la hora de inducir la percepción
de la obsolescencia, los generalistas nunca alcanzarán a reflejar
de modo satisfactorio la última teoría a la moda, los últimos
circunloquios del metalenguaje o el último dato que revoluciona
de modo radical el campo. Faltos de "sensibilidad iniciática" pecarán
de un cúmulo de incorrecciones: políticas, lingüísticas,
académicas, etc. (por ejemplo citar a la vaca sagrada jubilada y
arrinconada).
Pero con este imperio de lo arcano podemos encontrarnos ante la imposibilidad
de construir discursos coherentes y apreciables que intenten interconectar
los puntos de vista de diferentes disciplinas ante temas que les son comunes
(como es justamente la vocación de la historia de las religiones).
De hecho puede ocurrir algo de más hondo calado: que se puedan llegar
a perder grandes preguntas o que éstas se escamoteen en una marea
de banalidades, con lo que la política de la especialización
se tornaría en una perniciosa producción ideológica
consistente en dividir el conocimiento con la finalidad de dividir el capital
cultural en una sociedad del conocimiento en la que éste puede llegar
a convertirse en el más preciado y poderoso de los productos con
los que comerciar.
¿Qué ocurriría entonces con la religión
en este contexto de divisiones, especializaciones y barreras disciplinares?.
Quedaría repartida en jirones, reino común en el que diferentes
disciplinas ofrecerían puntos de vista tan sesgados por los criterios
de delimitación y bunkerización identitaria de cada una de
ellas que terminaría renunciándose a estudiarla como totalidad
generando discursos mutuamente inaccesibles. O mejor dicho, quedaría
resaltada y aumentaría el aprecio de una aproximación que
sí tendría esa ambición y que la reivindica desde
hace milenios: la teología. Quedaría ésta transformada,
en el mundo de especializaciones de tendencias cicateras, en un baluarte
prestigioso al que se le potenciaría el estatus disciplinar. Ciencias
Religiosas es la denominación que tienen los estudios de teología
en las universidades católicas, adjudicando el nombre mágico
de ciencia a una aproximación que necesariamente tiene que ser religiocéntrica,
es decir sesgada por los esquemas de valores de la religión desde
la que se construye la mirada, caracterizada por la confesionalidad, por
una serie de necesarios a-prioris que conllevan la renuncia a cualquier
veleidad de neutralidad ante el objeto de estudio, una de las claves de
toda perspectiva que tenga, justamente, la intencionalidad de utilizar
el método científico. La aproximación teológica
cristiana tiene, además, el problema añadido del eurocentrismo,
ya que con dificultad sirve para pensar más allá de los límites
del cristianismo, o como mucho se abre en diálogo con visos de cierto
igualitarismo con los modelos monoteístas, pero con dificultades
insalvables intenta comprender religiones que deambulan por la multiplicidad
de Dioses y experiencias cargadas de valores de lo ajeno (como, por ejemplo,
la extática). Y en mucho mayor medida le resulta ajena la comprensión
de un fenómeno clave a la hora de acercarse a las religiones del
mundo en el presente y el pasado, que es la posibilidad de la opción
por el no creer, o arraigando la mirada en los abismos de los orígenes,
la posibilidad de la no testificación del creer en los albores de
la especie humana, que se tendría por imposibilidad teológica:
el humano sería religioso o no lo sería en una lectura que,
aunque tenga la veleidad de adaptarse al marco global científico
de la evolución, no se libra del relato creacionista que tan cómodamente
combina el creer y el ser en el seno de lo tenido por esencialmente humano.
En este contexto confuso entre fragmentación y órdagos
científico-teológicos se inserta el planteamiento programático
de la historia de las religiones. Se trata de la reivindicación
de la posibilidad (y la necesidad) de una aproximación integral
y que ambicione ofrecer explicaciones generales, no religiocéntrica,
no confesional, con la neutralidad como horizonte (a pesar de todos los
problemas que suscitan estos fuertes conceptos en un mundo marcado por
la crítica postmoderna: Diez de Velasco 2002b, 361ss., como se verá
más adelnate en este material de estudio). Una reivindicación
que no deja de resultar complicada y excesiva y lleva a la necesidad de
la reflexión metodológica sobre los límites y que
no puede construirse más que lanzando la mirada hacia otras disciplinas,
pero vistas no como rivales (en un combate por adquirir un lugar en el
pastel de la academia). Sustentar esa mirada sólo puede hacerse
entendiendo de modo extenso el objeto de estudio: la religión en
tanto que arena en la que se entremezclan sentimientos y comportamientos,
lo individual y lo colectivo, lo transparente y lo evidente, lo imaginario
y lo materializado y corporizado.
Para avanzar en estos problemas pasaremos a revisar la polémica
relativa a los nombres de la disciplina.
LECTURAS ACONSEJADAS
Se proponen argumentos ulteriores para reflexionar sobre el contramodelo
del Ateísmo Científico: Lectura: Instituto del Ateísmo
Científico de la Academia de Ciencias Sociales de la U.R.S.S.,
El ateísmo científico, Gijón, 1983 (or. 1978)
cap. I (El objeto del ateísmo científico). Se puede analizar
como un "catecismo" del ateísmo, que muestra un militancia religiocéntrica
(invertida) digna de los mejores evangelizadores (para acceder al texto
pulse
aquí).
Para profundizar: S.A. Tokarev, Historia de las Religiones,
Madrid, 1979, 27ss.; A. Kryvelev, Historia atea de las Religiones,
Madrid, 1984 (la edición original rusa no llevaba el calificativo
atea, era solamente historia de las religiones), 7ss.
3) El problema del nombre de la disciplina y la pertinencia de la denominación historia de las religiones
a) Una multiplicidad de denominaciones
La disciplina que intenta el estudio integral del fenómeno religioso
no tiene un nombre consensuado. No se trata de una discusión ociosa
o de carácter secundario porque la opción por el nombre puede
implicar puntos de vista muy diferentes ante el objeto a estudio. El máximo
escollo radica en la indeterminación de lo que se puede entender
por tal estudio, ya que existen aproximaciones religiocéntricas
y no neutrales (como las teológicas) que no renuncian a la denominación,
desgraciadamente ambigua de ciencias (como demuestran, en particular en
los ámbitos católicos, la proliferación de los programas
de estudio de ciencias religiosas, que no son otra cosa que religión
y moral católicas y teología; consúltese en el buscador
google (http://www.google.com)bajo
el nombre "ciencias religiosas").
Repasaremos algunos de estos nombres y los problemas que plantean.
Página principal del sitio web de la IAHR: http://www.iahr.dk
-historia de las religiones es quizá la más prestigiosa
y académicamente más consolidada denominación: el
foro internacional de la disciplina es la IAHR (International Association
of History of Religions, http://www.iahr.dk/
) y aunque se han desarrollado en su seno intentos por cambiar este nombre
no se ha llegado a un acuerdo sobre su sustituto. Los detractores del término
historia de las religiones lo critican desde diferentes posturas. Colectivos
de especialistas no historiadores se sienten amenazados (o malqueridos),
por una parte por estimar que podría convertirse en un territorio
exclusivo (o privilegiado) de los historiadores que los desplazarían,
pero también como consecuencia de la decadencia de la valoración
social de los estudios históricos (el prestigio social de un historiador
es mucho menor que el de un sociólogo, filólogo o científico
en general y buen ejemplo lo ofrece el mundo anglosajón y en particular
Estados Unidos). Mucho menos mezquinas son las motivaciones de índole
teórica: si se entiende historia de las religiones de un modo estricto
(que estimo incorrecto), primarían los ámbitos sociales,
políticos, incluso cronológicos. Los ámbitos personales,
las comparaciones interculturales resultarían mucho más difíciles
de desarrollar. El peso de la historia política en este modo de
entender historia, aunque puede resultar caricaturesca desde una mirada
a los nuevos (y no tan nuevos) métodos de hacer historia (por ejemplo
la "historia total"), resulta común en ámbitos de no historiadores.
Historia de las religiones no quiere decir renunciar a la comparación
entre culturas diferentes en momentos diferentes, ni renunciar a lo personal
(aunque a algunos les pueda parecer una "pequeña historia"), de
ahí que, como veremos, pueda llegar a construirse una aproximación
integral al tema de estudio. Historia de las religiones no es, como algunos
afirman, una forma anticuada, pasada de moda de nombrar la disciplina,
sino que como veremos por las denominaciones alternativas que se le han
buscado (y que resultan poco satisfactorias), una denominación perfectamente
defendible.
Usan esta denominación, por ejemplo, Eliade (en
la mayoría de sus trabajos), Puech, Tacchi, Brelich, Pettazzoni,
Bianchi, J.Z. Smith, etc. Se emplea en las tres revistas más prestigiosas
de la disciplina: Revue de l'Histoire des Religions (París,
ya centenaria), History of Religions (Chicago, fundada por Eliade)
y Numen (órgano de la IAHR), que porta el subtítulo
International Review for the History of Religions. Es el nombre que aparece
en la serie de monografías de esta revista denominada Studies
in the History of Religions (con más de medio centenar de títulos
publicados) y en el repertorio de bibliografía que patrocinaba la
IAHR y que se denominó hasta que dejó de publicarse en los
años 70 Bibliographie internationale de l'Histoire des Religions
(desde 1976 se publica una continuación de este repertorio bajo
la denominación Science of Religion).
-religiones comparadas (Comparative Religions)
ha tenido también muchos defensores, aunque quizá ha disminuido
su impacto en las dos últimas décadas, dado que los investigadores
de habla inglesa (especialmente en Gran Bretaña) han optado generalmente
por la denominación Religious Studies. Tiene la ventaja de
postular en el propio título el carácter comparado del estudio
que se quiere realizar. La dedicación investigadora a una religión
no bastaría para determinar la adscripción a la disciplina,
sería imprescindible la comparación con varias religiones.
El mayor problema del término religiones comparadas radica justamente
en desvincular del nombre a los investigadores y estudiosos que dediquen
sus esfuerzos a una religión en particular (y que tendrían
cumplida cabida en la denominación historia de las religiones, por
ejemplo).
Usan esta denominación, por ejemplo, Brandon,
James, Sharpe, y diferentes departamentos universitarios en Estados Unidos
(Universidad de Michigan: California State University: Universidad
de Miami:) o Finlandia (Universidad de Turku: ; Universidad de Abo) en
el nombre de la institución. Los ejemplos de uso del nombre en programas
de docencia son mucho más numerosos (pueden hacer una búsqueda
en google: http://www.google.com bajo
el epígrafe "comparative religion").
-ciencia de la religión (Religionswissenschaft),
es una denominación centenaria y la más aceptada en Alemania,
forjada en una época en la que se dividían los campos del
saber en parcelas autónomas a las que se otorgaba el rango de ciencias
(en una acepción de origen filosófico que posee entre los
alemanes un campo semántico algo diferente al comunmente aceptado).
Presentaba un carácter globalizador en el que la comparación,
la reflexión filosófica y el estudio de fenómenos
religiosos específicos en muy diversas religiones eran puntos fundamentales.
Religionswissenschaft lo ha utilizado la investigación alemana
de modo general, la revista más famosa (que dejó de publicarse
en los años 40) se denominaba Archiv für Religionswissenschaft,
y usan este nombre las más recientes obras de consulta sobre teoría
e historia de la disciplina de Cancik, Waardenburg o Rudolph. Traducido
a otros idiomas europeos, es una denominación que se utiliza en
uno de los dos repertorios de bibliografía sobre la disciplina que
todavía se publican en la actualidad: Science of Religion. Abstract
and Index of Recent Articles que se puede consultar parcialmente en
internet).
El concepto se ha empleado fuera de Alemania, pluralizando la denominación:
ciencia de las religiones la incluye en su título otro de los repertorios
de bibliografía sobre religiones que se publica en la actualidad:
Francis,
Bulletin signalétique 527: Histoire et Science des Religions
y lo usa, por ejemplo, Meslin entre los investigadores franceses (aunque
también emplee anthropologie religieuse) o el más extendido
ciencias de las religiones.
Página principal del sitio web de la DVRW
Página principal del sitio web de la SGRW-SSSR
-ciencias de las religiones tiene la vocación de incluir la diversidad de religiones y la pluralidad de enfoques en el estudio de las mismas, las diferentes disciplinas que se dedican al tema, pero violentando la ambiciosa finalidad de la denominación original y generando una profunda ambigüedad desde el momento en que, en algunos casos, se permite a teólogos acceder al amparo académico pleno que ofrece la disciplina.Además ciencias de las religiones tiende a pensarse no como una disciplina autónoma, sino como una confluencia de distintas disciplinas en el análisis de un tema particular (el de la religión), una fragmentación que puede obviar la necesidad de una visión general por parte del estudioso (o incluso puede potenciar que ésta no surja). A pesar de todo ha tenido un cierto impacto y por ejemplo, en España, el foro de la discipina es la SECR (Sociedad Española de Ciencias de las Religiones).
Página principal del sitio web de la SECR: http://www.secr.es
-Estudios religiosos (Religious Studies) es una forma alternativa que podría parecer en principio más aséptica que muchas de las anteriores y que ha tomado carta de naturaleza en países anglosajones (aunque tiende a convertirse en común, así el foro europeo de la disciplina, de reciente consolidación, porta el nombre EASR -European Association for the Study of Religions http://www.easr.de/ ). Estudios religiosos- Estudio de las Religiones presenta el problema de no establecer la necesaria desvinculación con otras disciplinas no científicas que estudian el mismo campo (la teología se incluye sin problemas en los estudios religiosos mientras que no tiene cabida en otras denominaciones, lo que conlleva un problema de indeterminación); lo que puede llevar a que la distinción entre puntos de vista confesionales y no confesionales pueda no quedar claro. En muchas universidades de lengua inglesa (especialmente en Gran Bretaña) queda patente esta indeterminación del concepto religious studies que se combina en ocasiones con la teología como puede verse en los enlaces siguientes:
Department of Divinity and Religious Studies de la Universidad de Aberdeen: (muy centrado en los estudios de teología cristiana)
Department of Theology and Religious Studies de la Universidad de Bristol: (no solo centrado en teología cristiana sino abierto a los estudios sobre budismo y religión y género)
Department of Theology, Religious Studies & Islamic Studies de la Universidad de Lampeter (pese al nombre de teología ofrece programas muy diversos en estudios islámicos, cristianismo, judaísmo, religiones orientales)
Página principal del sitio web de la EASR
Página principal del sitio web de la JARS
Página principal del sitio web de la NAASR
-antropología religiosa, tiene menos seguidores aunque posee la indudable ventaja de radicar los hechos religiosos en el ámbito de análisis de una disciplina de clara vocación holística como es la antropología (cuyo objeto de estudio, en una definición ambiciosa, es el hombre en todos los aspectos de su actuación, algo parecido a lo que busca la historia en una definición holística). El mayor problema de esta denominación radica en la ambigüedad con la que se está utilizando y que parece referirse tanto a las aproximaciones antropológicas al estudio del fenómeno religioso (la óptica, por ejemplo, de Bastide o de Cantón) como a una difusa disciplina cuya orientación para-teológica la está configurando como un renacer de la fenomenología de la religión (en este sentido la utilizan Ries o Meslin, el uso que le da Duch es mucho más sutil).
-fenomenología de la religión o fenomenología de las religiones ha perdido en los últimos treinta años el favor de que gozó en las décadas centrales del siglo pasado. Se pensó que podía resultar una aproximación definitiva a la religión que trascendiese el marco de la historia (o que dejaba este campo para la historia de las religiones, en una modalidad muy disminuida de la disciplina, en cierto modo instrumental de la fenomenología, para la que se limitaría a desarrollar estudios particulares, que luego se calibrarían en grandes síntesis fenomenológicas). Se analizaban los fenómenos religiosos, en algunos casos con una sensibilidad mínima hacia los contextos (sociales, económicos, cronológicos). Su desarrollo por pensadores insertos en modos teológicos de entender la disciplina (estudiar fenómenos religiosos era un paso para ahondar en la comprensión de sus manifestaciones en el seno de la propia religión) ha llevado a que resulte una denominación marginal hoy en día. Los clásicos de la fenomenología de la religión han sido van der Leeuw y Widengren, y entre los investigadores españoles destaca Martín Velasco.
-otras denominaciones: insatisfechos con las anteriores,
a pesar de su número y diversidad de enfoques han surgido otras
denominaciones de carácter más minoritario. Estudio académico
de la religión busca enfatizar el enraizamiento institucional, como
un modo de separar la producción de los estudiosos formados en ámbitos
académicos (universitarios) de la de los surgidos de ámbitos
confesionales. Pero la existencia y auge de las instituciones universitarias
y académicas promovidas o gestionadas por grupos religiosos convierte
la denominación en igual de ambigua que muchas de las anteriores.
No serían estudiosos académicos de las religiones, por ejemplo,
los miembros de una nueva religión o los predicadores independientes
o los profetas de la "new age", pero resultaría muy difícil
no incluir en la denominación a teólogos de cualquier universidad
católica o miembros de, por ejemplo, la Universidad Soka (del grupo
budista Soka Gakkai), por no ofrecer más que dos ejemplos. Por su
parte ciencia integral de la religión es una denominación
ingeniosa que desarrolla la centenaria ciencia de la religión pero
enfatizando en la necesidad de una perspectiva multifocal; su uso no se
ha generalizado (lo ha usado, por ejemplo, G. Schmidt).
LECTURAS ACONSEJADAS
Para desarrollar la discusión sobre los nombres
de la disciplina se puede plantear la lectura del siguiente material:
-artículo de P. Antes "Las ciencias de las religiones como disciplina
universitaria" Boletín de la Sociedad Española de Ciencias
de las Religiones, 3, 1995, 47-52 (para acceder al texto pulse
aquí)
- introducción muy religiocéntrica de Julien Ries
al Tratado de antropología de lo sagrado, vol.I, Madrid,
1995, 13-21 (para acceder al texto pulse
aquí).
b) La apuesta por la denominación "historia de las religiones"
El problema terminológico que suscita la disciplina toca de
lleno otro de mayor alcance que es el del estallido del marco de las ciencias
humanísticas y de análisis social, cada vez más especializadas,
como ya hemos visto, y en las que un campo de estudio muy ambicioso como
es el de los fenómenos religiosos, que necesita para su desarrollo
una aproximación transversal (incluyendo conocimientos y técnicas
de estos cada vez más estrechos y especializados campos científicos),
tiene una ubicación difícil.
A la espera de llegar a una denominación de consenso amplio,
para lo que será necesario un debate en el que la voz de los especialistas
no occidentales haga valer sus sensibilidades y orientaciones particulares
(que llevará a que la disciplina adapte su campo de estudio más
allá de las directrices eurocéntricas que todavía
pesan en la delimitación conceptual), la denominación historia
de las religiones parece hoy por hoy la opción más adecuada,
entendida en un sentido extenso y sin veleidades apropiatorias por parte
de los especialistas de las disciplinas históricas y enmarcada en
la óptica holística que propugna la historia total.
La historia de las religiones se presenta pues y a pesar de no ser
una denominación que satisfaga de modo completo (puesto que requiere
repensarse, pero no desde criterios religiocéntricos o etnocéntricos
occidentales sino desde una perspectiva globalizadora), como la aproximación
analítica holística y no religiocéntrica al fenómeno
religioso y no solamente como una disciplina en cierto modo auxiliar, cuyo
exclusivo ámbito de actuación fuera el establecimiento del
marco histórico en el que se reflejan los hechos religiosos. Partiendo
de esta premisa la denominación "historia de las religiones" se
puede leer en sus dos términos como una opción de análisis
muy determinada.
"Historia" indica una premisa fundamental: las manifestaciones religiosas
son hechos históricos y por tanto susceptibles de ser tratados con
los instrumentos habituales del método histórico-filológico:
crítica de fuentes, análisis, síntesis, etc. La finalidad
de la disciplina es comprender el papel que cumplen estas manifestaciones
religiosas en la estructura general de la sociedad o sociedades a estudio
tanto en un momento dado (análisis sincrónico) como en sus
modificaciones a lo largo del tiempo (análisis diacrónico),
así como en el ámbito más extenso de la cultura humana
en general (posibilitándose la reflexión sobre fenómenos
religiosos en diferentes culturas y sociedades).
"De las religiones" (y no de la religión), por su parte, es
una opción no esencialista y a la vez basada en el respeto hacia
el objeto de estudio: la experiencia religiosa humana presenta manifestaciones
infinitamente variadas (resulta imprescindible por tanto el uso del plural)
sin que ninguna de ellas pueda alzarse con primacía de ningún
tipo. Además se niega por principio la categoría de religión
natural, verdadera o esencial; los hechos religiosos son hechos culturales,
no son intemporales ni eternos sino que se inscriben en un marco histórico
definido que permite en gran medida explicarlos.
Pero además, historia de las religiones resulta particularmente
satisfactorio como denominación como consecuencia de la redefinición
de los límites de la propia historia que se ha llevado a cabo tras
la quiebra de los posicionamientos del positivismo y de las escuelas más
tradicionales. Sólo gracias a la amplitud de los límites
conceptuales y metodológicos actuales de la historia (y su convergencia
con otras disciplinas afines como la antropología o la sociología)
es posible adentrarse, sin dejar de ser historiador, por los vericuetos
tan alejados de la historia política a los que puede llevar una
investigación histórico-religiosa. Intentar comprender los
hechos religiosos, como comprender en general el pasado, lleva a descubrir
horizontes que pueden resultar muy alejados si se los contempla desde el
posicionamiento metodológico de la historia tradicional, pero que
no lo son tanto si la opción de análisis empleada se encuadra
en la línea de una historia total, sensible a toda manifestación,
ya sea en el ámbito de lo social o lo personal, que pueda ser de
utilidad para entender el objeto a estudio.
LECTURAS ACONSEJADAS: la convergencia de los saberes
Se trata de desarrollar una reflexión sobre lo insatisfactorias
que resultan en última instancia cualquiera de las denominaciones
actuales de las ciencias, que tienen el atrevimiento de querer aprehender
en el corto espacio de una palabra la definición sintética
de todo un campo del saber. Por medio del acto casi mágico de nombrarla
puede parecer que toma mayor concreción la disciplina, aunque en
realidad lo que se lleva a cabo es una "doble traición", por una
parte a la complejidad de los fenómenos que se intentan acotar y
por otra a la cada vez más claramente reivindicada unidad profunda
de los saberes.
Se aconseja la lectura, por ejemplo, de los argumentos defendidos por
G. Bateson en sus diversos trabajos, pero particularmente en su Pasos
hacia una ecología de la mente, Buenos Aires, 1985 (1972); Una
unidad sagrada. Pasos ulteriores hacia una ecología de la mente,
Barcelona, 1993 (1991, póstuma, preparada por R.E. Donaldson) o
El
temor de los ángeles. Epistemología de lo sagrado, Barcelona,
1989 (1987, póstuma con M. Bateson); y en particular las reflexiones
generales de E.O. Wilson, Consiliencia. La unidad del conocimiento,
Barcelona, 1999 (1998).
Desarrolle (de modo voluntario y si dispone de tiempo para ello) un
ensayo sobre sus opiniones al respecto.
4) El problema de la necesaria diferenciación frente a la teología y a las opciones confesionales
Uno de los grandes problemas a los que se enfrenta la disciplina a nivel
mundial es el de su configuración de un modo claramente diferente
del de las opciones de tipo confesional. No se trata de revivir un viejo
debate entre religión y teología que algunos estiman superado
desde comienzos del siglo XX. Por el contrario se trata de pugnar por constituir
una aproximación que sea capaz de ofrecer algo diferente de lo que,
a comienzos del siglo XXI, las teologías (ya necesariamente en plural)
tienen la vocación de ofrecer. Si a finales del siglo XIX el referente
era la teología cristiana (o mejor dicho las diferentes teologías
desarrolladas por los diversos cristianismos europeos), el marco estallado
y globalizado de nuestro tiempo requiere la mirada plural. Se estudia la
religión desde presupuestos confesionales en muy diferentes ámbitos,
y la mirada no puede concentrase solamente en el cristianismo. Ni tampoco
la indulgencia o el compromiso. Hemos de ser conscientes de que el peso
de la reflexión teológica cristiana, fundamental en la construcción
de lo que es el modelo universitario occidental (convertido en común
en casi todo el mundo) ha minado, salvo momentos particulares, la sensibilidad
de muchos investigadores de las religiones hacia los productos teológicos
del cristianismo. A su vez la teología se desdotó de muchos
de sus argumentos más dogmáticos a partir de la primera mitad
del siglo XX, lo que ayudó a una convergencia de actitudes y la
renuncia de la mutua beligerancia. Pero el mundo actual asiste al florecimiento
de universidades y centros de investigación patrocinados desde muy
diferentes religiones. La Iglesia Católica detenta numerosísimas
universidades en las que se ofrecen no ya estudios teológicos, sino
la ambigua denominación de ciencias religiosas. Las universidades
budistas desarrollan enseñanzas sobre budismo en las que la línea
que separa el endoctrinamiento en una verdad religiosa del estudio no confesional
no se plantea (o se plantearía como una falsa frontera). Parecidos
problemas encontramos en universidades islámicas o en los centros
y programas educativos que muchas nuevas religiones están poniendo
en marcha (por ejemplo la Iglesia de la Cienciología). Cuando el
famoso divulgador del yoga y el hinduismo en Occidente, Paramahansa Yogananda,
hablaba del yoga como la ciencia de la religión en la segunda década
del siglo XX estaba ilustrando una situación que hoy se ha multiplicado:
la confusión entre el estudiar lo que se cree (y lo que los demás
creen partiendo de la propia creencia) y el estudiar creencias sin enseñar
a creer. No es posible que los educadores católicos llamen ciencias
religiosas a lo mismo que llamaba Yogananda la ciencia de la religión;
el islam quiere ser ciencia lo mismo que los estudios cienciológicos
no pueden menos que, hasta en el nombre, postular ser otro tanto. Y si
el nombre ciencia se resiste y no se puede estirar para convertirlo en
creencia, se ofrece una definición nueva de ciencia bajo el argumento
de la limitación de su uso común. Pero multiplicidad es incompatibilidad
si la perspectiva es la teológica, la del que usa el estudio de
las religiones y la religión como medio de apuntalar su fe y creencias
frente a los demás (o contra los demás). De ahí que
resulte no ya anacrónico sino de la más plena actualidad
el discutir sobre la diversidad de enfoques que ha de tener una disciplina
no confesional frente a las necesariamente confesionales. A pesar de la
pugna centenaria que muchos teólogos (cristianos) han protagonizado
para defender el carácter equiparable (antes decían que superior)
de su disciplina, se trata de una falsa vía (y el debate ha sido
muy enconado y ha habido muy importantes teólogos o para-teólogos
liderando la investigación en historia de las religiones en muchos
lugares y momentos). Pero aceptar como pares, como iguales, a teólogos
cristianos (como en muchos casos se ha estado y está haciendo y
se ha hecho en Europa y América, por una falta de sensibilidad eurocéntrica
hacia las diferencias que, por ejemplo, no se produce respecto de pensadores
provinientes del hinduísmo o del islam, donde el abismo de puntos
de vista es mucho más notable) puede llevar, con la inevitable y
deseable mundialización y globalización de la disciplina
a encontrarnos en pie de igualdad en cualquier foro de carácter
científico (supuestamente) con integrantes de grupos religiosos
variados como ufólogos, hechiceros y clérigos diversos para
los que un debate académico no se entiende más que como un
medio de expresar sus creencias y ganar prosélitos. Aunque en historia
de las religiones caben convergencias entre el objeto de estudio y el sujeto
que estudia, la situación antes expuesta contribuiría a la
perversión de la disciplina de un modo excesivo.
La historia de las religiones se diferencia de forma clara de la teología
y aunque parecen dedicarse a un mismo campo, la óptica del estudio
es científica en un caso y no científica en el otro; las
características de la segunda pueden servir de contramodelo para
definir la primera.
La teología tiende a ser:
a) normativa y moralista: una de sus finalidades es la determinación
del bien y del mal, entendidos como adecuaciones a la "verdad" religiosa.
b) exclusiva: se basa en la revelación; la comparación
con otras religiones tiene la finalidad de determinar el grado de adecuación
de las demás al mensaje de la propia que se estima como único
verdadero.
c) esencialista: busca la esencia (revelada) de la religión
propia, despreciando generalmente las manifestaciones históricas
estimadas como imperfectas.
d) originalista: el mensaje revelado ha de ser eterno, las manifestaciones
históricas diferentes de la propia se estiman como degeneraciones
de un mensaje primordial y verdadero (la religión natural).
Frente a esto la historia de las religiones tendería a
ser:
a) no moralista: no busca extraer conceptos de moral práctica,
ni enjuiciar críticamente los desarrollos religiosos de un contexto
determinado dado por muy alejadas que resulten de la moral o los modos
de comportamiento en los que se enculturó el investigador. La finalidad
del análisis histórico-religioso es comprender la práctica
religiosa en el contexto social que le dio origen y gracias a ello mejorar
el conocimiento de la sociedad y en última instancia del ser humano
como ser histórico (por medio de la comparación, por ejemplo,
de la presencia de prácticas parecidas en culturas diferentes).
b) no exclusiva: la historia de las religiones se basa en el respeto
por las creencias ajenas y requiere una actitud no dogmática por
parte del investigador a la par que libertad personal para enfrentar los
muy diversos problemas que pueden jalonar una investigación histórico-religiosa.
Ha de renunciar tanto a una actitud de fobia hacia cualquier religión
(incluida la propia) como a la actitud apologética encubierta que
consiste en buscar en el análisis histórico-religioso un
medio de establecer "científicamente" la verdad esencial de las
propias creencias. Un contraejemplo lo ofrece el padre W. Schmidt (Ursprung
der Gottesidee, 12 vols., 1912-1954), que dedicó su vida a intentar
demostrar que el monoteísmo era la fase religiosa más antigua
del hombre (partía de la creencia que los politeísmos eran
desviaciones de la religión natural, revelada en los orígenes
de una humanidad. necesaria y naturalmente monoteísta) para lo cual
cribó, olvidó e invalidó los casos que no se adecuaban
a sus intereses.
c) diversa y no esencialista: la historia de las religiones parte de
la constatación de la diversidad de las experiencias religiosas
y sus manifestaciones históricas. Las experiencias religiosas se
analizan como productos de la sociedad y el momento en que surgen, sin
enjuiciarlas en esquemas generales de revelación. Así, por
ejemplo, las obras de San Juan de la Cruz han de estudiarse como productos
de unas condiciones históricas determinadas y no como cumbres de
la revelación divina (aunque sí como cumbres del pensamiento
místico). El respeto hacia el objeto de estudio (las religiones)
impide plantear de un modo militante la existencia de una religión
verdadera (o de un modelo ateo o antirreligioso visto como único
verdadero que anula el valor de todas las religiones) donde radique la
explicación última de la esencia del fenómeno religioso.
La historia de las religiones, por tanto, presenta unos caracteres
bien diferenciados de la teología: las interpretaciones teológicas
se convierten en aproximaciones imaginarias y religiocéntricas (surgidas
en el seno de los esquemas interpretativos y las cosmovisiones de religiones
específicas), susceptibles de ser analizadas como contingencias
culturales, como desarrollos ideológicos de culturas determinadas;
la teología pasa así de la categoría de rival a la
de objeto de estudio para la disciplina.
LECTURAS ACONSEJADAS: la moral en el ateísmo científico
Este necesario alejamiento de la historia de las religiones del endoctrinamiento moral sirve como criterio para destacar la convergencia de las visiones teológicas y las desarrolladas por el ateísmo científico y la denominada historia de las religiones soviética. Las preocupaciones morales y propagandísticas desvirtúan completamente los análisis de esta escuela claramente religiocéntrica (desde un religiocentrismo ateo que resta fuerza al argumento que distingue ópticas confesionales de no-confesionales). Como ejemplo conviene leer el capítulo XIV de: Instituto del Ateísmo Científico de la Academia de Ciencias Sociales de la U.R.S.S., El ateísmo científico, Gijón, 1983 ( or. 1978), pp. 249-267 (para acceder al texto pulse aquí).
5) El problema de la terminología: el vocabulario del análisis histórico religioso
Los problemas de terminología atañen al núcleo
mismo del quehacer del historiador de las religiones: a la configuración
de un vocabulario religioso consensuado.
Religión es un término que ha sido definido de modos
extremadamente diversos y sobre el que no existe todavía un consenso
suficiente a pesar de que, por ejemplo, se dedicó el XVI congreso
de la Asociación Internacional de Historia de las Religiones (desarrollado
en Roma en 1990 y que contó con casi medio millar de participantes)
a debatir el tema "La noción de religión en la investigación
comparada".
La definición fenomenológica según la cual la
religión es un "fenómeno universal, innato y congénito
al hombre que hace del ser humano un homo religiosus" y que convierte
a las religiones humanas en manifestaciones de esa facultad innata del
hombre presenta unos ribetes esencialistas rechazables pero que redimensionan
la polémica al plantear que la religión parece existir más
allá de sus manifestaciones históricas o privadas.
Frente a esta hipótesis del hombre "biológicamente" religioso
se levanta el postulado del ateísmo según el cual la religión
no solo no es innata sino que es una pura invención humana. Ante
estas formas unilaterales (y puntualmente caricaturescas) de entenderla,
la religión en su vertiente social resulta un modo de regir la convivencia
por medios que no son siempre necesariamente la justificación de
la desigualdad y el dominio (aunque en muchos casos sea así). La
ecología de las religiones ha demostrado que la religión
resulta un factor muy eficaz de consensuar la adaptación cultural
al ecosistema (por medio de tabús y otros mecanismos de protección
que minimizan la acción antrópica sobre ciertos recursos
escasos o vitales). En sociedades en las que la desigualdad no está
muy desarrollada la religión cumple el papel de consensuar decisiones
y ofrecer un marco referencial de comportamientos y normas que permita
minimizar los conflictos. Pero, además, la religión ofrece
un marco mental de explicación del mundo, un sistema de referencias
que sirve para ubicar por medio de los ritos, los mitos o la teología
particulares de cada cultura al hombre en la sociedad y el entorno natural
por medio de la forja de explicaciones imaginarias. Las religiones han
creado modelos para comprender el papel del hombre en la tierra, el problema
del mal y del bien, de la muerte, de la diversidad (de sexos, de inteligencias,
de apariencias, de destinos), de la identidad grupal. Lo suelen hacer de
un modo diverso tanto entre ellas como respecto a lo que la ciencia ha
ido estableciendo como aceptable, aunque en algún caso explicaciones
(e intuiciones) de índole religiosa que parecieron delirantes durante
decenios cuando la investigación científica ha traspasado
ciertos límites han cobrado un nuevo interés como demuestran,
por ejemplo, los trabajos de F. Capra sobre la física de lo infinitamente
pequeño.
El término religión, por último, nos introduce
en otro problema de la disciplina. La cultura occidental directamente dependiente
en muchos casos de la herencia greco-latina ha mantenido términos
(por ejemplo religión) acuñados en una sociedad determinada
complejizando el campo semántico pero sin llegar a anular algunas
de sus acepciones más etnocéntricas. Se plantea por tanto
un problema de muy compleja solución que es la excesiva dependencia
de la historia de las religiones respecto del lenguaje religioso europeo.
Los instrumentos de análisis al uso dependen en gran medida de la
generalización de términos que en la religión de la
que fueron tomados (generalmente provienen del lenguaje teológico
cristiano, pero también del etnográfico) tenían un
significado muy concreto pero que, al aplicarlos a otras religiones y otras
realidades, pueden llegar a enturbiar la comprensión de las mismas.
Más delicado aún resulta el empleo de términos occidentales
para religiones no occidentales que no parecen conocerlos (por ejemplo
el propio término religión que no tiene razón de ser
para grupos humanos en los que lo sagrado y lo profano no están
escindidos como en nuestro pensamientos dependientes de la modernidad y
la separación Iglesia-Estado). Incluso se puede caer en malentendidos
al intentar aplicar conceptos con un significado actual bien establecido
a culturas que los poseen pero para los que no quieren decir lo mismo:
rito tal y como lo entiende un historiador de las religiones no significa
lo mismo que ritus entre los romanos o rita entre los védicos.
No menos complejo resulta definir lo que es un dios, máxime
cuando, como en el caso de religión que acabamos de esbozar, el
vocabulario latino, teñido de la caracterización del cristianismo
coloca ante nuestros ojos un filtro de interpretaciones que generan una
radical incomprensión, por ejemplo del papel de la divinidad en
el politeísmo o la falta de divinidad en el jainismo o en algunos
budismos. La opción por la definición tanto del término
dios como del de religión no puede menos que constituir una pequeña
traición a un objeto de estudio que se malinterpreta por la maraña
que generan las palabras, cargadas de historia, de tal modo que muchos
investigadores (por ejemplo Max Weber) renunciaron a intentarlo.
El indudable problema terminológico, que han avivado los abusos
en la aplicación de las comparaciones interculturales ha terminado
resolviéndose de modo provisional con la consolidación de
un lenguaje especializado al uso del historiador de las religiones que
posee un grado de indeterminación excesivo al no haber consenso
unánime ni definiciones precisas, pero al que no se puede renunciar
todavía al no existir una alternativa viable.
6) El problema de analizar ciertas experiencias religiosas: el "asalto a la razón"
Pero si la aproximación científica al estudio de la religión
suele discurrir por unos derroteros que minimizan, por medio de concentrar
la mirada en lo social (e histórico) ciertas características
de la experiencia religiosa, a nadie escapa que el mundo religioso puede
presentar vertientes en que quedan superados los instrumentos de la razón.
La psicología ha desarrollado principalmente dos enfoques para
intentar penetrar en la comprensión de las experiencias religiosas
más complejas. La psicología profunda, que parte de los estudios
de C.G. Jung intenta explicar el parecido que se constata entre prácticas
religiosas (ante todo orientales) y ensoñaciones de psicóticos
que jamás tuvieron conocimiento de dichas prácticas. Esta
hipótesis explicativa sostiene la existencia de un nivel inconsciente
profundo (denominado colectivo por ser en esencia no egótico), que
funcionaría por medio de imágenes de índole simbólica
(denominadas arquetipos) que serían por tanto inter-(o trans)culturales
(por surgir de regiones del inconsciente situadas al margen del ego personal
y no susceptibles de haber sido modificadas durante la enculturación
familiar-grupal). La psicología humanista, las perspectivas desarrolladas
por Abraham Maslow, la herencia junguiana, las incertidumbres sobre la
mente humana generadas por los experimentos en laboratorio con sustancias
psicodélicas (hasta su ilegalización) han terminado consolidando
en Estados Unidos una escuela (marginal y discutida) pero activa y con
gran impacto popular (entre los afines a las religiones new age) denominada
psicología transpersonal. Plantea la existencia de un nivel transpersonal
(más allá del ego), que se alcanza por medio de técnicas
de meditación, por la ingestión de sustancias psicodélicas
o por otros caminos y cuyo conocimiento forma (o formó en algún
momento) parte del entrenamiento sagrado en numerosas religiones (y conformó
creencias y mitos). Las detalladas gradaciones en las experiencias transpersonales
estudiadas han llevado a defender a los especialistas la existencia de
niveles (los más profundos y complejos) en los cuales se superan
los condicionantes culturales y se accede a experiencias de índole
muy semejante, lo que unificaría en cierta medida el lenguaje más
profundo presente en muchas religiones. En ambos casos se trata de aproximaciones
hipóteticas no exentas de problemas, aunque tienen el valor de intentar
encarar los más refractarios mundos de la religión personal.
El mayor problema para analizar estas experiencias religiosas es que
son difícilmente reductibles al lenguaje racional y científico,
desvelándose así otro de los grandes retos de la disciplina
que es desarrollar los instrumentos que permitan reflejar (aunque sea de
modo incompleto o aproximado) estas vivencias, sin las cuales la historia
de las religiones fracasará en su vocación holística
(es decir que busca comprender los fenómenos religiosos en sus diversas
y complejas manifestaciones). Pero para llegar a esto parece imprescindible
que la disciplina se libere del fuerte prejuicio eurocéntrico y
religiocéntrico consistente en el desprecio de las experiencias
extraordinarias (de conciencia alterada). Resulta una premisa inexcusable
para ser capaces de comprender correctamente prácticas fundamentales
de las religiones orientales o de formas religiosas como el chamanismo.
Si bien se resisten a ser comprendidas con los instrumentos habituales
del análisis histórico-religioso (generalmente forjados para
el estudio de las religiones occidentales), esta inadecuación no
es razón suficiente para soslayar o negar llanamente el interés
de las complejas especulaciones místicas o mitológicas presentes
en la mayoría de las religiones.
El caso de la mística resulta ejemplificador puesto que incumbe
a experiencias subjetivas no comprobables por el investigador que se aventura
a estudiarlas; el nexo de unión entre el analista y la experiencia
analizada es generalmente el lenguaje literario que además no parece
estar diseñado para expresar este tipo de fenómenos de un
modo correcto (hecho del que son bien conscientes los escritores místicos).
Se trata de reflejos de un mundo diferente, de una alteridad que parece
tener unos cauces de manifestación alternativos, ante los que se
desatan prejuicios velada o abiertamente religiocéntricos y etnocéntricos
que se permiten defender una disección entre experiencias místicas
verdaderas y falsas, superiores e inferiores, puras e impuras y que, en
algunos casos, han querido plantear criterios a la hora de determinar el
modo legítimo o abusivo del empleo del término místico.
En muchos casos se ha partido de la hipervaloración de la experiencia
mística, entendida como el más alto grado del compromiso
religioso, y por tanto estimada accesible únicamente a una elite
privilegiada compuesta por muy pocos individuos. Esta idealización
ha llevado generalmente a la incapacidad por parte de los analistas para
aceptar que en ciertas religiones (generalmente las más ajenas)
puedan desarrollarse experiencias místicas de modo masivo o incluso
acabado. Como tantos otros conceptos del análisis histórico-religioso
el término mística posee un campo significativo muy influido
por la herencia cristiana (en la que se engloban desde el punto de vista
ideológico buena parte de los investigadores del tema), marcada
por la primacía del individualismo de la experiencia y por el monoteismo
y que por tanto suele aceptar como místico lo que en otras tradiciones
afines puede resultar comparable (misticismo musulmán y judío)
pero rechaza lo que no se rige por esas pautas. Resultaría improcedente
según esta visión una experiencia mística que superase
el plano de lo meramente individual, como ocurre en los trances colectivos,
que se entenderían como degeneraciones desvirtuadas de la verdadera
mística. Otra vía de desvalorización de experiencias
místicas proviene de la graduación valorativa de los medios
utilizados para ponerlas en marcha: la ascética rigurosa y la elección
(imaginaria) por fuerzas sobrenaturales se suelen aceptar como mecanismos
correctos mientras que actividades ajenas o marginales en la tradición
religiosa occidental como la ingestión de sustancias psicodélicas
o la inducción por la danza o la música se estiman como vías
dudosas (lo que lleva a una desvalorización genérica de la
extática). Como vemos los escollos para analizar el fenómeno
místico son muchos, pero tanto estas experiencias, como las especulaciones
mitológicas complejas o los mundos imaginarios que se construyen
en la meditación pertenecen al patrimonio religioso humano y han
de ser objeto de estudio por el historiador de las religiones aunque para
ello haya de renunciar a los límites seguros de la metodología
habitual.
7) Los problemas de implantación de la disciplina: el ejemplo español: generalidades
Un ejemplo revelador de la falta de consolidación de la Historia
de las Religiones como disciplina universitaria (hasta fechas muy recientes)
lo ofrece el caso español. Razones ideológicas diferentes
paralizaron su desarrollo en diversos momentos. El fundamentalismo católico,
consciente del ejemplo francés y temeroso de que la disciplina se
convirtiese en un baluarte de librepensadores y anticlericales frente al
monopolio eclesiástico de los estudios religiosos impidió
su nacimiento desde finales del siglo XIX; la posición privilegiada
de la Iglesia católica desde el año 1939 en la toma de decisiones
culturales llevó a que la renuncia a actitudes fundamentalistas
e intolerantes fuese mucho más tardía que en otros países
tradicionalmente católicos y que no se haya consolidado una escuela
de historiadores de las religiones a diferencia de lo que ocurrió
en Italia, a pesar de que el interés personal profundo y la sensibilidad
de muchos pensadores españoles respecto del tema religioso haya
sido y sea muy notable.
Pero aunque básica hasta los años sesenta esta oposición
eclesiástica solamente explica parcialmente que la disciplina no
haya encontrado los medios adecuados de expresarse de modo científico
consolidado en nuestro país en las décadas de la democracia,
resultando el panorama de causas algo más complejo. El proceso de
profesionalización y especialización de los historiadores
llevado a cabo en los últimos cuarenta años ha privilegiado
los desarrollos cronológicos frente a los temáticos, creando
grupos de profesionales rígidamente enmarcados en áreas impermeables
a los intereses generales y diacrónicos que definen a la historia
de las religiones. A la par, las directrices de la política educativa
han privilegiado el desarrollo de disciplinas de rentabilidad económica
inmediata, mermandose el papel de las humanidades y por tanto las posibilidades
de dotación adecuada y de espectativas de desarrollo de la historia
de las religiones. Una tercera causa, que resulta fundamental, es la falta
de sensibilidad de la mayoría de los intelectuales antifranquistas
e izquierdistas españoles (que nutren en parte la elite universitaria
y dirigente actual) respecto del tema religioso. El cambio de mentalidades
que se manifestó en Estados Unidos y luego en el resto de los países
occidentales en los años sesenta y que llevó a la valoración
de las experiencias para-religiosas ("de conciencia alterada") resultó
básico para el replanteamiento de la actitud de los intelectuales
(sobre todo norteamericanos) hacia las religiones y los movimientos espirituales
y por tanto al fortalecimiento de los estudios histórico-religiosos,
encargados de dar respuestas a esa necesidad social. En España este
fenómeno no se produjo y se ha mantenido generalmente una actitud
en la línea del materialismo vulgar consistente en despreciar o
soslayar el estudio de los problemas religiosos solamente modificada en
los últimos quince años en que los nuevos planes de estudios
de las universidades españolas han comenzado a plasmar adecuadamente
la vertiente docente de la disciplina, aunque sin una sistematicidad más
que aproximada.
El caso español tiene el interés de resultar un modelo
de transición entre la situación en los países más
desarrollados occidentales con una larga tradición de estudios histórico-religiosos
y países no occidentales en los que la disciplina aún no
ha tenido los cauces apropiados de consolidación por causa de diversas
trabas de índole confesional o de infraestructura académica.
Ángel Álvarez de Miranda (1915-1957) |
![]() |
Raffaele Pettazzoni (1883-1959) |
Ejemplar de Raffaele Pettazzoni de la tesis
|
del Instituto Español de Lengua y Literatura de Roma (desde 1948 a 1954) |
|
tesis española de Álvarez de Miranda, en sus últimos años de vida (cuando impartía la asignatura Historia de las Religiones) |
de Historia de las Religiones de la Universidad Central de Madrid |
![]() |
Carta de Álvarez de Miranda a Pettazzoni del 7 de mayo de 1955 donde explica sus planes (creación de una sección de Historia de las Religiones en el CSIC, invitación a Pettazzoni) y excusa su participación al congreso de la IAHR |
![]() |
Contestación de Pettazzoni del 18 de mayo de 1955 con membrete del VIII Congreso de la IAHR |
![]() |
![]() |
![]() |
Mircea Eliade en los años 30
Eliade en 1959 |
« Un tratado de Historia de las Religiones »
|
![]() |
Carta de Eliade a Álvarez de Miranda del 10 de marzo de 1955 en la que explica los límites de su Tratado y sus perspectivas |
![]() |
titulado Obras 2vols, Madrid, Ediciones Cultura Hispánica, 1959- Aunque con un perfil de dedicación principal al mundo antiguo, hay trabajos que exceden ese marco y corresponden a una óptica de religiones comparadas, a una inquietud por la metodología y por algunos temas extraeuropeos y modernos |
Religiones Mistéricas de 1961 |
![]() |
de 1962 (texto revisado por J.M. Blázquez). Edición de 1998 (con prólogo de Pedro Álvarez de Miranda) y traducción francesa de 2003 |
- La figura de Joaquín Ruiz Jiménez (1913-): Director
del Instituto de Cultura Hispánica (1946-1948); Embajador ante la
Santa Sede (1948-1951-coincide con Álvarez de Miranda en Roma).
Sexenio "liberal": ministro de Educación Nacional (1951-1956): apoya
la creación de la cátedra de Historia de las Religiones.
- 1956: año del cambio... destitución y opción
tecnocrática.
- La cátedra tras la muerte de Álvarez de Miranda se
convoca y queda desierta (cambio de contexto).
- La enseñanza de Historia de las Religiones la asume Santiago
Montero Díaz (explicaba tanto a los mormones como la religión
egipcia o el cristianismo). Redefinición de los perfiles hacia la
especialización. Montero termina adscribiéndose a Historia
Antigua con la consolidación de áreas de conocimiento. No
habiendo catedrático del perfil no se crea un área de conocimiento.
Queda la asignatura relegada a la especialidad de Historia Antigua. Tras
la jubilación de Santiago Montero Díaz la docencia la asume
José María Blázquez (no imparte más que religiones
de la antigüedad). No se volverá a impartir una enseñanza
de religiones general y comparada en esta universidad.
- En el caso de que Álvarez de Miranda no hubiese muerto probablemente
la mayoría de los especialistas en la materia serían discípulos
suyos (se hubiese jubilado en 1985)... lección de la Historia...
lo frágil de los contextos (si Álvarez de Miranda no hubiese
enfermado el cambio ideológico del franquismo no hubiese podido
acabar con la cátedra... por mera inercia funcionarial... una coyuntura
y una historia personal también ayudan a explicar la particularidad
española en este ámbito).
LECTURAS ACONSEJADAS
Para complementar esta reflexión sobre el caso español
con más datos consúltese:
F. Diez de Velasco "La historia de las religiones en España.
Avatares de una disciplina", 'Ilu. Revista del Instituto de Ciencias
de las religiones 0, 1995, 51ss.) (pulse
aquí)
id. ."History (Study) of Religions in Spain and the SECR (Sociedad
Española de Ciencias de las Religiones / Spanish Society for the
Sciences of Religions)" Bandue III, 2009, 123-136 (pulse
aquí)
id, Ángel Álvarez de Miranda, historiador de la religiones,
Madrid, ediciones del Orto (ISBN 84-7923-393-1), 2007, 95 pp.(pulse
aquí)
.id. "Ángel Álvarez de Miranda y la cátedra de
Historia de las Religiones de la Universidad de Madrid: un proyecto truncado",
Bandue
I,
2007, 83-133 (pulse aquí)
.id ."La Storia delle Religioni in Spagna. Particolarità e prospettive"
Humanitas 66,1, 2011, 91-123 (pulse
aquí)
PARTE 2: EL MÉTODO: LA ÓPTICA DE ANÁLISIS
MATERIALES DE ESTUDIO
1) La relativización
cultural y la apertura hacia los ámbitos no occidentales
2) La renuncia
al religiocentrismo y la difícil búsqueda de un marco neutral
3) La óptica interdisciplinar
4) El método
comparativo en historia de las religiones
5) La configuración
de una disciplina totalizadora
6)
El
ejemplo de Mircea Eliade
1) La relativización cultural y la apertura hacia los ámbitos no occidentales
Aún a pesar de las indeterminaciones y del carácter
inacabado de disciplina existen algunos puntos comunes que conforman una
óptica de análisis suficientemente particularizada y una
visión propia del objeto de estudio.
Al comparar la aproximación teológica frente
a la histórico-religiosa ya se han evidenciado algunas de las características
específicas de la segunda como son el defender una visión
no normativa, no exclusiva, diversa y no esencialista. Ampliando el análisis
se pueden, en síntesis, establecer una serie de peculiaridades que
identifican el trabajo del historiador de las religiones.
La historia de las religiones ha desarrollado una óptica
de análisis global (mundial) que quizá no ha caracterizado
en igual medida a las otras disciplinas históricas y humanísticas.
Ello es debido a que se ha dimensionando de modo cada vez más sofisticado
el papel de las religiones occidentales frente a la enorme variedad y riqueza
de las no occidentales. El abandono progresivo por parte de las elites
occidentales de la actitud de superioridad cultural (que era un medio de
establecer el armazón ideológico justificativo de la tutela
y del sometimiento de muchos pueblos no occidentales) ha llevado a una
comprensión más correcta de las culturas diferentes y de
sus tradiciones religiosas. El peso de las milenarias religiones orientales,
cuya literatura e iconografía se conoce mejor, se comprende y respeta,
ha desequilibrado el horizonte de investigación dirigiendo el eje
hacia territorios antes despreciados o dejados en manos de especialistas
marginados. Desde el punto de vista metodológico los avances más
notables en la disciplina se están produciendo en ámbitos
antes tenidos por poco interesantes como son las sociedades en fases de
contacto o en procesos avanzados de aculturación (que crean formas
religiosas mestizas de un asombroso dinamismo). Aunque el peso que se suele
otorgar al judaísmo o al cristianismo es todavía destacable
en los grandes manuales, no tiene comparación con el que se daba
hasta hace medio siglo, en que las religiones del libro solían ser
el grueso de la exposición (y su hilo conductor ideológico).
El respeto hacia las religiones no occidentales
ha llevado al desarrollo de una sensibilidad nueva que ha revertido incluso
en el mejor conocimiento de las propias religiones occidentales; al ser
analizadas desde un óptica no eurocéntrica desvelan rincones
ocultos, prácticas no canónicas y fenómenos religiosos
marginados pero muy reveladores. Por ejemplo la comprensión del
fenómeno dionisiaco en la religión de la Grecia antigua ha
avanzado gracias al conocimiento que se posee de las religiones extáticas
no europeas; la sacralización de la naturaleza presente en los ámbitos
tradicionales europeos se comprende mejor desde que, gracias al estudio
de las sociedades a pequeña escala, se ha llegado a entender la
importancia de los vínculos religiosos ideados por estas sociedades
para proteger el ecosistema generando un universo de prohibiciones, seres
imaginarios y espíritus vegetales; una mística de la naturaleza
que modera la acción antrópica (al desarrollar una sensibilidad
que potencia la conservación) y que subyace, por ejemplo, en los
cada vez más respetados cuentos populares europeos.
La historia de las religiones, al haber asumido los avances
de la antropología en mayor medida quizá que otras disciplinas
de análisis social, ha incluido sólidamente la premisa de
la relativización cultural. Ninguna religión ni grupo
de creencias (ni siquiera los propios si se los tiene) han de perturbar
al historiador de las religiones en sus análisis. No hay una religión
que prime sobre las demás y haya de servir de modelo (aunque a nivel
personal, en el mundo de las creencias privadas, pueda ser así).
El papel de los historiadores de las religiones es el de conocer, comprender
y conservar el patrimonio religioso de la humanidad, limitando los prejuicios
en aras de la mejor comprensión, limando las fobias pero también
los idealismos comunes; una actitud abierta que se consolida desde la asunción
de la diversidad de las religiones humanas gracias a la relativización.
En muchos casos el historiador de las religiones deberá actuar en
contra de opiniones comunes, asumiendo conscientemente un riesgo mayor
que el habitual en otros campos científicos. Un ejemplo lo ofrece
un tema de moda como es el budismo tibetano; frente a la posición
idealizadora común que hace del estado teocrático tibetano
anterior a la invasión china un paraíso de sabiduría
y armonía (el estado sacerdotal perfecto siempre bien gobernado
gracias a la infalibilidad del sistema de reencarnaciones de sus líderes
espirituales-temporales), muchos especialistas tibetólogos han matizado
un panorama del que no estaba exenta la explotación o las luchas
por el poder (que se manifestaban, por ejemplo a la hora de determinar
en quién reencarnaba el líder espiritual difunto), o los
castigos, a veces muy crueles a los que disentían del sistema teocrático-aristocrático.
Pero, por otra parte, comprender y plantear públicamente esta realidad
del Tibet tradicional requiere hacerse desde la posición consciente
de que existe una propaganda china anti-tibetana, ingrediente fundamental
en una política de destrucción cultural que lastra cualquier
intento de acercarse al problema y que puede distorsionar este tipo de
argumentos en su provecho.
Este ejemplo puede servir para ilustrar la importancia
de configurar una mirada diferente frente al objeto de estudio que ha de
sustentarse, para materializarse más allá de una mera declaración
de buenas intenciones, en la aceptación de las ópticas de
análisis y las sensibilidades de los historiadores de las religiones
de diversos orígenes (europeos y no europeos) de tal modo que, por
medio del conocimiento, se intenten mitigar y superar los inevitables condicionantes
culturales de cada estudioso.
2) La renuncia al religiocentrismo y la difícil búsqueda de un marco neutral
a) El religiocentrismo
Sin duda el principal escollo al que se enfrenta cualquier
estudio de carácter científico sobre la religión es
el del religiocentrismo: una forma de etnocentrismo que determina
una percepción sesgada o distorsionada que se produce como resultado
del peso de las creencias, los modos de pensamiento y en general la ideología
religiosa (o no religiosa o antirreligiosa) del que realiza el estudio.
| PERCEPCIÓN de una | [RELIGIÓN
[SOCIEDAD [CULTURA |
DIFERENTE(S)
DE UN MODO |
[MEDIATIZADO
[DISTORSIONADO [SESGADO |
por las propias | [CREENCIAS
[IDEAS, COSMOVISIONES [FORMAS DE PENSAMIENTO [VALORES |
En muchas ocasiones el religiocentrismo no es percibido por el investigador de un modo plenamente consciente y configura un filtro de la realidad en clave de las propias creencias religiosas que puede desvirtuar en gran parte lo que se está estudiando. Si bien algún grado de religiocentrismo es inevitable y la construcción de un marco perfectamente neutral de estudio de las religiones una entelequia, hay que tomar conciencia de que a partir de un punto la distorsión religiocéntrica puede llevar a una completa incomprensión de lo que se desea estudiar. La mera reflexión que tenga presente la posibilidad de existencia de tal percepción distorsiva es un paso clave para comenzar a mitigar sus efectos, y también para desenmascarar su manifestación a nivel social (las actitudes religiocéntricas son muy comunes, en particular en lo que se refiere a la percepción social de la diversidad religiosa).
ACTITUD FRENTE AL RELIGIOCENTRISMO (en todos los niveles, pero, en particular ,en lo relativo a educadores y colectivos involucrados en la educación: seguir las directrices de la UNESCO en lo relativo a la educación en el respeto a la DIFERENCIA)
>TOMA DE CONCIENCIA
Maduración en los valores globales frente
a la limitación de la enculturación
(contraejemplo: actitud de los que fueron educados
en el nacionalcatolicismo)
>RESPETO
Frente a la diversidad optar por una posición
respetuosa, para poder desarrollar una actitud de apertura hacia el diferente
>APERTURA
Disposición de abrirse a lo diferente,
estudiarlo, comprenderlo, no rechazarlo a priori, romper preconceptos
>ECUANIMIDAD
Intentar evitar que la percepción de lo
diferente desemboque en el conflicto
PERO:
< NO ES UNA RENUNCIA a los propios valores
sino hacerlos NO AGRESIVOS, capaces de enfrentarse en nuestro mundo global,
por medio de un pensamiento global, a la diversidad superando el pensamiento
binario (a pesar de la presión mediática y la comodidad de
pensar así)
< ES BUSCAR UN MARCO NEUTRAL E IGUALITARIO
de comprensión de las diferentes religiones y sus fieles (no quiere
decir que todas sean iguales, ni que haya que renunciar a la propia o a
la falta de la misma: ejemplo: ser ateo no quiere decir que haya que negarse
a conocer y comprender las religiones y su papel cultural en nuestra sociedad
y su papel identitario para los que creen)
< ES UNA APUIESTA DE CONOCIMIENTO
Ser capaces de entender la humanidad como una
identidad y las culturas (y religiones) como aspectos de la diversidad
de una cultura humana global con la que se identifica uno.... para poder
vivir un mundo construido desde la pluralidad de creencias... desde la
multirreligiosidad.
Se plantean puntos de vista más sistemáticos
sobre el religiocentrismo en el artículo siguiente (http://www.pucsp.br/rever/rv4_2005/t_velasco.htm).
b) La difícil neutralidad
Resulta necesaria la liberación de los lastres
muchas veces ocultos de enfoques confesionales o militantes, que tomen
como pretexto la disciplina para justificar una visión religiosa
particular. La neutralidad como horizonte, es pues una necesidad en historia
de las religiones, otra seña de identidad más frente a las
aproximaciones confesionales o teológicas, para las que la óptica
neutral es innecesaria o impensable.
Pero la neutralidad no es una opción sencilla,
ni tampoco dotada de un valor absoluto. En tanto que vástagos de
la postmodernidad, obligados a asumir sus premisas (pero también
a superarlas), no podemos olvidar que los pensamientos fuertes (como el
de la posibilidad de una ciencia incontaminada de circunstancia, de un
científico impermeable a lo que piensa y cree cuando desarrolla
su investigación) han quebrado, víctimas de las aristas de
los grandes discursos que creían (y querían) construir. Los
absolutos no son viables, la neutralidad absoluta es un engaño,
como todo pensamiento binario (el tipo más fuerte de pensamiento,
el que ordena en dos conjuntos, valorado el propio, el que identifica y
anulado el otro, el diferente). Pero comprender lo relativo, ser conscientes
de la incertidumbre, de los propios riesgos de la certeza (o el orgullo
de creer poseer un método intemporal, definitivo, que haga de los
productos que generamos obras más allá del tiempo), no es
equivalente a caer en un completo relativismo que supone un idéntico
valor a cualquier método, o incluso a la ausencia del mismo; o mejor
a la apuesta por la necesaria renuncia al mismo, en aras de un sentir lo
que se estudia (de un vivenciar en una construcción personal y casi
intransmitible, o convertida en pequeño relato literario y autobiográfico
que serviría más para explicarnos que para explicar lo que
parecería que debieramos estudiar). Pero justamente de este modo
estaríamos renunciando a cualquier neutralidad al convertir lo personal,
lo que se cree (en nuestro caso, que se centra en el estudio de las religiones)
en un factor clave en lo que se estudia y como se estudia.
Asumir la quiebra en este punto de las aproximaciones
postmodernas es abrir la puerta a la posibilidad de que el método
sea clave y a la licitud del empeño en construir un marco neutral
de estudio de las religiones, aún asumiendo el carácter consensual
de dicho marco. Al no ser un absoluto, la neutralidad será necesariamente
una mezcla de lo que el que estudia estima correcto y de lo que la comunidad
científica en la que se inserta estima aceptable, un producto sometido
a los estragos del tiempo y de los cambios personales y disciplinares y
que se sostiene en una serie de factores.
El factor lingüístico ya se ha repasado:
en el análisis de la religión se utiliza un rodillo de conceptos,
de palabras que no son neutras (pensemos en secta o incluso en el propio
término religión). No ha habido un diseño de un lenguaje
propio y resulta muy complejo construirlo, pero un primer paso en la búsqueda
de la neutralidad es comprender que los términos que usamos tienen
esa carga y que son susceptibles de ser cambiados si hay un suficiente
consenso para hacerlo.
Otro factor es el biológico y tiene varios
modos de manifestarse. Se puede biologizar lo religioso al plantear la
hipótesis del homo religiosus, que haría de la religión
no un universal cultural (un rasgo cultural que aparece en las sociedades
humanas) sino uno biológico. El hombre (como especie) sería
religioso desde el momento que se pudiese definir como humano: a la par
que se constituía la cognición humana por medio del dominio
de lo simbólico (en lo que se incluye lo lingüístico),
se establecía lo religioso. El ser humano biológicamente
religioso convertiría al ateísmo en una especie de absceso,
una anormalidad, una enfermedad del pensamiento. Esta visión, muy
difundida, aunque probablemente muchos de sus usuarios no sean conscientes
de algunas de sus implicaciones, además de discurrir sobre lo incomprobable
(el momento fundacional de la especie humana, en una perspectiva que se
aviene más a los presupuestos creacionistas), renuncia a la posibilidad
de la diversidad de lo humano. Otra biologización proviene de los
diferentes reduccionismos que intentan sintetizar lo religioso en uno o
unos pocos factores. Muy biológico es el reduccionismo que quiere
hacer de la religión fisiología o química en el cerebro
humano: la experiencia religiosa provendría de sustancias generadas
por el cerebro o incluso radicaría en ciertos lugares del cerebro
que se podrían estimular. La ecología de las religiones planteada
desde presupuestos rígidos, podría generar también
un marco no neutral que anulase el papel del ser humano como creador de
religión frente a su papel de mero adaptador de sus creencias a
las constricciones medioambientales.
En cierto modo igual de caricaturescos (y bien poco neutrales)
resultan los reduccionismos que plantean el carácter desviado
o distorsivo de la realidad del sentimiento religioso como ocurre en algunos
modelos marxistas y freudianos. Se trata de apriorismos que nublan cualquier
intento de acercarse a la diversidad de lo religioso. Los reduccionismos
en tanto que simplificaciones, son ejemplos de la renuncia ante la dificultad
de entender y enfrentar la diversidad que subyace en el complejo mundo
de las religiones, son caminos para ordenar, que en última instancia
tienen mucho que ver con las limitaciones de la cognición humana.
El pensamiento binario es quizá una de las manifestaciones más
evidentes de estas limitaciones. Resulta tan cómodo pensar en el
lenguaje del ellos frente al nosotros, que algunos (y no solo los estructuralistas)
han llegado a estimar el binarismo característica biológica
de los modos de pensamiento humanos: identidad frente a alteridad, lo crudo
frente a lo cocido, lo sagrado frente a lo profano. Palabras cruzadas que
pueden llegar a envenenar la comprensión de lo que se quiere estudiar
erigiéndose en formas apriorísticas de análisis, en
modos sutilmente no neutrales de enfrentar lo que se estudia.
Otro factor destacable es el sociocéntrico
que presenta muchos aspectos. Cualquier estudio es esclavo de las fuentes
con las que cuenta, construidas, salvo excepciones, desde la masculinidad
y la elite. A su vez nuestras explicaciones están marcadas por modelos
de entender el mundo de fuerte arraigo en nuestro mundo occidental globalizado,
centrados en la plutolatría, en el hedonismo, en la quiebra de las
instituciones o la sospecha respecto de las mismas. Resulta por tanto difícil
no fijar los ojos en interpretaciones que privilegien las claves económicas
de la religión, o que malinterpreten (estimando como aberrantes)
los comportamientos no hedonistas (tan comunes en muy diversas religiones)
o que calibren con dificultad el papel de liderazgo de las autoridades
religiosas en muy diferentes sociedades.
Tras esta reflexión, en cierto modo deconstructiva,
sobre los factores de la neutralidad, se necesita dar el paso hacia una
construcción de un modo neutral de hacer historia de las religiones,
que no puede configurarse más que en grados, de un modo dinámico,
en cierta manera como una tentativa en la que el papel de lo personal es
básica, pero que tampoco naufrague en el relativismo. El método
resulta fundamental y en historia de las religiones se sustenta sobre tres
grandes pilares: la interdisciplinaridad, el comparativismo no reduccionista
y una mirada desde fuera, pero que no renuncia a la visión general,
a la perspectiva holística, al estudio de la totalidad (aunque puede
resultar y resulte una ambición excesiva).
El análisis histórico-religioso utiliza todo tipo de instrumentos forjados por diversas disciplinas con la finalidad de comprender mejor el hecho religioso; una característica fundamental de la historia de las religiones es su vocación auténtica y necesariamente interdisciplinar que se plasma en el uso de los siguientes enfoques principales:
a) análisis histórico-filológico o método crítico: quizá sea el primordial ya que la información religiosa se materializa mayoritariamente en soportes documentales escritos sobre los que es necesario realizar un análisis estricto que tenga en cuenta el contexto histórico de producción y de utilización y las características internas del documento (la combinación de texto y contexto). El método histórico-filológico, depurado por centurias de investigaciones es clave en el análisis de textos de carácter religioso, que se entienden como obras de seres humanos (sometidas a transformación) y no como revelaciones divinas intemporales y de valor eterno. Por otra parte el análisis iconográfico y arqueológico presenta la particularidad de su enorme desarrollo en las últimas décadas. La "Religión Visible" frente a la legible presenta el interés de introducir al estudioso en campos muchas veces poco documentados, pero fundamentales para entender la religión practicada (las conductas religiosas) y no solamente la pensada (la religión mental). Otro tanto se puede decir de la "Religión Audible", la religión que se expresa por medio de la música, que presenta la fascinación de la inmediatez y la experiencia de lo difícilmente reductible a las meras expresiones de lo racional, pero que es perfectamente susceptible de un análisis crítico como el que planteamos.
b) análisis antropológico: la antropología, disciplina que posee una vocación holística en el estudio de la cultura humana y particularmente las subespecializaciones denominadas antropología de la religión (la que posee un nombre más claro), antropología religiosa (aunque el nombre plantee problemas, como ya se ha visto) y antropología simbólica (y cognitiva) ofrecen un número creciente de instrumentos de análisis al historiador de las religiones (como la insistencia en el estudio de los sistemas simbólicos o la discusión sobre religión y cognición). La etnografía aporta una de las fuentes notables de desarrollo de los estudios histórico-religiosos y la renovación metodológica que se ha producido entre los antropólogos desde los años cuarenta (el relativismo cultural o la crítica del etnocentrismo, por ejemplo, las denominadas crisis -del objeto, la representación, etc.-) ha permeado notablemente los modos de trabajo de los historiadores de las religiones. Incluso las críticas que expresan muchos antropólogos respecto del valor autónomo de la religión está sirviendo de acicate en la consolidación de las bases teóricas y conceptuales de la historia de las religiones. La antropología no solamente resulta un reto respecto de la historia de las religiones, sino que tienden ambas disciplinas a una convergencia significativa. Si el objeto de la antropología pasa a ser la totalidad de las sociedades humanas (en el presente y el pasado), lo que resultaría desde el punto de vista epistemológico la opción más lógica (aunque plantee serios problemas desde el punto de vista de los profesionales de la disciplina y las otras disciplinas humanísticas); es decir si la antropología tuviese el valor de postularse como una completa ciencia de análisis de las culturas humanas (no muy diferente, por tanto, de una historia total), la antropología de la religión no sería diferente de la historia de las religiones tal como se está definiendo en estas líneas. Para ello la antropología tendría que atreverse a salir del campo tradicional de la etnografía y del menos tradicional del estudio de los fenómenos de cambio en las sociedades actuales para encarar en mayor medida el estudio de sociedades históricas (campo generalmente acotado de historiadores o sociólogos). La antropología religiosa tendría que encarar el estudio de religiones de larga historia y complejidad doctrinal y de fuentes como las religiones de la India, los diferentes cristianismos, los budismos, el judaísmo etc., encarando las sofisticadas exigencias del análisis textual y documental.
c) análisis sociológico: la información religiosa es información de índole social susceptible de ser procesada con los instrumentos de análisis diseñados por la sociología y en particular por la subespecialización de la misma que se denomina sociología de la religión. Las técnicas estadísticas son el instrumento más útil a la hora de determinar el impacto de las diversas religiones tanto a nivel local como global, permiten cuantificar las características sociales del culto y acercarse a la religión conductual. Temas estrella en el análisis sociológico son, por ejemplo, la laicización de las sociedades modernas, la penetración de las nuevas religiones o los estudios de minorías religiosas. Pero la sociología de la religión no limita su cometido exclusivamente a la religión contemporánea sino que ofrece al historiador de las religiones los instrumentos para refinar análisis; la importancia que otorga a la estratificación social y la diversidad ideológica originada en ésta permite enfrentar el estudio de formas religiosas específicas según el grupo social al que pertenezca el cultor, enriqueciendo un panorama que podría tender a figurarse como mucho más monolítico. Desde el filtro del estudio de la estratificación social entendida como generadora de opciones religiosas diferenciales se puede llegar a comprender la diversidad de matices de la religión real: así religiones que parecen compactas presentan grandes diferencias entre las creencias de la elite y de los grupos populares, por ejemplo. Estatus y religión, autoridad y religión son temas conectados con el anterior y que permiten profundizar en el análisis del papel del creyente en el entramado social. La sociología permite ahondar en la determinación de la importancia de la elite religiosa en los mecanismos de control social en sociedades muy estratificadas, cuantificando (cuando es posible) la vinculación de los miembros de la elite religiosa y los de la elite gobernante. La sociología también defiende enfoques particulares en lo que se refiere a temas como el conflicto social y el religioso, los mecanismos de opresión (religiosa) y los modos de gestionar, por medio de la religión, los enfrentamientos en el seno de los sistemas sociales. Para el estudio de sistemas de creencias diferenciales y en mutación o del cambio religioso y cambio social, la sociología ofrece un elenco de instrumentos conceptuales que permiten delimitar y analizar la dinámica social.
d) análisis psicológico: fundamental, para la comprensión de las experiencias cumbre y de conciencia alterada, resulta importante también para entender muchos fenómenos religiosos que se iluminan gracias a la utilización de los instrumentos de comprensión del comportamiento humano que ha forjado la psicología. La psicología religiosa se ha convertido en una subespecialización consolidada de esta ciencia y abre vías para la comprensión no solo de los componentes de lo personal en la religión sino también otros ámbitos (por ejemplo los problemas que se generan entre socialización e individuación). El choque entre creencias personales y sociales, entre los sistemas de valores enculturados en el ámbito familiar-religioso y los que rigen en la vida común generan una interacción que puede llevar en ciertas ocasiones a actitudes de tipo violento; este es el caso de las actitudes integristas o fundamentalistas extremistas, por ejemplo, que se muestran como una opción en la que la balanza se decanta por los valores religiosos y que puede llevar a comportamientos de agresión para imponer a los demás las propias ideas estimadas como valores eternos de mayor poder que cualquiera de los defendidos de modo general por la sociedad. En otros casos la experiencia religiosa determina una modificación en la estructura de las creencias que lleva a cambios drásticos en la personalidad que pueden desembocar en una inadaptación a la vida social común: parece que existe entre los místicos de muchas religiones este tipo de actitudes que suelen determinar el apartamiento de la sociedad o el confinamiento en lugares en los que la mayoría de los moradores compartan experiencias parecidas. El sometimiento vejatorio a un líder espiritual, la puesta en manos de éste de parcelas importantes de las tomas de decisión personales, la megalomanía religiosa de carácter destrutivo, resultan interesantes por producirse de modo privilegiado en los ámbitos religiosos. Perturbación psicológica, depresión y receptividad a las experiencias religiosas son temas interesantes para entender el arraigo de la religión en grupos característicos de la sociedad. El consuelo psicológico que procura la religión (la delegación de la responsabilidad última en un código de conducta dictado por la religión; el amparo que procura la aceptación de una jerarquía que determine la moral y posea los medios para la expiación de las faltas -como ocurre en el catolicismo-; el poder reconfortante de la tradición, entre otros) es un factor muy importante para entender que en la sociedad desacralizada contemporánea sigan arraigadas religiones que surgieron en épocas y circunstancias bien diversas. La psicología ofrece, por tanto, buenos mecanismos para ahondar y afinar en las explicaciones holísticas que necesita forjar el historiador de las religiones.
e) análisis filosófico: es fundamental a pesar de que resulta controvertida incluso la denominación de la subespecialización filosófica dedicada al análisis religioso. Bajo el título filosofía de la religión, suelen englobarse investigadores con una posición metodológica idealista, que aceptan que la religión posee una entidad que extrae su verdadera razón de ser más allá de las contingencias históricas. Por otra parte la filosofía de las religiones, que sería una ciencia holística que trataría las religiones en sus manifestaciones históricas como producciones de índole filosófica no se diferenciaría de la historia de las religiones (con el diseño interdisciplinar con el que se la suele entender) y no ha alcanzado un consenso general de utilización. De todos modos, a pesar de las dudas metodológicas expresadas, la religión ha tendido a resultar dedicación esporádica de buenos pensadores englobados en el campo de la filosofía, aunque puntualmente la posición filosófica de buscar respuestas a interrogantes últimos, pueda haber excedido, según la opinión del que ésto escribe, las capacidades explicativas de nuestra disciplina.
f) análisis jurídico: que cobra un peso cada vez mayor como consecuencia de la construcción de marcos mundiales de protección de derechos religiosos y de los marcos nacionales de definición del derecho fundamental a la libertad religiosa..
El análisis histórico-religioso utiliza todo tipo de instrumentos forjados por diversas disciplinas (que no hemos enumerado exhaustivamente, así han quedado sin tratar específicamente la geografía de las religiones, la ecología de las religiones, la economía, etc.); la finalidad es comprender mejor el hecho religioso (en la acepción de lo que se entiende entre los historiadores por "historia total") en toda su diversidad y complejidad. A hacer Historia de las Religiones se puede (y debe) llegar desde muy diversos campos del saber y cualquier enfoque disciplinar puede resultar válido siempre que se respete el cinto metodológico (científico) que se construye desde la desvinculación de visiones religiocéntricas y no neutrales. Estos puntos de vista se repasarán en la última sesión.
4) El método comparativo en historia de las religiones
El método comparativo permite relativizar las informaciones de índole religiosa de una sociedad y por tanto analizarlas de un modo más correcto y profundo; a la par permite relacionar diferentes religiones por medio del análisis de sus características comunes. Al comparar es tan importante determinar las semejanzas cuanto las diferencias e intentar producir instrumentos analíticos para intentar explicarlas.
Pero el método comparativo ha de utilizarse de
un modo no reduccionista (quizá la posición reduccionista
es la que ha generado el mayor número de detractores frente a esta
herramienta de pensar la religión). Hay que comparar pero teniendo
en cuenta el cambio y no generar modelos ideales o atemporales (un islam,
un catolicismo o un taoísmo, por ejemplo, de los que se ofrecen
las grandes líneas, como si la historia no hubiese marcado las permanentes
mutaciones que impiden reducir las religiones a líneas maestras
más allá de tiempo y espacio, aunque pudiera ser una tentación
muy fuerte, por ejemplo a la hora de hacer fenomenología). Las sociedades
se transforman de igual modo que las religiones y la dinámica es
ingrediente clave, en mayor medida en el caso de religiones con gran perdurabilidad.
Sin duda comparar es simplificar en algún grado,
reducir, pero no se puede caer en la caricatura o forzar las comparaciones.
En cierto modo el juicio posterior es el que determina la validez o no
de análisis comparativos específicos, así el estudio
de los ritos de paso de Arnold van Gennep todavía tiene vigencia
como modelo explicativo a pesar de resultar casi centenario mientras que
las comparaciones que desarrolló James Frazer no han alcanzado esa
perdurabilidad. Comparar es una labor de análisis intercultural
que ha de ser consciente de la diversidad de las culturas humanas, aunque
la igualdad de respuesta es una probabilidad alta, no es un absoluto y
los seres humanos han ideado una riqueza extraordinaria de respuestas que
configuran la gran diversidad, por ejemplo, de las religiones y de los
desarrollos específicos dentro de cada religión según
ámbitos geográficos, sociológicos o personales. Comparar
es también estar abiertos a la posibilidad del error que puede provenir
de los límites de los instrumentos de análisis que se emplean:
que los fenómenos místicos entre diversas culturas puedan
parecerse no excluye que, al resultar refractarios a la verbalización
(el ámbito en el que se manifiesta de modo más eficaz el
modo de pensar científico), compararlos pueda ser errar completamente.
La comparación entre formas religiosas desarrolladas
por sociedades diferentes no es solo una posibilidad teórica, sino
que es una de las piezas claves en el método histórico-religioso,
que, tras haber sido depurado de los excesos en su aplicación en
el siglo XIX y comienzos del XX, se muestra como uno de los fundamentos
básicos del carácter autónomo de la disciplina, al
ser el medio gracias al cual se superan las delimitaciones interculturales
y se desarrollan análisis sensibles a los procesos de cambio en
incesante construcción. Las religiones no forman por tanto un mosaico
independiente, sino que muestran una dinámica de interacción
(por medio del contacto, de la opción por modelos de desarrollo
más competitivos y por la propia identidad de los seres humanos
que las crean), que al hacer estallar el estrecho (desde este nuevo punto
de vista) marco de estudio de cada cultura y consolidar puentes teóricos
con otras (vecinas o no) permiten sustentar la identidad de una disciplina
que intenta su estudio como un conjunto específico.
EJEMPLO: los límites de la comparación:: pesado del alma, psicostasia, kerostasia, etc...

Kerostasias: plato Louvre G 399 (h. 450);dinos f.n. Viena Kunsth. Mus.
IV 3619 (hacia 540)ánfora Louvre CA 2243 (h. 470);Lécito
de f.n. British Museum B639 (c. 500-480) p. de Safo; Roma, Villa Giulia
57912 (c. 520-510) de Epicteto
Libro de los muertos, p. Hani, hacia 1250 Britsh Museum 10470, pesado
del corazón
Libro de los muertos, p. Hunefer, hacia 1310 Britsh Museum 9901, pesado
del corazón
Altar de San Miguel, Suriguerola, s. XIII, S. Miguel y el diablo pesan
los destinos
Visión parsi: pasando el puente Chinvat (de la separación)
y pesando las almas, manuscrito parsi (BN, París)
El alma cruza el puente estrecho, mientras se pesan sus almas, fresco
de la iglesia de Santa María, Loretto Aprutino, s.XIII
Parecen escenas muy semejantes desde el punto de vista de la iconografía,
pero su significación es muy diferente:
-narración de Aquiles y Sarpedón que
marca el destino del guerrero (el poder del destino)
-libro de los muertos, pesado del corazón
(y el poder de la narración ritual)
-bien y mal calibrando quien se lleva el alma (pequeño
juicio) (el poder de los actos)
-el puente y la balanza
5) La configuración de una disciplina totalizadora
La ambición del historiador de las religiones, que ciñe su análisis a un campo muy determinado (los hechos religiosos) es aprehenderlo y comprenderlo del modo más correcto. Esta configuración generalista y totalizadora de la historia de las religiones (que subvierte, como ya vimos, la tendencia a la hiperespecialización común en la mayoría de las disciplinas científicas y humanísticas) ha provocado críticas por parte de los especialistas (por etapas históricas o culturas) sobre la falta de profundidad e indeterminación metodológica de la disciplina, como ya planteamos. Pero, en general los historiadores de las religiones son sensibles a lo excesivo de los límites del campo de trabajo (las religiones históricas, las manifestaciones religiosas) y a la incapacidad personal, dada la complejidad y profundidad de cada campo específico de saber (culturas y etapas históricas) para abarcar la totalidad (e incluso grandes conjuntos) de la disciplina, lo que se mitiga con una doble vertiente de trabajo:
.o bien la utilización, en la confección de síntesis generales, de trabajos de investigación realizados por especialistas por etapas o culturas, que si bien conlleva una aproximación en muchos casos mediada del objeto de estudio por otra parte posee el interés de alcanzar un impacto social mucho mayor (con lo que ello comporta de prestigio de la disciplina, como ejemplifican los trabajos de Mircea Eliade).
.o bien la especialización en una etapa o cultura determinada, lo que lleva a una aproximación directa respecto del objeto a estudio. Se utilizan documentos de primera mano, sobre los que se realiza una crítica de fuentes del mismo modo que la haría un historiador o un filólogo que se interesase por ese mismo fenómeno religioso. La particularidad del análisis histórico-religioso radica en que la óptica interdisciplinar puede llegar a modificar cualitativamente el resultado final y la comparación simpre ofrece recursos para desenclavar cualquier análisis de la tentación de ver la cultura a estudio como impermeable y única.
En algunos casos la crítica expresada ha sido aún más radical, como ya hemos visto, y ha apuntado a la propia conformación del objeto de estudio, al estimarse que la dedicación con exclusividad a un fenómeno ideológico único (lo religioso) conllevaría una visión reduccionista y sesgada y a la construcción de una ciencia de modo artificial. Se puede argumentar que la historia de las religiones:
. tiene un objeto de estudio propio que es el fenómeno religioso (la religión) analizado desde una óptica propia (en sus manifestaciones históricas y los análisis de índole general que de éstas se pueden extraer) de un modo no religiocéntrico y neutral. Se trata de una mirada desde fuera que minimiza los signos identificadores (de carácter religiocéntrico o etnocéntrico) y los apriorismos.
. posee una metodología específica (la interdisciplinaridad y el método comparativo) que determina que los trabajos de un historiador de las religiones presenten unas características propias, diferenciadoras frente a los trabajos de un historiador especialista por etapas o un filólogo especializado en una cultura particular.
El historiador de las religiones, por tanto, aunque suele
poseer una especialidad en la que domina de modo adecuado los métodos
e instrumentos de investigación (según los estándares
comunes) suele estar capacitado (por medio de un conocimiento general de
la totalidad de las religiones históricas, y del método y
presupuestos de la disciplina) para ofrecer análisis más
globalizadores. Al no renunciar a una visión general, a extraer
consecuencias interculturales de lo que estudia en un ámbito específico,
a confeccionar síntesis, el historiador de las religiones está
en una posición inmejorable para pensar el mundo (tanto en el pasado
como en el presente) y en particular ese universo refractario pero fascinante
que resulta ser lo que se cree.
6) El ejemplo de Mircea Eliade
Se tomará a Mircea Eliade como pretexto para analizar su aproximación muy particular e influyente a los modos de hacer historia de las religiones, su ambición holística (pero también los límites de la misma).....
Eliade durante su estancia en el ashram de Rishikesh en 1930 como practicante
del yoga
Eliade con Shivananda |
Eliade en padmasana |
Eliade junto a Jung en el encuentro Eranos de 1952
Eliade en 1978
Ultima foto de Eliade 
a) ¿Cómo se identificaba?
Se identificaba como historiador de las religiones; pero hay que tener cuidado con las palabras ¿qué entiende por historia de las religiones? ¿le satisfacía plenamente el término?
1) La Búsqueda, Barcelona, Kairós 1998 (trad. de
Alfonso Colodrón) (otra, Buenos Aires, 1971) cap. I, nota 1 "Como
religionswissenschaft
no puede traducirse fácilmente nos vemos obligados a decir "historia
de las religiones" en el sentido más amplio de la palabra, incluyendo
no sólo la historia propiamente dicha sino también el estudio
comparado de las religiones, la morfología y fenomenología
religiosas"
es el artículo de presentación de History of Religions
(1,
1961, 1-8) la revista que fundó en Chicago (el nombre es programático)
y que titulo "History of Religions and a New Humanism"
2) La Búsqueda cap. IV (corresponde a History of Religions
5, 1965, 1-17: "Crisis and Renewal in History of Religion): La historia
de las religiones o la religión comparada.... nota 1 "Estos
términos son penosamente vagos (fâcheusement), pero como pertenecen
a una corriente del lenguaje, sic! (ils appartiennent au langage
courant) nos resignaremos a emplearlos. Generalmente se entiende "la historia
de las religiones" o "religiones comparadas" como el estudio integral de
las realidades religiosas, es decir la forma y contenido de las manifestaciones
históricas de una determinada religión (tribal, étnica
o supranacional) así como de las estructuras específicas
de la vida religiosa (formas sagradas, concepciones del alma, mitos, rituales,
etc.; instituciones, etc; tipología de la experiencia religiosa,
etc.)
en la ed. francesa (que tradujo el propio Eliade en este caso) están
en cursiva las palabras clave: étude intégrale des réalités
religieuses / manifestations historiques / structures spécifiques.
Amador Vega y Victoria Cirlot en El vuelo mágico, Madrid,
Siruela, 1995, que traducen del alemán ("Krisis und Erneuerung der
Religionswissenschaft" Antaios 9, 1968, 1-20, revista que fundó
en 1961 con Ernst Jünger -el año de las revistas-) donde dice
Comparative Religion en la ed. en inglés o en francés dice
Religionswissenschaft.
3) Tratado de historia de las religiones (Madrid, Cristiandad, 1981-2001), Traité d'Histoire des religions (París, 1949) título impuesto por Gustave Payot, Eliade empieza a escribirlo en Oxford en 1941 y lo avanzó en Portugal (Diario Portugués, Barcelona, Kairós, 2001 y quería titularlo Prolegomènes à une histoire comparée des religions (en Memoires II, les moissons du solstice) vid. M. Eliade / R. Pettazzoni, L'histoire des religions a-t-elle un sens?. Correspondance 1926-1959, París, Cerf, 1994. Las traducciones italiana y española son fieles al título francés (Trattato di storia delle religioni (Turín 1954); Tratado de historia de las religiones (Madrid 1974)), las ediciones alemana y americana cambian algo (Die Religionen und das Heilige. Elemente der Religionsgeschichte (Salzburgo 1954), Patterns in Comparative Religion.(Nueva York, 1958)
4) No es sistemático porque no es un teórico ni un metodólogo.
en ER (Encyclopedia of Religion (M. Eliade, editor in chief),
16 vols. Nueva York, Macmillan, 1987) no redactará ningún
capítulo ni de teoría ni de metodología (se encargará
de Alchemy, Androgynes, Center of the World, Deus Otiosus, Earth, Hierophany,
Initiation, Metals and Metallurgy, Orientation, Sexuality, Shamanism, Yoga).
Su obra más metodológica es La Búsqueda, titulada
The
Quest: Meaning and History in Religion, Chicago UP, 1969 pero en francés
La
nostalgie des origines. Méthodologie et histoire des religions,
París, Gallimard, 1971 (no quieren decir lo mismo ambos títulos).
Son estrictamente metodológicos el cap II, el IV (antes repasados)
y el II (La historia de las religiones en retrospectiva: 1912 y después:
aportación clave de cómo ve la historia de la disciplina).
Los demás hubiesen cabido en cualquier otro libro de Eliade sobre
simbolismo, mito, iniciación...
M. Eliade y J.M Kitagawa (eds.), Metodología de la historia
de las religiones, Barcelona, Paidós, 1986 (Chicago, 1965: The
History of Religions: Essays in Methodology) es muy poco sistemático
en su concepción (de hecho no hay un prefacio ni una introducción
que explique de modo suficiente la finalidad del libro, y Eliade redactará
un trabajo puntual ("Observaciones metodológicas sobre el estudio
del simbolismo religioso"), el trabajo más claro es el de Kitagawa
("La historia de las religiones en los EE.UU.").
b) Ubicación disciplinar
Tiene pues una lectura de su ubicación disciplinar muy laxa en la que dependen mucho los ambientes en los que se mueva y también influye su trayectoria personal
1) Carácter secundario de la dedicación académica en buena parte de su vida por el peso de vocación de intelectual total y de escritor (y de éxito: Maitreyi de 1933 - con 26 años- le encumbra; pero hay otros escritores rumanos de primer orden también exiliados tras la II G.M. Cioran-Ionesco... quizá ésta será su faceta de fama en la posteridad). Payot, su editor francés no quiso publicar sus obras literarias porque estimaba que sería contraproducente para la faceta académica ("seria") que quiere emprender.
2) Fracaso relativo de su formación como orientalista (no consigue ser un sanscritista porque su estancia india se trunca (dic. 1928- dic. 1931) por sus problemas con Dasgupta y no seguirá la formación en Europa) pero peso fundamental de la percepción diferente que le ofrece la India colonial (1930: estancia en Rishikesh con Shivananda) aunque es un capítulo inconcluso y conflictivo (sueño del 27 de agosto de 1951: se cree Narada, alcanza una fama mundial....)
3) Vida académica complicada, Eliade historiador general de las religiones se hace en el exilio (a partir de 1940) aunque sin institución estable desde 1945 hasta 1957. Como rumano se sintió cerca de Italia (estancias en 1927-1928 pero no contacta con Pettazzoni, quizá no tenía la intención de dedicarse a las religiones) e incluso de los intelectuales españoles (Ortega con quien trabó amistad en Portugal, Menéndez Pelayo, Unamuno, D'Ors -que inspira su Oceanografía-). Quiso tras la guerra trabajar con Pettazzoni (o sucederle en 1953 solo se reconvocará la cátedra en 1958 cuando Eliade ya está en USA), aunque discrepaba (como se ve en la correspondencia), nunca dejó de aceptar los presupuestos históricos de la Scuola di Roma (la más sistemática en la construcción de una metodología en historia de las religiones: Angelo Brelich, Ugo Bianchi; Ángel Álvarez de Miranda se relacionó con ellos) y la denominación Storia delle Religioni.
4) Peso de los modelos franceses de entender el estudio de la religión. Eliade era francófono, publicó en francés sus primeros libros de éxito. Dumézil le invita a dar cursos libres en EPHE desde 1945, Francia será su centro de operaciones hasta 1957. Histoire des religions será la denominación que aceptará por el prestigio que tiene en Francia (y que solamente desmontará Michel Meslin sin conseguirlo plenamente) y en general. A pesar de sus estancias alemanas de 1934-1935 no era buen germanófono y Alemania no será un lugar al que aspire.
5) En 1957 (con 50 años) consigue un puesto académico estable en USA. Plantea una posición diferente de lo que se hacía en las universidades americanas (recordar 1893 World Parliament of Religions, ejemplificando la nación multirreligiosa abierta a la diversidad pero desde lecturas de insiders), modelo más a la europea. Usa History of Religions para nombrar lo que hace que quiere ser diferente de la teología o las opciones confesionales que había en USA entonces (aunque estará en la Divinity School de la Univ. de Chicago), una disciplina autónoma. Su lectura anticomunista, pero también su apertura oriental y hacia los valores de la experiencia religiosa le hace realizar una aproximación muy aceptable en USA.
c) Posición de Eliade
- antirreduccionista (crítica de Robert A. Segal en el cap. I de Religion and the Social Sciences, Atlanta, BSR, 1989, discusión replanteada en T.A. Idinopulos/ E.A. Yonan, Religion and Reductionism. Essays on Eliade, Segal and the Challenge of the Social Sciences for the Study of Religion, Leiden, Brill, 1994) - buscando una hermenéutica total
- abierta a las lecturas diferentes: intereses del círculo Eranos, del misticismo y el naturalismo (análisis del hippismo), de los mundos no europeos
- que minusvalora lo social, la religión conductual (si no es rito, pensado como ejemplificación del mito de orígenes), y sobrevalora lo mental (la idea, la creencia): se puede entender como una opción vital, pero también política.
d) El ejemplo de la Historia de las creencias...
Desde la estabilidad de su cátedra de Chicago (que en 1985 será nombrada Mircea Eliade Chair for the History of Religions) y una fama mundial, emprenderá la que estima su obra definitiva Historia de las creencias y las ideas religiosas, Madrid, 4 vols., 1978 ss. (nueva ed. Barcelona, 1999) (París, 1976-1983). Aunque su obra más notable (aunque de paternidad efímera ya que no se refleja en la 2ª ed. de 2005) será la edición de ER y quizá su trabajo más duradero sera Tratado de Historia de las religiones (del que la Historia de las creencias... era continuación).
1) No la llama historia de las religiones, no se centra en la religión política (ej: en Egipto no dice nada de los mecanismos de sublimación del poder tiránico) sino en las ideas religiosas (ej: el rey es estabilidad: Maat; Eliade no ve que esta ideologización del rey es un medio de control social, pero no hay que olvidar que el autor es un producto de la guerra fría, aunque es también un pensador que supo ir más allá de las constricciones de su tiempo: los valores actuales se resaltan en B. Rennie, Reconstructing Eliade: Making Sense of Religion, Nueva York, Suny, 1996 o B. Rennie (ed.), Changing Religious Worlds: The Meaning and End of Mircea Eliade, Nueva York, Suny, 2000).
2) Pero sigue un esquema plenamente histórico: el eje de su obra es la cronología aunque requiera que las religiones se corten en partes y se diseminen en diferentes volúmenes y niveles de redacción que se dilatan en años (ej: tema complejo y que menos conocía quizá t: I; Israel cap. VII: hasta Jueces; cap. XIV monarquía; t.II; cap. XXV: apocalíptica, mesianismo, legalismo; XXVIII: nacimiento del cristianismo, Jesús, esenios; t.III,1; XXXVI: judaísmo medieval (hasta el hasidismo)).
3) Murió sin acabar (sin siquiera adelantar el volumen III,2)
sin plantear sus formas de entender la religión tras la modernidad.
Hubiera sido un reto cómo hablar de religiones actuales solo con
ideas y creencias sin hacer sociología, sin estadísticas,
sin plantear una socio-geografía de las religiones (no creo que
pueda haber hermenéutica total que no tenga en cuenta este tipo
de datos y las perspectivas que abren). Tampoco revisó las religiones
que denominaba arcaicas de América, África y Oceanía,
quizá tenga base la crítica antropológica a Eliade
y a su falta de adecuación a lo que se hacía en la antropología
postcolonial (especialmente las reflexiones metodológicas y teóricas).
e) Apuntes bibliográficos sobre Eliade
La obra de M. Eliade es difícilmente clasificable (lo mismo que
su vida inseparable de sus opciones de investigación para la que
pueden resultar muy ilustrativos sus diarios y en especial el Diario
Portugués, Barcelona, Kairós, 2001, solamente accesible
por el momento en la traducción española y en la edición
rumana 2006).
Destaca la recopilación de trabajos varios editada por V. Cirlot
y A. Vega bajo el título El vuelo mágico, Madrid,
1995, para comprender la trayectoria vital e intelectual de Eliade. Resulta
muy interesante la lectura de la correspondencia entre Eliade y el gran
maestro de la historia de las religiones en Italia R. Pettazzoni (L'histoire
des religions a-t-elle un sens?. Correspondance 1926-1959, París,
1994, preparada por N. Spineto); también La prueba del laberinto,
Madrid, 1980 (París, 1979, entrevistas de Claude-Henri Rocquet con
Mircea Eliade).
Sobre este autor por ejemplo en español D. Allen, Mircea
Eliade y el fenómeno religioso, Madrid, 1985 (París,
1982); L. Duch, Mircea Eliade, Montserrat, 1983; o en italiano y
por su discípulo malogrado I.P. Couliano, Mircea Eliade,
Assis, 1978. Resulta muy ilustrativa la biografía ponderada pero
que tiene en cuenta los claroscuros vitales del autor de F. Turcanu, Mircea
Eliade. Le prisonnier de l'histoire, Paris, 2003 (ed rumana puesta
al día 2006)
Eliade y Claude-Henri Rocquet
Las obras de Mircea Eliade de las que se dispone de traducción al español (y que no son trabajos literarios) son las siguientes:
Alquimia asiática, Barcelona, Paidós, 1992 (París,
1978)
Aspectos del mito, Barcelona, Paidós, 2000 (París,
2ª ed. 1973; la 1ª ed. se tradujo como Mito y Realidad)
Cosmología y alquimia babilonia, Barcelona, Paidós,
1993 (Roma, 1937)
De Zalmoxis a Gengis-Khan, Madrid, Cristiandad, 1985 (París,
1970).
Diccionario de las religiones, Barcelona, Paidós, 1992-1999
(París, 1990) (en colaboración con I. P. Couliano)
El chamanismo y las técnicas arcaicas del éxtasis,
México, FCE, 1960 (París, 2ª ed. 1968, 1ª ed. 1951)
El mito del eterno retorno, Madrid, Alianza-Emécé,
1974 (París, 1951); Madrid, Alianza, 2000 (2ª ed. París,
1969)
Herreros y alquimistas, Madrid, Alianza, 1959-2001 (París,
1956)
Historia de las creencias y las ideas religiosas, Madrid, 4
vols., Cristiandad 1978 ss.; nueva edición Barcelona, Paidós,
1999 (or. París, 1976, salvo el vol.IV, que es traducción
de From Primitives to zen, Nueva York, 1967); vol. 5, Barcelona,
Herder, 1996 (or. Friburgo, 1991), aunque este tomo no es del autor sino
una recopilación realizada por I. P. Culiano (en cuanto albacea
científico de los inéditos de Eliade) de trabajos de diversos
especialistas que resulta muy desigual.
Imágenes y símbolos, Madrid, Taurus, 1979-1999
(París, 1955)
Iniciaciones místicas, Madrid, Taurus, 1975 (Nueva York,
1958) (hay nueva traducción como Nacimiento y renacimiento,
Barcelona, Kairós, 2001)
Introducción a las religiones de Australia, Buenos Aires,
1973 (París, 1973)
La búsqueda. Historia y sentido de las religiones, Barcelona,
Kairós, 1999 (Chicago, 1969; otra traducción al español,
Buenos Aires, 1971)
Lo sagrado y lo profano, Madrid, Guadarrama, 1967; Barcelona,
Paidós, 1998 (Hamburgo, 1957)
Mefistófeles y el andrógino, Madrid, Guadarrama,
1969; Labor, 1984 (París, 1962)
Metodología de la historia de las religiones, Barcelona,
Paidós, 1986-1996 (or. Chicago, 1965) (Eliade, M. /Kitagawa, J.
eds.)
Mito y realidad, Madrid, Guadarrama, 1973; Labor, 1991 (París,
1963) (nueva ed. como Aspectos del mito)
Mitos, sueños, misterios, Madrid, Grupo libro 88, 1991
(París, 1957)
Nacimiento y renacimiento. El significado de la iniciación
en la cultura humana, Barcelona, Kairós, 2001 (Nueva York, 1958)
Ocultismo, brujería y modas culturales, Barcelona,
Paidós, 1997 (Chicago, 1976)
Patañjali y el yoga, Barcelona, Paidós, 1997 (París,
1962)
Técnicas del yoga, Buenos Aires, 1961 (París,
1948)
Tratado de historia de las religiones, Madrid, Cristiandad,
1974-2001 (París, 1949) (probablemente su obra más interesante)
Yoga, inmortalidad y libertad, Buenos Aires, 1977 (París,
1954)
Encyclopedia of Religion 16 vols., Nueva York, 1987 (reimp.
1993, es el editor general), pueden revisar los artículos escritos
por Eliade (la segunda edición, publicada en 2005, ya no cita a
Eliade como editor, lo que resulta muy significativo de una suerte de damnatio
memoriae)
La isla de Eutanasius, Madrid, Trotta, 2005 (recopilación
de trabajos varios)
Fragmentarium, Madrid, Trotta, 2004 (recopilación de
trabajos misceláneos)
LECTURAS ACONSEJADAS
."Mircea Eliade y Eugenio D'Ors (y el arquetipo), Ilu. Revista de
Ciencias de las religiones 12, 2007, 81-112 (pulse
aquí)
."Mircea Eliade y Eugenio d'Ors: notas sobre su correspondencia", Ilu.
Revista de Ciencias de las religiones 13, 2008, 55-70 (pulse
aquí)
."Eugenio d'Ors y Mircea Eliade" Archaeus XIII, 2009, 227-279 (pulse
aquí)
PARTE 3: LAS FUENTES PARA EL ESTUDIO DE LAS RELIGIONES
MATERIALES DE ESTUDIO
1) Los
lenguajes de la religión
2) La
religión legible
3) La
religión visible
4) La
religión audible
5) La
etnografía religiosa y la arqueología religiosa
6) La
sociogeografía de las religiones y otras aproximaciones
7) Internet
como fuente para la historia de las religiones
8) Religión
y silencios
9)Ejemplos
de aplicación: webs de enseñanza virtual
1) Los lenguajes de la religión
La religión se ha transmitido en un elenco diverso de soportes
que conforman modos de aprehender el escurridizo objeto de estudio del
que trata la disciplina. En una medida mayor que en otras ciencias humanas
el lenguaje escrito es solamente uno de los que resultan susceptibles de
estudio, y en ciertos casos, además, no es el principal. Por ejemplo
en la mística, la alteridad radical de la experiencia se plasma
muy defectuosamente en los modos habituales de socialización de
los conocimientos (el lenguaje oral o el escrito.); los trances chamánicos,
de un modo parecido, se figuran mucho mejor por medio de la imagen, de
la experiencia auditiva, del mito o de la construcción simbólica,
que con la narración sistemática (o cuando ésta se
produce, justamente se carga de valores imaginales que pictorializan el
relato, lo convierten en un complejo lienzo sobre el que las palabras parecen
trazos de color). Muchas experiencias religiosas se muestran por medio
del lenguaje poético, de la música, del símbolo, de
la imagen, generando un elenco numeroso de fuentes variopintas para el
estudio. Los mundos imaginales, ya sean descritos en palabras o en representaciones
(simbólicas) han de ser reelaborados para convertirse en objetos
comprensibles del quehacer del investigador, para lo cual han de someterse
a la criba de su transformación a un lenguaje que, irremediablemente,
termina parcialmente desvirtuándolos, aunque es el único
que nos permite una transmisión de información que somos
capaces de procesar con nuestros procedimientos estándar de relación
intelectual, cargada de valores oculocéntricos y logocéntricos
de los que ni sus detractores se libran (el propio Foucault, que nos pone
en guardia no puede menos que ser oculocéntrico).
Los lenguajes de la religión resultan por tanto diversos, al
combinar pensar y actuar, por una parte muestran información sobre
creencias, en algunos casos con notables problemas para analizarlas, y
por el otro se materializan en conductas religiosas. La religión
legible, visible o audible, los relatos que conforman la oralidad permiten
un acceso privilegiado a las creencias; la arqueología, la sociogeografía
o las técnicas estadísticas, además, ayudan a calibrar
en mayor profundidad lo cuantificable, a plasmar la religión en
un mapa.
La religión se expresa por tanto en varios lenguajes que requieren
estrategias diferentes por parte de quien se acerca a ellos. El símbolo
o los lenguajes imaginales necesitan que se desentrañen sus claves
para poder hacerlos comprensibles y comparables; los vericuetos de la creación
literaria religiosa exigen que se descubran sus pautas de confección
por medio de las depuradas técnicas de la crítica literaria
que no se arredran ante las sendas de las hermenéuticas. El tratamiento
de la información es, en historia de las religiones, una sutil componenda
interpretativa que, mirada desde el contexto referencial de la antigüedad,
aparece bien simbolizada en una intersección múltiple que
teje un laberinto sobre el que no puede más que imperar Hermes,
en tanto que garante de la comprensibilidad (y hasta la propia posibilidad)
de la comunicación. Además, como le ocurría a los
intelectuales alejandrinos de la época helenística, obligados
a navegar en un mundo de referencia mestizas, nos enfrentamos a las consecuencias
de la diversidad de culturas que han de ser estudiadas. No son sólo
los diversos soportes documentales, sino también la diversidad de
los contextos culturales, de las sociedades que los utilizan. De todos
modos el historiador de las religiones cuenta con el método comparativo,
un potente instrumento que encauza las investigaciones y permite superar
el marco explicativo generado desde su interior por cada una de las culturas
que se estudian (y a la par romper el universo cultural del investigador).
Por tanto el historiador de las religiones termina generando explicaciones
nuevas, que surgen de la labor de elaboración de sus fuentes, y
que no tienen porqué coincidir con las que las religiones estudiadas
estimen como correctas. De ahí que resulte una entelequia trabajar
con la finalidad de generar un producto asumible por los cultores de las
religiones específicas que se estudian. Frente a la aceptabilidad,
se ha de buscar en la perspectiva de la historia de las religiones potenciar
el análisis, para no llegar a una malsana confusión en torno
al objeto de estudio. Aunque, evidentemente, resulta complejo desarrollar
una investigación sobre una materia que es susceptible de formar
la realidad viva de un corpus de creencias, parece necesario consolidar
modelos que superen los marcos explicativos generados por dichas religiones.
Pero el hecho de trabajar comparando diferentes religiones y sus diversas
fuentes resulta una labor especialmente complicada como resultado de la
imposibilidad de conocer de primera mano (en sus formatos originales) lo
que se necesita comparar. Si bien la religión visible o audible
se expresa en la imagen y la música, lenguajes que no necesitan
traducción literal, aunque si ese otro tipo de traducción
que resulta de comprender las circunstancias y valores de la creación,
la religión legible enfrenta el escollo de lenguas diferentes y
la obligatoriedad de plegarse a la labor de traductores con grados distintos
de capacidad y competencia.
La religión legible (la literatura y la documentación
escrita de carácter religioso) forma un conjunto muy extenso de
testimonios de todas las facetas de lo religioso en las sociedades literarias.
La primera característica de este material es que no refleja, salvo
por la vía indirecta (del rito o el culto ajeno que se describe),
la religión de los pueblos preliterarios a cuyo conocimiento hemos
de acceder por medio de los testimonios etnográficos o por el estudio
de la religión visible o audible. La literatura religiosa tiene,
por tanto, una vida reciente, que no penetra más allá del
cuarto milenio a.e. y que refleja la religión de las sociedades
tradicionales (las de base agrícola), aunque no de todas ellas.
Hay culturas que no vertieron por escrito sus textos religiosos por diversas
razones (en muchos casos existía un interdicto sobre la materialización
de la sabiduría sagrada). Por tanto no poseemos datos de religión
legible de un buen elenco de sociedades, muy particularmente indoeuropeas
para cuya reconstrucción resulta necesario emplear materiales de
épocas en las que la forma religiosa antigua estaba en desuso (por
ejemplo entre celtas, germanos, eslavos o baltos).
Uno de los problemas básicos que presenta para el historiador
de las religiones el acceso a la religión legible es el de la lengua.
No resulta posible que en un mismo investigador confluyan habilidades lingüísticas
suficientes como para permitirle acceder de modo directo al elenco de textos
religiosos que un estudio comparativo puede requerir conocer. Resulta pues
básica una intermediación que pasa por la previa traducción
por parte de un especialista en la lengua de la que se trate de los textos
de interés. Se presenta, por tanto una disyuntiva: entre el estudio
directo de las fuentes, sólo al alcance de los especialistas y la
necesidad de realizar comparaciones interculturales que se basan en trabajos
y traducciones de segunda mano. La vocación del historiador de las
religiones, como vimos, se comparte entre los estudios directos sobre el
material cuando investiga en el campo en el que es especialista y la necesidad
de fiarse de lo que otros han hecho cuando hay que bucear en religiones
de las que se desconoce (o no se conoce de un modo suficiente) la lengua
en la que se expresan. Se trataría de un falso problema si las técnicas
de traducción fueran exactas, pero se trata un problema bien real
y bien acuciante dada la indeterminación del quehacer del traductor.
En el caso del lenguaje religioso la problemática se complica porque
en la mayoría de los casos verter a otra lengua ciertos conceptos
es desfigurarlos de modo completo. Dios, religión, sagrado, santo
no significan lo mismo en las diversas religiones, su empleo en una traducción
a una lengua occidental es un ejercicio de etnocentrismo (y en última
instancia de religiocentrismo) que puede poner seriamente en peligro el
resultado final deseado de sustentar una comparación entre diversas
religiones, llegando a conclusiones que, por ejemplo, maximicen los criterios
identificadores cuando éstos pueden ser sencillamente productos
de la elección de unos términos específicos a la hora
de desarrollar una traducción (desvirtuándose así
una comparación consecuente). En otros casos las características
de la obra son tales que la traducción resulta en extremo dificultosa;
un caso desesperado lo ofrece, por ejemplo, el libro más conocido
del taoísmo, el Tao-te Ching. Se trata de un compendio en
5000 caracteres que resulta extraordinariamente críptico (también
por las características propias del modo chino de escritura) y que
ha sido maltratado por legiones de traductores que han presentado productos
tan dispares que en muchos casos son irreconciliables.
El taoísmo sirve también para ejemplificar otra de las
miserias de la religión legible a la hora de establecer trabajos
comparativos, que es el carácter incompleto de la documentación
con la que se trabaja. Son conocidos y han sido traducidos (con mayor o
menor fortuna) tres textos (Tao-te Ching, Chuang-tzu, Lieh-tzu),
pero el corpus principal de la literatura taoísta, el Tao-tsang
(canon taoísta) sólo ha sido muy fragmentariamente vertido
a las lenguas occidentales, los más de 5000 volúmenes que
en su día tuvo, los casi 1500 títulos (en 1120 fascículos)
de la reimpresión de 1926 son un territorio ignoto que deforma la
visión que del taoísmo tiene un no especialista de un modo
parecido al que se produciría si el cristianismo fuera conocido
por la comunidad científica general (fuera del círculo de
los estrictos especialistas) solamente gracias al Nuevo Testamento
y un par de trabajos de los padres de la iglesia. Algo parecido a lo que
ocurre con el taoísmo se produce con la literatura tántrica
conocida solamente en parte, de tal modo que los estudios que se basan
en su ejemplo se sostienen en puntualmente frágiles cimientos. Pero
en este caso el problema no es sólo de traducción sino también
de edición, algunas obras se han transmitido en círculos
familiares o en cofradías de adeptos, son manuscritos que incluso
los especialistas desconocen. Este hecho que resulta casi inconcebible
para los especialistas en el mundo clásico (una erudición
semi-milenaria ha procurado mejorar progresivamente las ediciones de los
textos antiguos y sus traducciones) o europeo, es una realidad fundamental
para textos de las diversas tradiciones religiosas de la India o para el
islam donde obras importantes y desconocidas esperan todavía a que
los especialistas las publiquen en ediciones impresas al alcance de la
comunidad científica.
Existen campos de interés, por tanto, que están al margen
del alcance del no especialista pero a la par otros tienen una mucho más
fácil consulta. Las religiones del mundo clásico, el judaísmo,
el cristianismo, las religiones antiguas del Oriente Próximo o incluso
el budismo y el hinduísmo tienen buenas traducciones con las que
contar. De ahí que la comparación en historia de las religiones
deambule en mayor medida por los ejemplos que estas religiones ofrecen.
Una distorsión, en este caso generada por nuestras fuentes, a añadir
a tantas otras que provienen del peso del religiocentrismo y el etnocentrismo.
Así los ejemplos bíblicos no solo serían familiares
para los investigadores occidentales como resultado de su adscripción
cultural, sino que al haber sido mucho mejor estudiados, traducidos y recopilados,
son más cómodos de acceder y emplear, por lo que se multiplica
su impacto (y el lastre etnocéntrico perdura).
Hay que añadir a los problemas que hemos reseñado y que
atañen a la disponibilidad del material para desarrollar un estudio
comparado, la necesidad de emplear una metodología de tratamiento
de fuentes adecuada y que en este punto no es otra que la depurada por
el método histórico-filológico en la última
centuria y media. Hay que clarificar el contexto de cada texto, su público
y sus creadores, las condiciones en las que lo hacían y la sociología
de la creación y sus problemas (como son los valores que se transmiten
y su sesgo: la inevitable ideología masculina y de elite). En algunos
casos se dispone de estudios que permiten al investigador que encara un
estudio comparado contar con un material de referencia fiable. Pero en
otros casos los problemas se multiplican porque o no hay consenso entre
los especialistas o no se ha empleado la crítica textual de modo
serio sobre esos documentos. Así los contextos o la sociología
de la creación de una obra como el Avesta no estan bien establecidos
con los que resulta difícil sostener la antigüedad de doctrinas
religiosas específicas que allí se plantean y el impacto
que pudieron tener sobre otras formas religiosas (por ejemplo respecto
del judaísmo).
LECTURAS ACONSEJADAS
Para evidenciar los límites del trabajo, coteje
algunas traducciones de Tao-te Ching al español en lo relativo
al capítulo en el que se define de modo general al tao y analice
las diferencias, no solamente formales sino también de contenido.
Se escogen traducciones de diferentes tipos:
-directas del chino al español por traductores
competentes en el conocimiento del chino, pero con presupuestos ideológicos
diferentes: Carmelo Elorduy era sacerdote y misionero, Ignacio Preciado
ha trabajado como traductor para la embajada de la República Popular
China.
-indirectas, versiones al español de traducciones
del chino a distintas lenguas europeas. Los traductores al español,
al no conocer el chino, se debaten en un vocabulario que pueden malinterpretar.
-imaginarias, versiones en las que el traductor desconoce
el chino y ofrece aproximaciones intuitivas (algunas de ellas al modo new
age) de lo que cree que pudo ser la obra de Lao-tzu. Se han escogido algunas
de las que se ofrecen en internet.
(para acceder a los textos pulse aquí)
La religión visible es uno de los campos en los que la investigación
en historia de las religiones tiene un desarrollo más fructífero.
El mundo de la imagen emplea un lenguaje para transmitir conceptos que
puede resultar puntualmente más eficaz que las palabras dichas o
escritas a la hora de reflejar las experiencias (esencialmente no verbales)
que surgen en el rito, la meditación o el éxtasis religioso.
Además resulta en algunos casos el único vehículo
de relación con épocas para las que no existe otro tipo de
fuentes.
Particularmente ejemplar de un mundo religioso solamente accesible
por la vía de la religión visible lo ofrece la prehistoria,
que además, ejemplifica la quiebra de las explicaciones de una religión
para la que solamente poseemos testimonios mudos transmitidos por vía
iconográfica: la falta de palabras que lleven a su transformación
en material verdaderamente comprensible permite múltiples interpretaciones,
que varían según la moda, los paralelos etnográficos
esgrimidos o la sensibilidad particular del investigador. Pero aunque en
algún caso puedan resultar arriesgadas o fantasiosas, son un paso
en el intento de ir más allá de la frustrante perspectiva
de un cúmulo de preguntas sin contestar o de la aridez sin riesgo
de una escueta descripción; son la confirmación de que no
se ha renunciado al método comparativo y por tanto a la aproximación
histórico-religiosa. Pero, a pesar de lo fascinante que resulta
(al aunar un doble reto, el de explicar una iconografía sin palabras
y el de intentar penetrar en la reflexión sobre los orígenes,
tanto de la religión como del arte) no es quizá éste
el campo de estudio que se desarrolla en mayor medida en la actualidad.
La religión visible tiene entre los pueblos preliterarios uno
de sus bastiones fundamentales de estudio y en las experiencias extáticas
un campo privilegiado: en éstas se recrea un mundo imaginal que
resulta profundamente refractario a su plasmación en palabras pero
fácilmente reconocible (e incluso comprensible desde nuestra óptica)
por medio de la imagen. Así la experiencia del chamán inuit
que en trance imagina volar ayudado por sus espíritus guardianes
resulta bastante increíble si se explica con palabras (creadas como
productos de los modos lógicos de expresión para los que
este tipo de vuelos mágicos no resultan aceptables) pero parece
alcanzar mejor otro tipo de comprensión (más libre de la
incredulidad que se sostiene en la experiencia de lo razonable) gracias
a su plasmación iconográfica. La imagen alcanza lugares del
intelecto que la palabra escrita no suele hollar (salvo cuando emplea el
poético lenguaje imaginal y simbólico), de ahí el
interés que ofrece al historiador de las religiones que tiene que
encarar un trabajo que desentrañe los caminos abigarrados y dispares
de la creación religiosa.
La religión visible permite ahondar también en mundos
de profundo simbolismo como son los del gesto de significado religioso;
en el hinduismo o el budismo se representa ese lenguaje gestual (que existe
también en muchos otros artes sagrados) pautado del mudra,
sirviendo de guía para explicar el valor de lo que se figura. Otro
tanto ocurre con los complejos programas iconográficos que se desarrollan
en templos (e iglesias) y que ilustran modos de entender la religión
que pueden contrastar con los que conocemos por la vía literaria
o escrita. La iconografía es una fuente elástica puesto que
desvela tanto los deseos de monarcas o elites religiosas como la religión
popular, en muchos casos en zonas sin textos, o en las que los textos se
han perdido. Por ejemplo en la India la iconografía budista permite
calibrar el impacto que a nivel local tuvo una religión ya desaparecida.
Si bien no posee el poder explicativo de la literatura, la religión
visible ilustra, en muchos casos de modo insospechado, la riqueza de religiones
que encontraron en la imagen un modo de expresión particularizado:
además ámbitos como el de la religión popular encuentran
más allá de lo escrito (lo culto, lo de la elite) su vehículo
de sobrevivir y manifestar sus particularidades. De todos modos hay también
que tener en cuenta que la iconografía puede resultar una fuente
limitada a pesar de sus múltiples valores y que en tanto que documento
para la historia de las religiones requiere ser estudiada con las mismas
prevenciones críticas y el método contextualizador que hemos
visto que cumple para la religión legisble.
A la reflexión sobre el valor de la iconografía se están
dedicando esfuerzos en publicaciones especializadas. La serie Iconography
of Religions, que se publica en Leiden desde hace un cuarto de siglo,
a pesar de puntuales deficiencias en el aparato gráfico (lo que
desde luego resulta bastante inconveniente) tiene el interés de
ofrecer ejemplos de todo el mundo (con una vocación, además,
netamente no eurocéntrica). Otro tanto ocurre con la revista Visible
Religion: Annual for Religious Iconography, publicada en Leiden a partir
de 1982. En general sobre el valor de la iconografía se puede consultas
F. Diez de Velasco, Lenguajes de la religión, Madrid, ed.
Trotta, 1998.
Para la religión audible, un tema, en general, menos tratado
que los anteriores, la sistematización resulta más compleja.
Gran número de rituales tienen una base musical que no puede ser
despreciada, pues forma uno de los lenguajes de la religión, quizá
el más difícil de investigar. Frente a la música sacra
católica u ortodoxa, fácil de comprender y de acceso sencillo,
otras tradiciones resultan menos comprensibles y más difíciles
de estudiar desde una perspectiva comparada, por ejemplo el judaísmo
que, dada la diversidad de expresiones musicales, adaptación a los
distintos ámbitos culturales en los que han vivido comunidades judías,
puede resultar ejemplo en este aspecto (véase Hervé Roten,
Músicas
litúrgicas judías, Madrid, 2001- París, 1998).
En las ceremonias tibetanas la música cumple un papel estructural
que quizá sea comparable al de una misa católica. Pero resulta
mucho más difícil de comparar la música de meditación
o compuesta en estados de este tipo como la que usa como instrumento solista
el shakuhachi y que se empleaba en la recitación de los sutra
budistas en el Japón. La alteridad más radical la ofrece
el ejemplo de las grabaciones realizadas por M. Harner en ceremonias chamánicas
australianas (que utilizan como instrumento el didjeridu) y han
sido editadas (como tantos otros ejemplos de música chamánica)
por la Foundation for Shamanic Studies (véase http://www.shamanicstudies.com/products/audio.html#2).
Se trata de rituales muy largos y en los que la dificultad de comprensión
de las pautas de desarrollo son notables. Así como por medio del
lenguaje de la imagen resulta más fácil comunicar la diversidad
cultural, por medio del lenguaje musical el efecto puede ser el contrario
y se suele chocar con una dificultad ante los caminos divergentes (frente
al occidental) que presenta la religión audible. Pero justamente
esa experiencia de la diferencia permite consolidar por una vía
bien experiencial la diversidad de las religiones del mundo y de los modos
en los que se expresan. El tópico popular de la identidad última
de todas las religiones se enfrenta con dificultad a la prueba de buscar
igualdades en los modos de expresión musical. Pero por otra parte
ciertas concomitancias quedan patentes por medio de la música, de
ahí que resulte también una interesante ilustración
de las identidades entre ámbitos geográficos muy diversos.
La música chamánica resulta un vehículo de expresión
convergente en lugares tan alejados como Alaska y el norte de Siberia:
la semejanza en los ecosistemas y en las culturas conforma una semejanzas
en las expresiones musicales.
De gran interés resulta la tendencia global hacia la convergencia
de modos de expresión musical (que ilustra el mestizaje musical
de las últimas décadas) y que en lo relativo al tema que
nos interesa (música y religión) ha producido combinaciones
de músicas rituales tradicionales (por ejemplo de nativos americanos
o budistas tibetanos) y arreglos actuales occidentales con finalidades
de carácter lúdico o meramente estético. Pero se está
produciendo también la adaptación de músicas rituales
a usos actuales que pueden mantener en la línea de lo ritual o para-ritual.
La música trance basada en melodías e instrumentaciones de
culturas tradicionales (donde también se utilizaban en la inducción
del trance), pero con arreglos (y ritmos) modernos (en los que la tecnología
es esencial) ejemplifica estos usos que podrían calificarse de para-rituales.
En otros casos cultores occidentales optan por adaptar a sus inclinaciones
musicales oraciones tradicionales.
La religión audible, en resumen, presenta el interés
de la inmediatez de la experiencia, aunque la racionalización resulte
más compleja (quizá porque en tanto que fuente no haya sido
tan utilizada como las anteriores).
LECTURAS Y MATERIALES ACONSEJADOS
Experimente los diversos modos de expresión musical construidos en torno al mantra Gayatri, teniendo en cuenta tanto su uso tradicional como su empleo por parte de occidentales, insertos en ambientes new age o de carácter hinduísta (seguidores de ISKCON -Hare Krishna- o de Sai Baba).
Manuscrito
del RigvedaGayatri, corresponde al Rigveda 3, 62. Mantra dedicado
a Savitri, muy usado en la actualidad
Texto del canto: "Om Bhur Bhuvasuvah/ Tat Saviturvarenyam/ Bhargo Devasya
Dhimahi/ Dhiyo Yo Nah Prachodayaat".
"Haya paz en los planos mortales, inmortales y divinos, Que meditemos
sobre el fulgurante esplendor de Savitar. Que estimule nuestro intelecto
y nos inspire a hacer lo correcto en el momento oportuno".
A) VERSIONES TRADICIONALES


Nina Hagen como Kali
Sai Baba4) Versión completa (108 veces) 44 min. 1) a 8 kbpm. (calidad muy baja) (pulse aquí) 2) a 112 kbpm. (calidad alta) (pulse aquí)
5) Versión con arreglos indios modernos (pulse aquí)
B) VERSIONES CON ARREGLOS NEW AGE


C) EXPLICACIONES (en inglés):
+Gayatri Introductory Commentary
(descarga)
+Bhajan, Gayatri Mantra
Explained (descarga)
5) La etnografía religiosa y la arqueología religiosa
a) La etnografía y la importancia de la oralidad: la religión
hablada
Otra de las fuentes de información para el trabajo del investigador
y en historia de las religiones son los testimonios de carácter
etnográfico (en un sentido extenso, que incluye también la
etnografía histórica). Existen desde épocas muy remotas
y resultan fundamentales para el conocimiento de algunas religiones que
no tienen otro cauce de transmisión. El problema principal que plantean
es que suele tratarse de visiones extrañas a la cultura que narran
y que por tanto sitúan un filtro interpretativo que en muchos casos
deforma severamente el objeto de estudio (a tenor de modas y modelos de
interpretación vigentes en cada época). Una de las fuentes
más antiguas de este tipo la ha legado el mundo clásico en
la obra de Heródoto: armado de una mirada helenocéntrica
repasa a los vecinos orientales y nórdicos de los griegos ofreciéndonos
puntualmente descripciones que parecen caer en el estereotipo del mundo
al revés. El bárbaro tiene costumbres que han de resultar
casi por definición la antítesis de las del griego, de ahí
que Heródoto las interprete en una clave que las refleja (en lo
griego) en vez de mostrarlas desde sus claves interpretativas intraculturales.
En mayor o menor medida esta deformación está presente en
la mayoría de los testimonios que ha legado la etnografía,
por lo menos hasta bien entrado el siglo XX. Nuestro conocimiento, por
ejemplo, de la religión de los eslavos o de los baltos proviene
de fuentes ecesiásticas que interpretan con los ojos muy particulares
de un credo determinado una realidad religiosa que testifican a la par
que combaten. Otro tanto ocurre con las fuentes eclesiáticas que
encaran la descripción de la religión de los pueblos de Mesoamérica,
la reflexión sobre el extravío está siempre presente
y la mirada sobre lo ajeno se convierte en muchos casos en un mero reproche,
además de un arma de destrucción cultural.
Aunque la etnología ha depurado sus instrumentos de análisis
a partir de los años cincuenta (a pesar de visiones y escuelas en
algunos casos antitéticas, hay un cierto consenso sobre cuales son
los mínimos exigibles a un rabajo de campo en antropología-etnografía)
caben puntualmente graves distorsiones de la visión de la sociedad
que se estudia. Así la escuela del padre Schmidt, como veremos,
nunca ofrece la seguridad de que no se esté realizando una tergiversación
de los datos con la finalidad de sustentar la hipótesis del Urmonotheismus.
En otros casos las características personales del etnógrafo
llevan a descuidar ciertas realidades de enorme trascendencia. Así
nos encontramos con que al resultar que la mayoría de los investigadores
de campo han sido varones ha quedado cercenada toda una vía de estudio
de los ritos y la cultura femenina, evidentemente fuera del alcance de
este tipo de etnógrafos. Al no poder cumplir la iniciación
que les abriría los secretos de la cosmovisión femenina encontramos
que nuestro conocimiento al respecto es mucho menor del deseado.
La etnografía, de todos modos abre un camino de recopilación
de datos que resulta fundamental para el conocimiento de las religiones
tanto en sociedades no literarias o poco literarias como en muchas otras.
La etnografía contruye un modelo de escucha que resulta fundamental
también para encarar las religiones cambiantes del presente en su
vivencia individual. Así más allá del criterio clasificatorio
de la religión legible (que presupone la escritura) se nos muestra
la fuerza documental de lo narrado, de lo transmitido por ese mecanismo
privilegiado humano que es la palabra. De hecho para muchos pensadores
religión y palabra van tan unidas que han llegado a defender que
las habilidades lingüísticas y las explicaciones religiosas
fueron coetáneas, que sin palabras no hay modo de socializar las
creencias, transmitir la religión, realizar ritos y ceremonias,
activar el sentido social de los actos, de los mitos, traspasar las barreras
de la piel, que marcan dos universos en la manifestación de la religión,
un fuera y un dentro del que sólo el primero nos es aproximadamente
accesible (vease el análisis desarrollado en Diez de Velasco 2006,
cap. 1).
La oralidad marca por tanto otra fuente de información para
el estudio de la religión, otro lenguaje de la misma: la religión
hablada. En una acepción extensa de la misma se dedica a analizarla
la etnografía, aunque quizá no se hallasen a gusto bajo ese
paraguas muchos investigadores de lo que prefieren nombrar como historia
oral. En cualquier caso las técnicas que se denominan cualitativas
(para diferenciarlas de esas otras cuantitativas que caracterizan la distancia
mayor del investigador social frente a su objeto -en este caso más
que sujeto- de estudio) se caracterizan por el cuerpo a cuerpo y sus espejismos,
pero resultan fundamentales para el conocimiento de algunas religiones
que no tienen otro cauce de transmisión. El problema principal que
plantea la oralidad radica en que la escucha suele intermediarse por medio
de visiones extrañas a la cultura que narra y que por tanto construyen
un filtro interpretativo que en muchos casos deforma más o menos
severamente el objeto de estudio (a tenor de modas y modelos de interpretación
vigentes en cada época). La fuente oral no nos llega más
que mediatizada por quien llevó la conversación (por ambos
lados de la interlocución), puede parecer una fuente endógena
(habla el "nativo", o una multiplicidad de ellos, pero en un contexto generalmente
marcado por lo extraordinario de la situación y de las posiciones
en la conversación), pero nos llega por medio de vehículos
exógenos salvo casos excepcionales y problemáticos, como
el etnógrafo que pertenece a la misma cultura que estudia, pero
que desde el momento que lanza la exigente mirada del estudioso deja de
ser "nativo" para transformarse en el "otro".
La mirada etnocéntrica que caracteriza toda etnografía
es una deformación inevitable (y que intentan soslayar por diversos
e ingeniosos métodos los investigadores postcoloniales), pero la
toma de conciencia de la posibilidad de su existencia (como ocurre por
otra parte con el religiocentrismo: Diez de Velasco 2002b, 371ss.) ya marca
un paso hacia la consecución de una mirada (y una escucha) diferente,
por ejemplo, a la de Heródoto. Y que, además, resulta imprescindible
en cualquier caso (y a pesar de los sesgos) para el conocimiento de las
religiones de sociedades no literarias de la actualidad, pero también
para ahondar en las creencias de diferentes ámbitos sociales dentro
de las sociedades letradas que no suelen hallar cabida en las plasmaciones
escritas.
b) Testificando conductas: la arqueología religiosa
Las fuentes que se han revisado hasta el momento tienen la particularidad
de ofrecer generalmente visiones de la religión pensada, imaginada,
dicha o escrita. La literatura, la iconografía, los testimonios
etnográficos (en bruto, sin la elaboración teórica
del antropólogo) ilustran lo que los cultores de cada religión
piensan de sus ritos, sus dioses y sus formas de relación con lo
sagrado. Las explicaciones que ofrecen tienen como base fundamental los
sistemas de creencias internos de cada una de estas sociedades. Cuando
ofrecen datos de conductas éstos están pues mediatizados
por los instrumentos explicativos propios. Pero existen otros modos de
procesar la información de índole religioso al margen (en
principio) de estas explicaciones intraculturales.
Una aproximación que ilustra conductas (además de ideas)
es la arqueología religiosa. Una vez que se le ha desgajado el gran
apartado conceptual de la religión visible (que tiene que ver más
con lo pensado e imaginado puesto que se trata de ideología materializada
en un soporte icónico) queda para la arqueología ilustrar
los restos materiales del rito y del culto, es decir el rito o el culto
efectivamente realizado y no solamente pensado (o representado-imaginado).
La arqueología religiosa permite un conocimento extraordinario,
por ejemplo, de los rituales funerarios, de los ajuares, de los modos de
desarrollar las ceremonias mortuorias, de la diversidad social del morir.
Sirve, además, para ahondar en etapas para las que los datos verbales
son mínimos o inexistentes abriendo horizontes insospechados para
la resolución de problemas antes tenidos por irresolubles.
La arqueología religiosa presenta un problema evidente y es
que solamente permite testificar ritos, cultos o ceremonias que dejen rastros
(de ahí que el mundo funerario sea un tema estrella). Hay por tanto
épocas de las que casi nada se puede extraer por medio de la arqueología
porque la forma religiosa era escasamente generadora de restos o se nos
han perdido. Valga como ejemplo la constatación de que resulte tan
complejo (más allá del panorama quizá engañoso
de los textos) llegar a conocer con certeza el mazdeísmo más
antiguo o la religión védica mientras que para otras etapas
y culturas la arqueología es instrumento fundamental (por ejemplo
para el hinduismo o el budismo más antiguos).
La arqueología religiosa tiene la ventaja de que existe una
documentación abrumadoramente extensa disponible, aunque Europa
y Estados Unidos son los territorios donde las investigaciones han sido
más detalladas (lo que produce una distorsión a tener en
cuenta a la hora de sustentar cualquier comparación). Se trata de
una fuente en constante crecimiento y que por ello dinamiza los estudios
que se basan en ella. Pero la interpretación ha sido y es en arqueología
un factor a tener en cuenta desde el punto de vista del método.
Un mismo perfil estratigráfico, una misma excavación, puede
ser leída de diferentes maneras dependiendo de la adscripción
teórica del investigador. La distorsión de la fuente es inevitable
(como ocurría por otra parte en todos los casos anteriores) y la
comparación histórico-religiosa ha de sostenerse en tal indeterminación.
Pero el método comparativo se basa en la valentía de
saber conjugar fuentes diferentes y soslayar interpretaciones distorsivas
diversas a la hora de construir un estudio sólido, que necesariamente
ha de sostenerse en la combinación de documentaciones diversas (aunque
siempre analizadas con los instrumentos que ofrece la crítica histórica
y la interpretación intercultural).
6) La sociogeografía de las religiones y otras aproximaciones
Aunque la realidad religiosa resulta en extremo compleja de dibujar,
resulta un reto muy interesante llegar a construir un mapa de la misma,
que tenga en cuenta lugares y estratos, territorio y sociedad, lo que podríamos
denominar una sociogeografía religiosa. Se construye gracias al
empleo de técnicas sociológicas, geográficas y estadísticas;
que presentan el problema de no servir de modo claro más que para
las etapas y países en los que se cuenta con censos y estadísticas
fiables, pero que tienen la virtud de aquilatar las informaciones de modo
incontrastable. Las estadísticas de bautizos, matrimonios y sepelios
religiosos comparado a las del cumplimiento del precepto dominical de asistencia
a la iglesia determinan las características auténticas del
catolicismo europeo, del mismo modo que los datos sobre doble religión
permiten comprender las especificidades de las creencias en el Japón.
Las estadísticas volcadas en un mapa construyen el panorama
de la geografía de las religiones, subdisciplina de la historia
de las religiones que se encarga de materializar los datos religiosos en
las diversas escalas de su manifestación mundial. La geografía
de las religiones resulta extremadamente útil para conocer la geografía
de los conflictos religiosos que forma una buena porción de la geografía
del conflicto. Si aunamos geografía y análisis social surge
la sociogeografía de las religiones, que tiene la vocación
de ofrecer una instantánea de la religión real en cada territorio
y una proyección de las mutaciones religiosas (el cambio que ilustra
la modificación de datos entre dos momentos estudiados). La sociogeografía
de las religiones es quizá la fuente más potente de la que
se dispone para el estudio de la religión actual, un medio de sintetizar
informaciones y ordenarlas jerarquizándolas habida cuenta del universo
de documentación con el que se cuenta para las sociedades de hoy..
En este repaso a las fuente de información para el estudio de
la religión no puede dejar de citarse un enorme elenco de posibilidades
que surgen de otros ámbitos disciplinares diversos: la psicología
y el psicoanálisis, la filosofía (y sus indeterminaciones
y carácter eurocéntrico), la economía, el derecho,
la medicina, etc., pero destacaremos uno que aúna cada vez más,
centralizándolas, las diferentes fuentes de información:
internet.
7) Internet como fuente para la historia de las religiones
El campo disciplinar al que se dedica la historia de las religiones
es uno de los privilegiados en este sistema mundial de intercambio de información
que es internet. La primera vía que abre internet a la hora de desarrollar
un estudio sobre historia de las religiones, de carácter instrumental,
es la posibilidad del acceso remoto a bibliografía de todo tipo.
En la actualidad el desarrollo de las bases de datos bibliográficas,
que permite desde cualquier lugar de trabajo conocer los fondos bibiográficos
de grandes bibliotecas cuyos catálogos están informatizados,
es el capítulo más notable. De este modo se puede programar
de una manera mucho más eficaz el acopio bibliográfico o
incluso una visita de investigación a alguno de esos centros. El
interés a la hora de desarrollar una investigación (por ejemplo
una tesis doctoral) es innegable, puesto que es rara la gran biblioteca
que no tiene informatizados sus fondos y ofrece los datos en internet.
Pero esta posibilidad, a pesar de su indudable utilidad (por ejemplo a
la hora de confeccionar listas bibliográficas en fases preliminares
de trabajos de investigación) no es la que presenta mayores potencialidades.
Aunque se encuentra solamente en sus primeros pasos, internet tenderá
en el futuro a convertirse en el lugar en el que se pueda acceder a la
mayoría de la bibliografía necesaria para cualquier investigación
obviando el desplazamiento físico a la biblioteca. Ya se está
ofreciendo, digitalizado, mucho material anterior a comienzos del siglo
XX (no sometido a la legislación sobre copyright), así como
versiones en formatos digitales de estudios más recientes. Por ejemplo
internet resulta básico para acceder a textos religiosos en traducciones
y soportes fiables (o particularmente interesantes porque los producen
desde el interior de las religiones que se desean estudiar). Estas traducciones
pueden compararse entre ellas, lo que permite un nivel de acceso a los
textos que se acerca al del especialista (que es el que suele ofrece este
material en internet), por lo que cualquier investigador, incluso a pesar
de no conocer la lengua original del texto que estudia, puede confeccionar
un trabajo que mejora de modo notable en fiabilidad y calidad.
La constitución de internet en red básica para el acopio
documental especializado se está consolidando dado que numerosos
centros de investigación están ofreciendo todo tipo de materiales
de modo público. Es posible acceder a textos religiosos, a iconografía
religiosa (o incluso iconografía en general, como la que ofrece
el Beazley Archive o la Paul Getty Foundation) a obras literarias (el campo
con mayor inversión y desarrollo) o incluso a documentos originales
tanto bibliográficos (como ofrece, por ejemplo, la Biblioteca Nacional
de Madrid) como de otro tipo (imágenes, música, etc.). Está
potenciándose la construcción de grandes bases de datos que
ofrecen una documentación que con anterioridad se hallaba dispersa
y mal organizada; así cualquier centro de investigación de
cualquier parte del mundo se puede convertir, gracias a internet, en un
punto de acceso a documentación original (digitalizada) con lo que
cualquier investigador puede obviar la visita física a los centros
de custodia de los archivos o documentos originales. Se trata sin duda
de uno de los grandes retos que enfrenta la sociedad actual en lo que al
desarrollo de la cultura se refiere.
Otro aspecto de internet interesante son los grupos de discusión
y de intercambio de información sobre diversos temas religiosos.
Resultan muy numerosos, y ponen en contacto a usuarios de muy diversos
orígenes, credos personales y cualificación (lo que puede
resultar poco útil desde la óptica de un investigador universitario,
salvo que el interés radique en estudiar este tipo de nuevo estilo
de creación y transmisión de ideas). En la línea de
obviar estos inconvenientes han surgido listas restringidas dedicadas tanto
a temas específicos (mística, nuevas religiones, método,
etc.) como a usuarios con una orientación profesional determinada
(abiertas solamente a los investigadores y no a usuarios generales o miembros
de grupos religiosos). Un ejemplo de este tipo de listas muy especializadas
lo ofrece Tonantzin, patrocinada por la EASR (European Association for
the Study of Religion) y que pone en contacto a profesores e investigadores
en lengua española, italiana y portuguesa, dedicados al estudio
científico de la religión.
Han surgido también revistas electrónicas; como las revistas
científicas en papel cuentan con un comité de redacción
que controla los artículos que se envían y que salvaguarda
la calidad de la publicación, su mayor interés radica en
la inmediatez de la difusión (al obviar la impresión en papel
y la distribución). Sirvan de ejemplo REVER (Revista de Estudos
da Religiao http://www.pucsp.br/rever/)
o Science of Religion (http://www.uni-marburg.de/religionswissenschaft/journal/sor).
Destaca el caso de la revista española Ilu. Revista de Ciencias
de las religiones, que incluye en libre acceso todos sus números
y anejos un año después de su pubñicación en
papel. la mayoría de las revistas tienen ese acceso electrónico
pero insertas en plataformas de pago.
Avanzando en la reflexión se podría decir que más
que una fuente en historia de las religiones (al estilo tradicional), internet
tiende a consolidarse como un nuevo modelo de ofrecer información
multisoporte, desde lo instrumental (como la bibliografía) hasta
la inclusión de material específico que solo se halla en
la red. Internet como fuente se convierte en una mezcla de religión
legible , visible, audible, que aumenta su interés como resultado
de ser un foro completamente abierto y sin las censuras y restricciones
que impone el establishment (sea cual sea éste en el país
o la zona que se trate). Muy diversos grupos religiosos usan internet para
transmitir sus sistemas de creencias, sus textos sagrados (traducidos o
en la lengua original), su música, sus ritos, sus modos de entender
el mundo; para ofrecer información sobre modos de contactar con
ellos y convertirse en adeptos, cultores o simpatizantes (virtuales o en
el mundo real). Internet se convierte por tanto en un foro abierto en el
que circulan informaciones que en muchos casos no existe otro medio de
procurarse, pues, por ejemplo, permiten dimensionar el impacto a nivel
mundial de grupos religiosos muy minoritarios o de nuevas religiones. Un
trabajo de sociología de las religiones que intente acotar el impacto
de un grupo religioso particular, gracias a internet puede disponer de
materiales de primera mano y completamente actualizados.
Internet, desde esta perspectiva, se convierte no en un mero instrumento
sino en una auténtica fuente, en mayor medida aún puesto
que lo que se diseña para internet suele hacerse según unos
criterios especiales que tienen en cuenta las características y
versatilidad del soporte. Así se pueden hacer estudios de índole
nueva (por ejemplo sobre la mística, que posee diferentes grupos
de discusión y listas específicos), de lo que piensa un número
muy variado de personas que utilizan los foros y listas (que tienen un
nuevo estilo, podríamos denominar literario, en el que pregunta
y respuesta se combinan de un modo muy dinámico, y en mayor medida
aún en los chats).
Aunque Internet resulte una herramienta insoslayable en la actualidad
para cualquier trabajo en historia de las religiones, hay que tener en
cuenta que se trata de un crisol en el que se mezclan muy diversas fuentes
de información. El material que ha sido elaborado por especialistas
e investigadores solventes resulta de uso inexcusable; pero las informaciones
ofrecidas por grupos religiosos y espirituales puede no ser fiable. Resulta
por tanto necesario realizar una criba y tener presente la fuente que vierte
en internet una información y los motivos que pueden haber llevado
a que lo haga, puesto que no siempre el altruismo y el deseo de que la
investigación se desarrolle es la causa que preside este tipo de
actuaciones y hay que tratar lo que aparece en internet con el mismo método
que si se tratase de cualquier otro documento en soporte convencional.
Hablar de los lenguajes de la religión requiere, por último,
también ser sensibles a una fuente de información que no
llega por medio de los sentidos, que no emplea las palabras, los colores,
los sonidos. La religión es también un mundo de silencios,
que marcan un límite desesperado de nuestros instrumentos analíticos,
que parcializa la eficacia de las estrategias críticas de las que
hemos hablado porque no están diseñadas a tal fin. Pero en
ese mundo del interior de la piel, en el silencio íntimo de los
neurotransmisores, otro de los lenguajes de la religión, quizá
quepa también hallar una vía de acceso, de procesamiento
de información. Las ciencias del cerebro, como vimos en el capítulo
anterior, se adentran en ese límite y quizá permitan acceder
a explicar los mecanismos neuronales que desencadenan ciertas experiencias
religiosas. Y por medio de la activación deseada de tales mecanismos
quizá puedan convertir la vía de experimentación en
laboratorio en una nueva fructífera forma de investigación
sobre la religión, que desde luego no se puede desdeñar,
aunque quizá las certezas del método crítico, que
tan bien funciona para procesar las informaciones más allá
del límite exterior de la piel, puedan resultan menos seguras en
esos territorios de la intimidad.
LECTURAS ACONSEJADAS
Desde el punto de vista de los lenguajes de la religión (y la
sensorialidad implicada en ellos) puede resultar útil la lectura
de los trabajos del autor:
."Sentidos, violencias, religiones" en P. Lanceros y F. Díez
de Velasco, eds. Religión y violencia, Madrid, Círculo
de Bellas Artes, 2008, 251-298.(pulse aqui)
.."Identidad, extranjería y religión: los lugares de
culto en el aeropuerto de Barajas (Madrid)" en AA.VV., Los otros entre
nosotros: Alteridad e Inmigración, Madrid, Círculo de
Bellas Artes, 2009, 73-111 (pulse aqui)
."La visibilización del budismo en España" in M. Pintos
de Cea-Naharro (ed.), Budismo y cristianismo en diálogo.
Madrid: Dykinson: 154-259 (pulse aqui)
9) Ejemplos de aplicación: webs
de enseñanza virtual
a) "Las religiones en el mundo", recurso de e-learning centrado en el presente:
también: acceso
como tutor (profesor)
acceso
como alumno
Se plantea un trabajo desde el sensorium, desde los lenguajes de la religión...

b) Recurso con más contenidos del pasado
. F. Diez de Velasco (dir.), Religiones y Culturas, Madrid, Santillana / El País (Enciclopedia del Estudiante vol. 19), 2005, 359 pp. (ISBN 84.9815.202.X) (los contenidos de este libro han sido vertido íntegramente en la Kalipedia: http://www.kalipedia.com/religion-cultura/), hay una edición nueva puesta al día, Madrid, Santillana, 2010.

F. Diez de Velasco, "La enseñanza de las religiones (en plural) en la escuela en España Historia, problemas y perspectivas" Studi e Materiali di Storia delle Religioni, 75,2 (2009), 497-534 (pulse aquí).